Papa Francisco en su alocución antes de rezar la oración mariana del Ángelus, de este 11 de diciembre, III Domingo de Adviento
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Este III Domingo de Adviento, en su alocución
antes de rezar la oración del Ángelus, el Santo Padre invitó a los fieles y
peregrinos que se dieron cita en la Plaza de San Pedro que, “la Virgen nos tome
de la mano en estos días de preparación a la Navidad y nos ayude a reconocer en
la pequeñez del Niño la grandeza de Dios que viene”.
“Adviento
es un tiempo en el que, preparando el pesebre para el Niño Jesús, aprendemos de
nuevo quién es nuestro Señor; un tiempo en el que salir de ciertos esquemas y
prejuicios hacia Dios y los hermanos”, lo dijo el Papa Francisco en su
alocución antes de rezar la oración mariana del Ángelus, de este 11 de
diciembre, III Domingo de Adviento, ante los fieles y peregrinos que se dieron
cita en la Plaza de San Pedro para rezar a la Madre de Dios.
«¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a
otro?»
Al
comentar el Evangelio que la liturgia presenta este III Domingo de Adviento, el
Santo Padre señaló que, el evangelista Mateo nos habla de Juan Bautista y de la
crisis que atraviesa sobre la figura del Mesías, mientras estaba en la cárcel;
por ello, manda a sus discípulos a preguntar a Jesús: «¿Eres tú el que ha de
venir, o debemos esperar a otro?».
“De
hecho, Juan, al oír hablar de las obras de Jesús, le asalta la duda de si
realmente es Él el Mesías o no. Efectivamente, él pensaba en un Mesías severo
que, al llegar, haría justica con poder castigando a los pecadores. Ahora, sin
embargo, Jesús tiene palabras y gestos de compasión hacia todos, en el centro
de su acción está la misericordia, por lo que «los ciegos ven y los cojos
caminan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y
se anuncia a los pobres la Buena Nueva»”.
No encerrar a Dios en nuestros esquemas
El
Papa Francisco además indicó que, el Evangelio subraya que Juan se encuentra en
la cárcel, y con ellos hace pensar no sólo al lugar físico, sino también a la
situación interior que está viviendo: “en la cárcel hay la oscuridad, falta la
posibilidad de ver claro y ver más allá”. De hecho, El Bautista ya no logra
reconocer en Jesús al Mesías esperado y, asaltado por la duda, envía a los
discípulos a verificar.
“Pero
esto significa que también el creyente más grande atraviesa el túnel de la
duda. Y no es un mal, es más, a veces es esencial para el crecimiento
espiritual: nos ayuda a entender que Dios es siempre más grande de como lo
imaginamos; las obras que realiza son sorprendentes respecto a nuestros
cálculos; su acción es diferente, supera nuestras necesidades y nuestras
expectativas; y por eso no debemos dejar nunca de buscarlo y de convertirnos a
su verdadero rostro”.
Y
citando a Henri de Lubac, el Pontífice afirmó que, a Dios «es necesario
redescubrirlo a etapas… a veces creyendo perderlo». Así hace El Bautista: ante
la duda, le busca una vez más, le interroga, “discute” con Él y finalmente le
descubre.
“Juan, definido por Jesús el mayor entre los nacidos
de mujer (cfr Mt 11,11), nos enseña a no encerrar a Dios en nuestros esquemas”
Incapaces de reconocer la novedad del Señor
En
ese sentido, el Santo Padre indicó que también nosotros a veces podemos
encontrarnos en la misma situación del Bautista, es decir, en una cárcel
interior, incapaces de reconocer la novedad del Señor, que quizá tenemos
prisionero de la presunción de saber ya mucho sobre Él.
“Quizá
tenemos en la cabeza un Dios poderoso que hace lo que quiere, en vez del Dios
de humilde mansedumbre, de la misericordia y del amor, que interviene siempre
respetando nuestra libertad y nuestras elecciones. Quizá nos surge también a
nosotros decirle: ‘¿Eres realmente Tú, tan humilde, el Dios que viene a
salvarnos?’. Y puede sucedernos algo parecido también con los hermanos: tenemos
nuestras ideas, nuestros prejuicios y ponemos a los demás -especialmente a
quien sentimos diferente de nosotros– etiquetas rígidas”.
“Existe siempre el peligro, la tentación: de hacernos
un Dios a nuestra medida, un Dios para usarlo. Y Dios es otra cosa ...”
Un tiempo para sorprendernos por la misericordia de
Dios
Antes
de concluir su alocución, el Papa Francisco recordó que, el Adviento, es un
tiempo de inversión de perspectivas, un tiempo donde podemos dejarnos
sorprender por la grandeza de la misericordia de Dios.
“Un
tiempo en el que, preparando el pesebre para el Niño Jesús, aprendemos de nuevo
quién es nuestro Señor; un tiempo en el que salir de ciertos esquemas y
prejuicios hacia Dios y los hermanos; un tiempo en el que, en vez de pensar en
regalos para nosotros, podemos donar palabras y gestos de consolación a quién
está herido, como hizo Jesús con los ciegos, los sordos y los cojos”.
Y a los miles de fieles y peregrinos que se dieron
cita en la Plaza de San Pedro, y a todos aquellos que seguían el Ángelus a
través de los medios de comunicación, el Santo Padre los invitó a dejarse guiar
en este tiempo de Adviento por la Madre de Jesús. “La Virgen nos tome de la
mano en estos días de preparación a la Navidad y nos ayude a reconocer en la
pequeñez del Niño la grandeza de Dios que viene”.
Renato Martínez – Ciudad del Vaticano
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