Una de las niñas del colegio de San Ildefonso, quienes tradicionalmente "cantan" los premios de esta emblemática jornada, ha protagonizado uno de los momentos más emotivos
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| Dominio público |
Una de las niñas se ha
santiguado unos instantes antes de cantar los números del sorteo, y este gesto
que no ha pasado desapercibido por miles de españoles en las redes sociales. Esta señal la hacemos cada vez que comenzamos
una oración, quizás al comienzo y al final del día, pero también ante
determinados momentos importantes que están por vivir, o antes de comenzar
alguna actividad.
¿Qué significa?
El
sacerdote Javier Sánchez, de la diócesis de Córdoba, explica
estos signos que nos ayudan a vivir plenamente la liturgia. "Muy pronto la
cruz se incorporó como un signo en la liturgia. La entrada en el catecumenado
consiste en trazar la señal de la cruz en la frente del catecúmeno: “Recibe la
cruz en la frente: Cristo mismo te fortalece con la señal de su caridad. Aprende
ahora a conocerle y a seguirle”
En el
bautismo de niños, se les dice: “La Iglesia de Dios os recibe con gran alegría.
Yo en su nombre os signo con la señal de Cristo salvador” (RBN 114). La cruz
será la señal en la frente de los elegidos; con la cruz somos crismados para
recibir, por esta señal, el Don del Espíritu Santo, en el rito de la
Confirmación (RC 34). Por la cruz nos vienen todos los bienes, toda gracia.
Al inicio de
la santa Misa, el sacerdote pronuncia las palabras “En el nombre del Padre y
del Hijo…” mientras todos se santiguan y responden: “Amén” (IGMR 124). Al leer
el evangelio, se signa la página y diácono y fieles, trazan la cruz en la
frente, labios, y pecho, por reverencia a la Palabra que se va a proclamar (cf.
IGMR 133-134).
En las Misas
más solemnes, es rito exclusivo del obispo bendecir con el Evangeliario
trazando la señal de la cruz. Por último, los fieles se santiguan con la
bendición final que imparte el sacerdote respondiendo “Amén” (IGMR 167).
Con todo
cuidado tracemos reverentemente la señal de la cruz al santiguarnos (de la
frente al pecho, del hombro izquierdo al derecho), o signarnos bien en la
frente, labios y pecho, despacio y conscientes del valor de la Cruz, con gran
amor. “¡Si vuestro sitio es ése: al pie de la cruz! ¿Cómo?... Procurando en
vosotras y en las demás signarse y santiguarse bien y lentamente, a ver si
hacemos desaparecer esos garabatos que innumerables cristianos trazan en el
aire o sobre la cara y pecho en lugar de la cruz” (San Manuel González,
Florecillas de Sagrario, Obras, nº 717).
Fuente: ECCLESIA
