El arzobispo emérito de Madrid afirma, en un coloquio sobre el Papa Wojtyla, que no le consta que ningún obispo esté "asediando" a instituciones como el Opus Dei o el Camino Neocatecumenal
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Mons. Juan Antonio Martínez Camino, José Francisco Serrano, cardenal Rouco Varela y Bieito Rubido ayer en el Real Casino de Madrid. |
Ayer
por la noche participó en una charla-coloquio en el Real Casino de Madrid con
motivo del 40º aniversario del segundo viaje de Juan Pablo II a España,
coincidiendo con la fiesta litúrgica del Papa santo y el mismo día en que el
cardenal cumple el trigésimo aniversario de su toma de posesión. El evento, que logró un lleno
total, fue organizado por el Instituto "Karol Wojtyla-S. Juan Pablo
II". Entre los asistentes se encontraba el Nuncio de Su
Santidad en España, monseñor Bernardito Auza.
Se
sometió a las preguntas de Bieito Rubido director de El Debate y de José Francisco Serrano Oceja, catedrático de Periodismo en la Universidad CEU San Pablo y
colaborador de Religión Confidencial. Además, respondió, con elegancia y sin
crear polémica, a unas cuantas preguntas de los asistentes, que querían conocer
algunos aspectos sobre la situación real de la Iglesia española.
Sobre su relación con Juan Pablo II, el
tema central de esta charla-coloquio, confesó que cuando fue elegido Papa
"no le sonaba de nada" y pensó que los cardenales habían elegido a un
papa africano.
El cardenal Rouco no dudó en afirmar
que el magisterio de San Juan Pablo II ha sido uno de los más
importantes de la historia de la Iglesia. "La riqueza del
magisterio de JPII no tiene comparación con nada en la Iglesia", dijo.
El arzobispo emérito de Madrid
señaló que el papa polaco comprendió desde el primer momento de su pontificado
que el problema en la Iglesia y en el mundo era un problema de fe en
Dios. Por eso, durante su magisterio escribió encíclicas para explicar los
grandes temas dogmáticos, donde dio respuestas claras y transparentes y
en su opinión, ayudado por el cardenal Ratzinger.
Bieito
Rubido, quien le defendió como uno de los intelectuales más destacados del
pensamiento del siglo XX y XXI, no solo de la Iglesia Católica, sino también de
la sociedad civil y una persona que se hace querer, le preguntó si
para ser obispo, hace falta una formación intelectual o basta con ser
párroco.
"Cuando
el Papa Pablo VI me nombró obispo auxiliar de Santiago de Compostela pensé: ¿a
mí, obispo? Para ser obispo hace falta ser un poco santo. No
había cumplido ni 40 años cuando me lo notificaron. Me dejaron varias semanas
antes de decir que sí", respondió.
En línea con la pregunta, recuerda que a él le tocó vivir un pluralismo teológico fruto del Concilio Vaticano II, pluralismo que había derivado en una situación destructiva para la fe. Ante ciertos desafíos, Rouco considera que la primera obligación de un obispo,es "ser testigo, predicador y maestro de la fe. Y esto, exige cierta formación intelectual".
Suceder a dos grandes obispos
A esta
respuesta, Serrano Oceja le preguntó si además de costarle decir que sí al
nombramiento episcopal también le costó venir a Madrid: "Sí, me costó
porque además era una diócesis que no tenía buena fama pero que había estado
capitaneada por dos grandes obispos como fueron Ángel Suquía y Vicente Tarancón,
con quién labró una gran amistad.
"Suceder a estos dos obispos es como cuando te tiran al mar y te dicen: ¡Ale, al agua!", señaló, no sin recordar que su etapa como arzobispo de Santiago de Compostela fue una de las más felices de su vida.
El poder en la Iglesia
Como
presidente de la Conferencia Episcopal Española desde 1999 a 2005 "tuvo
mucho poder" como le preguntó José Francisco Serrano. A lo que Rouco
contestó: "El presidente de la Conferencia no manda. Los
obispos son los que tienen la responsabilidad de estar al servicio de la
Iglesia en España", apuntó.
Añadió que en esta etapa, le tocó vivir "un estado de confusión doctrinal después del Concilio Vaticano II". Ante este desafío y como arzobispo de Madrid, "aunque los logros son del Señor" recordó que la archidiócesis madrileña contaba con un clero de una gran calidad humana tanto espiritual como de preparación teológica, y había una gran riqueza de la vida consagrada, aunque "en el seminario había cierta dispersión", señaló.
Afianzar el sentido de la comunión
Rouco
dijo también que durante los años 90, la diócesis madrileña contaba con una
riqueza de distintos carismas de la Iglesia Católica y su gran tarea consistió en
afianzar el sentido de la comunión de todos ellos, no solo de
las distintas realidades y movimientos católicos sino también en los distintos
barrios, colegios y universidades.
Después, en
el turno de preguntas del público, alguno de los
asistentes querían conocer algún momento especial con Juan Pablo II: "Me
marcó mucho la JMJ en Santiago de Compostela, la manera en
la que abordó la vigilia de la noche del sábado, con fiebre, y la gran
celebración eucarística del Monte del Gozo".
Cabe
destacar que Rouco Varela ha sido el impulsor de las dos JMJ celebradas en
España: la de Santiago y la de Madrid.
Otra de las preguntas del público fue si no le da la sensación de que se está intentando borrar el magisterio de JPII, a lo que solo respondió: "Jurídicamente, el Instituto Pontificio Juan Pablo II sigue existiendo".
El rosario en familia y Medjugorje
En esta
línea, otra de las preguntas del público fue si en su opinión, algunos obispos
están asediando a determinados grupos como el Camino Neocatecumenal o el Opus
dei. "No tengo noticia de que ningún obispo asedie al Opus Dei o al
Camino, sino todo lo contrario", sentenció.
Sobre la
oración en familia dijo que había que recuperar el rosario y las tres avemarías
de la noche o el "Jesusito de mi vida". También respondió sobre
Medjugorje donde dijo "se respira oración, devoción a la Virgen y
gracia de conversión".
Marta
Santín
Fuente: ReligiónConfidencial