Los cristianos católicos decidieron hacer una genuflexión al entrar en la iglesia como signo distintivo de respeto hacia Dios, un gesto que conviene rescatar
![]() |
Gorodenkoff |
Los católicos
olvidan fácilmente el significado de la genuflexión. A menudo nos encontramos
en una iglesia y, sin pensar demasiado en ello, buscamos un banco disponible al
que acudir después de una rápida genuflexión. ¡A veces lo hacemos tan
mecánicamente que lo podríamos hacer con igual distracción en el cine justo
antes de ir a ocupar nuestra butaca!
Pero, ¿por qué
los católicos hacemos una genuflexión al entrar en una iglesia?
Una señal de
respeto
Desde un punto
de vista histórico, la genuflexión viene de las normas de etiqueta en la corte.
En la Edad Media, la rodilla se doblaba en presencia de un rey o de un noble.
Era una señal de respeto, así como un signo de lealtad.
Con el tiempo,
los cristianos adoptaron esta costumbre. Está plenamente integrada en la
liturgia romana desde el siglo XVI. Mientras que la genuflexión con la rodilla
izquierda se usaba para venerar a un rey, los cristianos decidieron hacer una
genuflexión con la rodilla derecha, como signo distintivo de respeto hacia
Dios.
Dios siempre ha
sido considerado por judíos y cristianos como un Rey lleno de misericordia y
amor inconmensurables. Para honrar a este “Rey del amor”, los cristianos
consideraron oportuno hacer una genuflexión cada vez que entraban en su
“corte”.
Esto
significaba doblar una rodilla cada vez que uno pasaba frente al tabernáculo,
el lugar donde se guarda el Santísimo Sacramento en todas las iglesias
católicas.
Fe en la
presencia real de Jesucristo
Los católicos
creemos que Cristo está realmente presente, en Su Cuerpo, Sangre, Alma y
Divinidad en el Santísimo Sacramento y por eso hacemos una genuflexión, porque
creemos que estamos verdaderamente en presencia de Dios.
El Catecismo
de la Iglesia Católica afirma:
“En la
liturgia de la misa expresamos nuestra fe en la presencia real de Cristo bajo
las especies de pan y de vino, entre otras maneras, arrodillándonos o
inclinándonos profundamente en señal de adoración al Señor” (CIC 1378).
Esto significa
igualmente que los católicos deberían hacer la genuflexión solo cuando el
Santísimo Sacramento está presente en el tabernáculo. Durante el año litúrgico,
hay ciertos días, como el Viernes Santo, cuando el tabernáculo está vacío y sus
puertas abiertas.
Puesto que la
Eucaristía no está presente en el tabernáculo, los católicos no necesitan hacer
una genuflexión antes de sentarse. Cuando la Eucaristía no está presente, cabe
simplemente inclinarse profundamente ante el altar.
La luz roja
que indica la Presencia del Santísimo
Una manera
sencilla de saber si es apropiado hacer la genuflexión es buscar una lámpara
roja al lado del tabernáculo. Si está encendida, significa que Jesús está
presente y, por lo tanto, conviene hacer una genuflexión para mostrarle nuestro
amor y respeto.
Para que
conste, se pide a los católicos que doblen la rodilla solamente cuando pasen
frente al tabernáculo. Esto significa que cuando el tabernáculo está en una
capilla distinta, hay que hacer una genuflexión cuando se pase delante, no cada
vez que entremos en la iglesia.
A fin de
cuentas, hacemos estos gestos, como decía el Papa Benedicto XVI en su libro La Eucaristía centro
de la vida: Dios está cerca de nosotros, porque:
“Nuestra
religión, nuestra oración, exige gestos de nuestro cuerpo. Puesto que el Señor,
el Resucitado, se entrega en su Cuerpo, también nosotros debemos responder con
nuestra alma y nuestro cuerpo (...) todas las posibilidades espirituales de
nuestro cuerpo están incluidas en la celebración de la Eucaristía: cantar,
hablar, guardar silencio, sentarse, levantarse, arrodillarse”.
Philip Kosloski
Fuente: Aleteia