«El Manuscrito de Compostela», una crónica de viajes que nos transporta
![]() |
| Tomar la mochila y echarse a caminar... una forma de ir hacia Dios que llama -foto de Toomas Tartes en Unsplash |
El veterano periodista Miguel Ángel Velasco,
cuando está en su casa de Galicia, cada año ve pasar a jóvenes que realizan el
Camino de Santiago. Él hizo
el Camino con tres amigos periodistas católicos en 1964, desde la frontera
francesa, y fue tomando notas.
Pasados 57 años, en pleno bienio Jacobeo 2021-2022, ha retomado
aquellas notas y memorias y las ha puesto por escrito. El resultado es una crónica de viaje viva, El
Manuscrito de Compostela, que nos hace viajar en el tiempo a
la España de los años 60.
Juan Caño, uno de aquellos cuatro viajeros, se convertiría en 2019
en presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid. Escribe el prólogo y
confirma que el relato "rezuma periodismo por los cuatro costados. Desde
su estructura, hasta su escritura". Los otros dos caminantes, Homero
Valencia y el sacerdote Manuel Unciti,
ya finalizaron el camino de esta vida. Viven en Dios y en estas páginas.
"Eran chicos
entusiastas y arrolladoramente jóvenes: yo tenía 26 años; Manolo, 35;
y Juan y Homero apenas 25", escribe Velasco. Piensa en ellos ante los
peregrinos jóvenes de hoy. "Veo todos los días, porque en la puerta de mi
casa comienza el Camino de la Costa, la riada constante, jubilosa, de chicos y chicas con su mochila a
la espalda, camino de Compostela. ¡Qué envidia y qué nostalgia!"
Con este libro nos trasladamos a la España de los año 60,
recuperando la alegría de aquellos jóvenes caminantes. A veces, Velasco lo
contrasta con aspectos de nuestra actualidad, pero la mayor parte de esta experiencia de lectura es una inmersión
costumbrista en peculiaridades de aquel Camino, y en otros aspectos del
Camino que son de siempre, como el cansancio, la belleza del arte en las
piedras, la sorpresa de la amistad con desconocidos...
Las fotos y hasta algunos recibos nostálgicos nos ayudan a volar
mágicamente a aquellos años. Los textos transportarán a quien haya recorrido
alguna de aquellas sendas.
"La meta no es
Compostela"
"La meta no era Compostela. La meta era, es, y será siempre
Jesucristo, para todo aquel peregrino caminante que, digan lo que digan unos y
otros, busca a Quien busca, y no otras cosas, en el Camino de Santiago",
escribe Velasco en un prefacio. "El Camino, o es religioso, o no es nada que merezca la
pena. Sin lo espiritual, lo más que podría ser el Camino es otra forma
más de turismo".
Nadie tenía un duro... así
que fueron a Manuel Fraga
"Qué moete tan templaico"
Al poco de salir, el 27 de junio, los peregrinos y los lectores
entran en un diálogo de montaña de los años 60.
Caminar, cantar, comer
opíparamente...
"Kilómetro tras kilómetro, unas veces de a cuatro, unas veces
cantando, otras en silencio. Otras, rezando en voz alta, o para adentro, otra
charla que te charla. Comer
los cuatro opíparamente puede salirnos por 160 pelas del común". Así
era entonces la rutina del peregrino con fe.
"Da pena, pero mucha y muy grande pena, ir dejando atrás ruinas y más ruinas
de ermitas, hospitales, monasterios de un gótico esbeltísimo que
todavía alucina, pero todo lleva décadas abandonado, y las liebres y las perdices crían entre sus piedras y
hierbajos", anotó Velasco en su libreta.
En Hontanas entran en una tienda de "ultramarinos,
pescadería, droguería, panadería, mercería". "En el mostrador hay
unos prospectos en colorines con las películas que próximamente echarán en el salón parroquial,
cuando el chico vaya trayendo en bici los rollos de pueblo en pueblo,
y el hijo de la dueña colecciona, en una caja maravillosa que nos muestra, esos
anuncios de películas".
Culebras, lobos, pueblos sin
luz eléctrica
La italiana jovencísima y
preciosa
La experiencia ante la urna
del Apóstol
Los peregrinos llegaron a Santiago tras aventuras y vicisitudes.
Allí Velasco reflexionó ante la tumba del Apóstol.
"Si alguien me pidiera que le explicase qué se siente en aquella cripta, de rodillas ante la urna
de plata que contiene los huesos de Santiago Apóstol, los resumiría
quizás en tres palabras: universalidad, catolicidad, perennidad. Y una cuarta;
tradición. Bueno, y luego muchas más: alegría, fe, esperanza, verdad, lealtad,
seguridad, amistad, confianza... Pero eso, luego. Y todo junto, todo a la
vez".
¿Para qué hacer el Camino?, plantea hoy, como ayer, el veterano
periodista, y aquí cronista de viaje. La respuesta es contundente: "Para llenar de sentido, de
significado, de plenitud, nada menos que tu vida".
Pablo J. Ginés
Fuente: ReL
