La desolación fue el tema de la octava catequesis del Santo Padre Francisco sobre el discernimiento
![]() |
| Vatican News |
En su catequesis de la audiencia general, la octava del ciclo
sobre el discernimiento espiritual, el Papa Francisco se refirió al estado de
desolación espiritual que lleva a una "sacudida del alma". Y dijo que
no hay que evitarlo porque sin sentimientos somos inhumanos. Se trata de una
oportunidad para crecer en la vida
La desolación fue el tema de la
octava catequesis del Santo Padre Francisco sobre el discernimiento. El
Pontífice lo desarrolló tras el habitual paseo, en papamóvil, entre los fieles
reunidos en la Plaza de San Pedro que lo esperaban para asistir a la audiencia
general, durante la cual, una vez más, llevó a cinco niños a bordo.
El Obispo de Roma señaló, en
primer lugar, que la desolación – "cuando todo en el corazón es oscuro, triste
– puede ser una oportunidad de crecimiento, porque si no hay un poco de
insatisfacción, un poco de sana tristeza", si no se tiene la "sana
capacidad de habitar en la soledad", de ser uno mismo sin huir, se corre
el riesgo de "quedarse siempre en la superficie de las cosas" y no
alcanzar el centro de la propia existencia.
Una serenidad perfecta pero
"aséptica", sin sentimientos, cuando se convierte en el criterio de
las elecciones y los comportamientos, nos hace inhumanos: no podemos ignorar
los sentimientos, somos humanos y sentir forma parte de nuestra humanidad, dijo
también Francisco.
No vivir los sentimientos hace
que uno sea indiferente al sufrimiento de los demás e incapaz de aceptar el
nuestro – añadió el Pontífice – se crea una "distancia aséptica". Y
prosiguió:
“Esto no es vida, es como si
viviéramos en un laboratorio, encerrados para evitar los microbios, las
enfermedades”
Una invitación a la
gratuidad
Por otro lado, la inquietud – una
inquietud sana, un corazón inquieto y buscador – puede ser un empujón decisivo
para dar un giro a la vida. Este fue el caso de Agustín de Hipona, de Edith
Stein, de José Benito Cottolengo, de Carlos de Foucauld, recordó Francisco, y
señaló que las opciones importantes tienen un precio que pagar, con el corazón "un
precio de decisión, el precio de llevar adelante un pequeño esfuerzo",
pero al alcance de todos.
“Es el precio que todos pagamos
para salir del estado de indiferencia, que siempre nos derriba”
Además, la desolación "es
también una invitación a la gratuidad", continuó el Papa, "a no
actuar siempre y sólo con vistas a la gratificación emocional".
“Estar desolados nos ofrece la
oportunidad de crecer, de iniciar una relación más madura y hermosa con el
Señor y con los seres queridos, una relación que no se reduce a un mero
intercambio de dar y recibir”
Este tipo de relación la vivimos
como hijos cuando buscamos a nuestros padres "para obtener algo de
ellos", por lo tanto "por un interés" – como lo son muchas de
nuestras oraciones, aclaró el Papa – "peticiones de favores dirigidas al
Señor, sin un interés real por Él". Lo mismo le ocurrió a Jesús, "a
menudo rodeado de mucha gente que lo buscaba para obtener algo, curaciones,
ayuda material, y no sencillamente para estar con Él".
Estar con Jesús
Francisco subrayó a continuación que estar con Cristo "es un modo muy hermoso de entrar en una relación verdadera y sincera con su humanidad, con su sufrimiento, incluso con su singular soledad". Con Él, que quiso compartir su vida con nosotros hasta el final". Es bueno aprender a estar con el Señor "sin ningún otro propósito" – añadió el Pontífice – es como "con las personas que queremos: queremos conocerlas cada vez más, porque es bueno estar con ellas".
La vida espiritual no es una
técnica a nuestra disposición, no es un programa de "bienestar"
interior que nos corresponde programar. No. Es una relación con el Viviente,
irreductible a nuestras categorías. La desolación es entonces la respuesta más
clara a la objeción de que la experiencia de Dios es una forma de sugestión,
una mera proyección de nuestros deseos.
Resultados
imprevisibles de la oración
Así lo demuestran también los
resultados imprevisibles de la oración: sucede que "experiencias y pasajes
de la Biblia que a menudo nos han emocionado" pueden no suscitar ningún
entusiasmo y que, "inesperadamente, experiencias, encuentros y lecturas a
las que nunca se había prestado atención o que se preferían evitar – como la
experiencia de la cruz – traen una paz inesperada".
Afrontar las
pruebas con la ayuda de la gracia de Dios
La lección que ofrece la
desolación para el Papa Francisco es que "ante las dificultades"
nunca hay que desanimarse, y que hay que afrontar la prueba "con decisión,
con la ayuda de la gracia de Dios que nunca nos falla". En cuanto a esa
voz insistente dentro de nosotros "que quiere apartarnos de la oración,
aprendamos a desenmascararla como la voz del tentador" – exhortó el
Pontífice – e invitó a no dejarse impresionar, y a hacer simplemente "lo
contrario de lo que nos dice".
Del resumen en
lengua española
Hablando en nuestro idioma el Papa también dijo:
“La desolación es también una
llamada a la gratuidad, a no buscar jamás la gratificación emotiva. Esta es la
base de una relación auténtica y madura con Dios y con los demás; nos lleva a
aceptar al otro por sí mismo y no por lo que me aporta”
Y “si captamos en profundidad la
humanidad de Cristo como puerta del cielo – prosiguió – podremos llegar a
preguntarle: ‘¿Cómo estás?’, aprendiendo a amarlo precisamente en su
sufrimiento y su soledad, y a hacerlos nuestros”.
Mientras al saludar a los grupos
procedentes de América Latina y de España, el Santo Padre les ofreció una
sugerencia:
“Saludo cordialmente a los
peregrinos de lengua española. pidamos a Jesús crucificado, despojado de todo,
que clama a su Padre: “Dios mío, Dios mío porqué me has abandonado”, que nos
ayude seguirlo también en la desolación, dándonos una fe sólida, una esperanza
inquebrantable y una caridad capaz abandonarse incondicionalmente a su
voluntad. Muchas gracias”
Vatican News
