Es importante que las madres reconozcan que, cuando un hijo decide hacer su vida con otra mujer, su papel cambia definitivamente para el bien personal de todos
Este
refrán conserva toda una verdad: «Hay que agradecer a esas reinas que han
sabido educar caballeros». ¡Gracias a todas ellas! Sin embargo, hay situaciones
en las que parece que «la reina» pretende ser «princesa». Ahora su hijo ya está
casado y demuestra querer un lugar distinto al que le corresponde como madre.
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También puede suceder que el hijo siga con «mamitis»
y no haya entendido todavía lo que significa aquello de «dejará a su padre y a
su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne» (Mt.19,5).
Y es que no se trata de amar más o de amar
menos, de cuantificarlo, sino de que cada uno ocupemos el lugar que nos
corresponde en la vida. Por eso, cuando uno se casa, la esposa debe ser la
número uno en su vida, la mujer de su vida.
Por otro lado, es importante que la esposa
acepte que la mamá siempre será el primer gran amor de su marido. Es la mujer
que le dio la vida, que le crio y la que le dio todo el amor que pudo
entregarle.
Luz Ivonne
Ramírez, orientadora familiar y matrimonial, comentó al respecto: «Sé que es un tema
sensible por lo que trataré de redactarlo con suma delicadeza y lo haré
pensando no solo como madre de varones, sino como experta en temas
matrimoniales».
Y continuó: «Para comenzar debo decir que
para mí será una verdadera victoria cuando vea a mis hijos ya casados tratando
como reinas a sus mujeres, dándoles su lugar como sus compañeras de
vida. Cuando se casen serán uno por lo que, ¡no seré yo la
que les desuna! Mi lugar será siempre el de mamá, nada más».
Por otro lado, desde su experiencia como orientadora aseguró que ha escuchado en consulta «un sinfín de historias de terror referente a este tema, donde las parejas llevan muy buenarelación matrimonial hasta que la suegra aparece en el cuadro. Y es que la señora lejos de venir a unir, se interpone en su relación».
Lo más triste y doloroso para la esposa es cuando su marido otorga siempre un lugar preferencial a su «mami» poniéndola por encima de ella. Esta situación le hace sentir denigrada, rechazada, pisoteada por el que prometió amarla y protegerla de por vida. Ningún esposo coherente debe colocar las opiniones o los deseos, gustos o caprichos de su madre por encima de los de su mujer.
Por otro lado, las suegras necesitan ser más inteligentes y nunca criticar a la nuera ni opinar, a no ser que se le pida, sobre diferentes cuestiones que afectan la vida familiar y/o matrimonial de la nueva pareja, como por ejemplo: el orden de la casa, la alimentación y educación de los niños o el estado de su relación de pareja.
Si una nuera no se siente amada ni aceptada por su suegra difícilmente tendrán una buena relación. Es como si ambas mujeres se sintieran amenazadas una por la otra. Si el marido se va siempre del lado de la madre, la situación se vuelve frustrante para la esposa.
Maridos: ambos amores son igual de importantes. La mamá siempre será su mamá y siempre le deberán respeto y amor. Ella los formó y fue la primera mujer que los amó y los seguirá amando incondicionalmente. Pero a su esposa le deben su total devoción, cuidados, fervor, protección, etc.
Son amores tan distintos y grandes a la vez que no tienen por qué entrar en conflicto. No ha de haber si quiera comparación. Pueden y deben amar a ambas. Su mamá siempre será su madre, pero nunca ha de ser motivo para que su esposa se convierta en ex esposa.
Entendamos, no es competencia ni rivalidad, sino poner a cada una en el lugar que por derecho le corresponde. Trabaja y empéñate en tener un súper matrimonio y una súper relación con tu mamá, pero siempre recordando que tu matrimonio debe ser lo primero. Tu mujer, la primera, aún por encima de tus hijos.
Recuerda que libremente prometiste delante de Dios amarla, servirla, protegerla, cuidarla y dar tu vida por ella de ser necesario.
Luz Ivonne Ream
Fuente: Aleteia