Generalmente, la búsqueda del padrino o madrina, se convierte más en una conveniencia para los papás que en una ayuda espiritual para los hijos que serán apradrinados
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Angelo Giampiccolo | Shutterstock |
«Compadres» es la forma en que se
llama a los padrinos de los hijos, y cuando los eligen, algunas veces surge la
duda: ¿habrán escogido padrinos o compadres? A veces la afinidad, el cariño y
el querer establecer lazos más permanentes con alguien hace que los padres den
a sus hijos de ahijados a personas con las que tienen relaciones muy estrechas.
De hecho, los padrinos se sienten honrados cuando se les pide que lo sean
porque es una muestra de afecto y confianza muy profunda.
Existen otros casos en donde los
papás se preocupan, primordialmente, por la vida espiritual del hijo y
entienden mejor el papel que desempeña un padrino, ya que estos serán, a partir
del sacramento, una pieza fundamental en el crecimiento de la fe del ahijado y
velaran por él como padres espirituales.
«Padres espirituales»
Hay una frase que se utiliza
mucho al respecto: «A falta de padres, padrinos»; esto hace referencia a que,
si en algún momento faltan los papás, los padrinos deben hacerse cargo de esos
niños, primordialmente en la vida espiritual; o si los papás no inculcan en el
niño una vida espiritual sana, los padrinos tienen el derecho de aconsejar y
guiar a sus ahijados.
Con respecto a este tema, Aleteia
consultó con el Padre Ricardo Ángel Flores y esto fue lo que nos
compartió.
En el Código de Derecho
Canónico (CIC) es el corpus legislativo en el cual se establecen las
normas generales de la Iglesia. En el libro IV nos habla de la función de
santificar la Iglesia, que considera como ejercicio de la función sacerdotal de
Jesucristo, en la cual se significa la santificación de los hombres por signos
sensibles (cfr. c.834).
Los sacramentos ocupan la primera
parte de este IV libro. En el capítulo IV de la sección del sacramento del
Bautismo, nos habla de los criterios que deben de cumplir quienes se les ha
encomendado la misión de ser padrino o madrina (c. 872-874), criterios que no solo
aplican para este sacramento, sino para otros como lo es de la Confirmación.
«Primeramente, la función del
padrino es asistir en su iniciación cristiana a la persona que se bautiza, que
junto con los padres procurarán que la persona que va a recibir el sacramento
lleve que una vida congruente y cumpla las obligaciones inherentes del
sacramento recibido (cfr. c. 872)».
El canon 874 nos dice que para
que una persona sea admitida como padrino o madrina es necesario:
1. HACER UN BUEN ESCRUTINIO
Si es un adulto, podrá hacerlo él
mismo; sin embargo, en el caso de los niños, el padrino debe de ser elegido por
los papás, o por quienes ocupen su lugar; faltando éstos, puede ser elegido por
el párroco o un ministro, y sobre todo, es necesario que tenga la capacidad e
intención de desempeñar esta misión.
2. SER BUEN EJEMPLO
El candidato o candidata para
asumir la misión de ser padrino o madrina debe de ser católico, haber recibido
los sacramentos de iniciación cristiana (bautismo, confirmación y eucaristía) y
llevar una vida congruente con su fe y con la misión que va a asumir; es decir,
llevar una vida sacramental activa. Además, es necesario que no tenga
impedimento para confesarse y acercarse a la comunión, por lo que no debe de
estar afectado por una pena canónica.
3. DEBE TENER MÁS DE 16 AÑOS
El mismo c. 874 nos dice que debe ser mayor de
16 años, a no ser que el Obispo diocesano establezca otra edad, o que por
alguna razón justa, el párroco o ministro considere una admisible excepción.
Algo que debes saber
Un dato muy importante es que el
padre o la madre de quien se ha de bautizar no puede ser su padrino o madrina.
Recuerda que el bautismo abre las
puertas del cielo al bautizado, y se vuelve parte de la Iglesia, se convierte
en un hijo de Dios y con vocación de Vida Eterna.
Quien acepta ser madrina o
padrino lo hace de forma indefinida como una muestra de amor hacia su ahijado,
pero también como un servicio a Dios. Su labor será la de acompañar a este
nuevo cristiano en su desarrollo y madurez.
Quien acepta este reto y esta
responsabilidad lo hace para siempre, pues la calidad de hijo de Dios es
eterna. Por lo tanto tu tarea de amor, compañía, cuidado y orientación no
termina cuando tu ahijado se hace adulto; sino que continúa por toda la vida.
Mia
Schroeder
Fuente: Aleteia