"Es conveniente abordar esta cuestión mediante un
amplio diálogo social, sosegado y racional", afirman
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| Obispos de Castilla y León |
Don de la maternidad y dignidad del nasciturus
Reproducimos
íntegro en texto.
Ante
el debate suscitado estos días sobre la vida humana naciente y la cuestión del
aborto, los obispos de las diócesis de Castilla y León queremos recordar los
principios que la Iglesia ha propuesto de modo constante en torno al don de la
maternidad y la dignidad de la vida humana naciente.
1.
Todo ser humano, más allá de cualquier condicionamiento, desde su concepción
hasta su muerte natural, es siempre un bien para la humanidad y un don de Dios,
creado a su imagen y semejanza, que debe ser acogido, protegido y amado.
2.
Nuestro reconocimiento y profundo agradecimiento a las mujeres gestantes que
con su entrega portan con amor en su seno el don precioso de la vida, esperanza
y futuro de nuestra sociedad, particularmente en una tierra como la nuestra que
se va despoblando y sus habitantes envejeciendo. Este reconocimiento se hace
extensivo a quienes componen su núcleo familiar más íntimo que les acompañan en
estas etapas decisivas de la vida. En palabras del Papa Francisco: “El embarazo
es una época difícil, pero también es un tiempo maravilloso… Cada mujer
participa del misterio de la creación, que se renueva en la generación humana…
Pensemos cuánto vale ese embrión desde el instante en que es concebido” (AL,
168).
3. Queremos estar cerca de las mujeres embarazadas que atraviesan
circunstancias no deseadas o difíciles de tipo personal, familiar, laboral,
económico o de cualquier índole, y ponernos a su servicio. Es necesario que
tengan la certeza de que no están solas en sus dificultades y que pueden contar
con toda la ayuda que podamos prestar desde los organismos eclesiales y de
ayuda a la mujer gestante. Así mismo, es preciso que la sociedad, sus
instituciones y administraciones públicas y los diversos ámbitos económicos,
laborales y sociales respondan adecuadamente a todas sus necesidades.
4.
Vuelve a decirnos el Papa Francisco: “Si un niño llega al mundo en
circunstancias no deseadas, los padres, u otros miembros de la familia, deben
hacer todo lo posible por aceptarlo como don de Dios y por asumir la
responsabilidad de acogerlo con apertura y cariño. Porque «cuando se trata de
los niños que vienen al mundo, ningún sacrificio de los adultos será
considerado demasiado costoso o demasiado grande, con tal de evitar que un niño
piense que es un error, que no vale nada y que ha sido abandonado a las heridas
de la vida y a la prepotencia de los hombres»” (AL, 166).
5. La muerte provocada del ser humano, también en el seno materno mediante la
práctica del aborto, no puede ser considerada como un derecho, pues niega de
raíz la vida, fundamento de la dignidad humana que sostiene todos los demás
derechos. Ofrecer un período de reflexión y proporcionar información sobre
alternativas al aborto permiten a la mujer gestante contar con elementos
necesarios para ponderar sus decisiones. Así mismo, los profesionales
sanitarios pueden ejercer el derecho fundamental de objeción de conciencia sin
sufrir la estigmatización que supone el ser obligados a inscribirse en una
lista de objetores. Del mismo modo, desvincular de la ayuda y cuidado de sus
padres, en el ejercicio de su patria potestad, a una menor embarazada que se
plantea abortar la hace vulnerable y la deja sola ante una situación tan
complicada.
6.
Por eso, es necesario proporcionar siempre toda la ayuda y acompañamiento
necesarios a las personas que pasan por situaciones de dificultad o
vulnerabilidad, como es el caso de mujeres embarazadas en circunstancias no
deseadas o difíciles, junto con la acogida y protección del nasciturus, habitualmente
ignorado como parte concernida en esta cuestión, y que debe ser considerado
como un bien primordial que el ordenamiento jurídico está llamado a reconocer,
tutelar y promover. El cuidado y promoción de ambas realidades son indicadores
ciertos de sociedades verdaderamente humanas, fraternas y civilizadas.
7. Es conveniente abordar esta cuestión mediante un amplio diálogo social,
sosegado y racional, partiendo de la realidad, con la participación de los
diversos ámbitos que configuran la sociedad, más allá de posicionamientos
ideológicos o partidistas y con la ayuda de los conocimientos proporcionados
por la ciencia y la antropología. De este modo podremos considerar
adecuadamente las cuestiones esenciales en torno al inicio de la vida humana,
la gestación y la maternidad y ver el modo de superar sus desafíos y dificultades.
Lo cual lleva consigo el compromiso esencial de reconocer, promover y proteger
siempre la vida de todo ser humano, desde su inicio en el seno materno hasta su
fin natural, custodiando su dignidad como un bien esencial que constituye el
fundamento del bien común y de la sociedad.
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Mario Iceta Gavicagogeascoa, arzobispo de Burgos
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Luis Javier Argüello García, arzobispo de Valladolid
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César Augusto Franco Martínez, obispo de Segovia
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Jesús Fernández González, obispo de Astorga
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Luis Ángel de las Heras Berzal, CMF, obispo de León
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Manuel Herrero Fernández, OSA, obispo de Palencia
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Abilio Martínez Varea, obispo de Osma-Soria
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José Luis Retana Gozalo, obispo de Ciudad Rodrigo y obispo de Salamanca
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Fernando Valera Sánchez, obispo de Zamora
+ Jesús García Burillo, administrador
diocesano de Ávila
