Un georradar encontró algo, hablaron de niños muertos... pero ¿de verdad hay cuerpos?
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| Trudeau en un acto recordando los niños fallecidos en las escuelas residenciales canadienses... infrafinanciadas por el Gobierno del país |
En mayo y junio de 2021 la prensa canadiense y mundial anunció que se habían descubierto
"fosas masivas" y "fosas comunes sin marcar" o
"tumbas sin marcar" en antiguas escuelas residenciales de Canadá: en
Kamloops (reserva india), en la Escuela Residencial Marieval y en la misión St
Eugene, cerca de Cranbook. Pero en realidad eran solo sospechas a partir de un georradar que
detecta irregularidades en el terreno (pueden ser rocas, raíces,
cualquier cosa, no se parece nada a un escáner de aeropuerto).
Ha pasado un año y nadie ha excavado, no se ha detectado ningún
cadáver, ningún forense ha
descubierto un cuerpo, no hay resto de ninguna fosa.
***
En los últimos 7 meses [de julio de 2021 a
enero de 2022] unas
60 iglesias canadienses, la mayoría en zonas de población indígena y con
feligreses indígenas, han sido atacadas e incluso quemadas por activistas
anticlericales.
Las redes sociales y hasta algunos medios de comunicación y
políticos hablan de un
genocidio "católico" contra los niños indios que de 1880 a 1980
fueron alojados en escuelas de internados.
Una investigadora con un georradar habría localizado bultos y anomalías en un huerto de
manzanos, que muchos enseguida dijeron que eran "fosas
comunes"... aunque la misma investigadora dijo luego que podían ser raíces
o rocas.
Pasados 7 meses [14 en julio de 2022] , nadie ha excavado, y Jacques Rouillard,
un veterano historiador, ha acudido a los archivos para decir que si
excavan no encontrarán muertos ni fosas comunes: los niños que morían (sobre
todo de tuberculosis y de la gripe tras la Primera Guerra Mundial) eran
enterrados en cementerios de sus reservas o de la localidad más cercana. Ni hay fosas comunes ni nadie ha
encontrado cadáveres ocultos. Lo que sí en algún caso son cementerios
antiguos, de pobres, mal cuidados o bien olvidados bajo la maleza.
La historia de las
escuelas residenciales
Desde su origen en 1879 hasta la Segunda Guerra
Mundial, las escuelas residenciales para indígenas en Canadá fueron un nido de tuberculosis,
desnutrición y muerte. En los años 20 a los niños les golpeó también la terrible gripe que
mató quizá al 10% de los alumnos. La gripe era más dura con niños y
adolescentes que con adultos, muy rápida. La tuberculosis era mucho más lenta.
El historiador John S. Milloy detalla
lo que sucedió en su libro de 1999 "A national
crime: the Canadian Government and the Residential School System".
El Gobierno canadiense infrafinanciaba estos centros, donde
estudiaban, trabajaban, comían y dormían muchos niños indígenas en régimen de
internado (otros muchos tenían la suerte de ir a una escuela normal de día y
volver a su casa cada tarde o noche).
Desde su inicio, los edificios de los internados estaban muy mal diseñados
y mal construidos, con los peores materiales. Faltaban saneamientos, nunca se calentaban (grave
en un país como Canadá), estaban mal
aireadas, no entraba la luz del sol. Nunca lograban hacer
reparaciones.
El Gobierno pagaba a los internados
una cantidad por niño, por lo que las escuelas -gestionadas no solo por
entidades católicas, sino también protestantes y anglicanas- intentaban tener
el máximo de niños. A menudo había
dos niños por cama en dormitorios hacinados.
Tuberculosis: falta de inmunidad, animales y malas
instalaciones
La tuberculosis, escribe Milloy,
"fue el resultado de la presencia blanca combinada con la falta de inmunidad de la
comunidad aborigen a las enfermedades infecciosas. El confinamiento en
reservas y en alojamientos de estilo occidental atestados y de la peor calidad
fue tierra fértil con la
malnutrición, falta de saneamientos, desesperación, alcoholismo e inacción del Gobierno para
que la enfermedad desarrollara su ciclo mortal".
Se infectaban de tuberculosis uno de
cada siete niños y morían muchos. Se
contagiaba con la tos y la saliva. Pero los niños en las escuelas se
contagiaban también bebiendo leche
de vacas infectadas, leche sin pasteurizar. Muchas escuelas tenían ganado
en malas estructuras que no se podían sanear, otra fuente de epidemias.
Douglas Farrow, profesor de Ética en
la McGill University, escribió en First Things en octubre de 2021 que durante un siglo, unos
140.000 niños pasaron por esas escuelas residenciales. En 1920 se
decretó que la asistencia era obligatoria para los niños que no tuvieran una
escuela de día. Muchos niños murieron allí, sobre todo antes de la Segunda
Guerra Mundial, porque después las vacunas y otros avances frenaron la
mortalidad infantil.
Pero, de esos 140.000 niños, ¿cuántos murieron? Un
informe de la Comisión de Verdad y Reconciliación del Gobierno en 2015, tras
años de investigación, sólo
identificó 3.200 muertes de niños en esos centros. De un tercio, no tienen el
nombre; de la mitad, no saben la causa de la muerte. A veces, los
directores de las escuelas escribían sólo que "este año han muerto N
niños", o "desde que abrimos han muerto N alumnos", dando un
número, pero sin especificar la causa ni los nombres. La Comisión admite que de esos 3.2000 algunos pueden haber
sido contados dos veces (como luego se ha comprobado).
El Gobierno canadiense reconoció su culpa en 2008
Que el Gobierno canadiense fue
criminalmente inepto con estos internados, que los financió poco y mal y los
supervisó peor, lo
reconoció el Primer Ministro Harper en 2008. Durante dos generaciones
o más, el Gobierno ignoró los avisos y denuncias de quienes veían lo que
pasaban.
También hubo desprecio a las lenguas y culturas indígenas: todo se
hacía exclusivamente en inglés. Pero tampoco en Gales o Escocia se estudiaba en galés o
escocés, ni en bretón o catalán en Bretaña o el Rosellón. El Imperio inglés
y el francés eran sistemáticos en su uniformidad.
Está demostrado que muchos clérigos
(católicos o protestantes) lo hicieron mal. Eran muy comunes los castigos físicos (pero también lo eran en las casas
de los blancos, pobres o ricos, y en las escuelas de élite en Oxford o
Cambridge). Mantener la escuela era caro. Los alumnos no pagaban, pero hacían muchas tareas
manuales, de granja o taller, a menudo de poca calidad y rendimiento.
Después de que el Gobierno canadiense
reconociera estos hechos, el Papa Benedicto XVI, en 2009, recibió una
delegación de nativos canadienses y expresó su "dolor por la deplorable
conducta de aquellos católicos
que causaron un inmenso dolor y sufrimiento a los que acudieron a
escuelas residenciales".
Se refería sobre todo a casos de castigos físicos brutales.
Una Comisión de Verdad y
Reconciliación en 2015 finalizó un informe de 6 volúmenes con recomendaciones. La Iglesia Católica se
comprometió a apoyar más a las comunidades indígenas hoy, con
proyectos solidarios y con escolarización y becas.
El escándalo de 2021: las fosas comunes que no existen
El tema volvió a los titulares el 28
de mayo de 2021: se anunciaba que habían "descubierto" 215
"tumbas sin marcar" en la escuela residencial de Kamloops, reserva
india. El 25 de junio, se habló de 751 cuerpos encontrados en la Escuela
Residencial Marieval. Y el 30 de junio, se habló de 182 descubiertos en la
misión St Eugene, cerca de Cranbook.
La prensa tituló con la palabra "mass graves"
(enterramientos masivos, o fosas comunes). Hacía pensar en matanzas
genocidas y cadáveres
ocultados de noche. Tal como lo presentaba la prensa amarillista,
"alguien" (la Iglesia Católica) habría matado a cientos de niños
lejos de sus padres y los habría escondido. O, si no los había matado
directamente, lo había hecho indirectamente y los había ocultado a sus
familias. No se sabe cuándo ni cómo.
En los 7 meses siguientes, unas 60 iglesias canadienses
-sobre todo pequeñas y rurales, de madera- fueron quemadas o vandalizadas por
activistas anticlericales. Muchos indígenas católicos veían como su parroquia
era reducida a cenizas por activistas que decían hacerlo para
"vindicarles".
Hay que detallar que nadie excavó entonces ni aún
lo ha hecho ahora. No se ha visto ni un solo cuerpo, nadie ha encontrado ningún
cadáver.
Los supuestos "hallazgos"
los hizo una joven investigadora - Sarah Beaulieu, antropóloga en la
Universidad de Fraser Valley- con un aparato rastreador, un radar, que detecta
"anomalías" en el terreno. Pero en una rueda de prensa el 15 de julio
la antropóloga especificó que su radar detecta "disrupciones" que
"se presentan como enterramientos". Pero podrían ser muchas otras
cosas. Por ejemplo, ella dijo que podían ser movimientos de raíces del campo de
manzanos donde realizó el sondeo.
China y Amnistía Internacional piden juicios
Los "hallazgos" llevaron a
los políticos a rápidamente declararse "horrorizados y con el corazón
roto" (John Horgan, presidente de la Columbia Británica). Trudeau ordenó
que las banderas ondearan a media asta. El alto comisionado de Naciones Unidas para los Derechos
Humanos exigió a las autoridades canadienses y a la Iglesia Católica una
"investigación concienzuda por el descubrimiento de una fosa común (mass grave) con
los restos de 200 niños".
Amnistía Internacional -un lobby que apoya matar niños
mediante el aborto- exigió que se juzgue a las instituciones responsables de
los "restos" que se habían "encontrado" en Kamloops. ¡China -otra
potencia que mata niños con aborto- pidió en junio que el Tribunal de Derechos
Humanos de la ONU investigara las violaciones de Canadá contra sus indígenas! Trudeau respondió que Canadá tiene
una Comisión de Verdad y Reconciliación, mientras que China ni siquiera
admite tener detenidos ilegalmente un millón de musulmanes uigures.
Un historiador pone luz revisando archivos
El 11 de enero de 2022, Jacques
Rouillard, profesor emérito de Historia de Universidad de Montreal, escribió un
artículo detallado en The Dorchester Review señalando
que aún nadie ha visto ningún cadáver en esos sitios y que hay cifras que no tienen sentido.
Rouillard se ha centrado en el caso
de Kamloops, el que empezó el escándalo. La escuela nace en 1890. La Comisión
de la Verdad localizó el nombre de 51 niños que murieron en la escuela de
Kamloops entre 1915 y 1964. Rouillard
ha acudido a archivos que "parece, la Comisión no ha consultado", y
descubre que en realidad eran 49 (dos duplicados), de los que se sabe que:
Eso demuestra que -al menos desde
1915- la mayoría de los
niños muertos volvían a sus hogares para ser enterrados y que sus padres sí
eran notificados. Desde 1935 había un procedimiento del Departamento de
Asuntos Indios (del Gobierno) sobre como gestionar el fallecimiento de alumnos,
exigiendo la información a las familias.
Además, el internado católico de
Kamloops tenía un cementerio católico cerca, junto a una iglesia católica,
gestionado por las autoridades indias de la reserva Kamloops. "Con un cementerio tan
cerca, ¿es creíble que los restos de 200 niños se enterraran clandestinamente
en una fosa común, en la reserva misma, sin ninguna reacción del
concejo tribal... hasta el verano pasado?", escribe el historiador.
Además, el historiador señala que es
absurdo pensar que los clérigos y religiosas pudieran ocultar las muertes de
niños mediante una especie de gran conspiración "sin disenso y sin ni un
solo delator". La escuela está cerca de la ciudad de Kamloops, y los agentes del Departamento
de Asuntos Indios habrían sabido si "desaparecían" niños.
Simplemente, Ruillard está seguro de
que junto a la escuela no hay cadáveres escondidos ni enterrados.
"Al empezar el siglo XX, la Columbia Británica no era
el salvaje oeste. Un investigador hoy puede obtener el certificado de defunción
de cualquier niño que estudiara en la escuela residencial de Kamloops
poniendo su nombre y fecha de defunción en la web de Registros Genealógicos de
Columbia Británica. Lo mismo se puede hacer con otras provincias", explica
el historiador.
Respecto al georradar que encuentra tumbas en Marieval, el
historiador señala que, simplemente, es el cementerio de la Misión del
Corazón Inmaculado de María de Marieval, donde descansan juntos niños, adultos, indígenas y blancos. Las
cruces de madera de los pobres desaparecieron, o con el tiempo o, como dicen
los lugareños, porque un cura las quitó porque le parecían muy degradadas.
El historiador propone hacer lo que pide la Comisión de Reconciliación: documentar y mantener y proteger los cementerios reales, olvidados y desatendidos. Y no inventarse fosas comunes inexistentes.
***
El 20 de julio de 2022, el periodista Terry Glavin, en el National Post, recuerda que nadie ha excavado aún ni hallado ningún cuerpo. Detalla que 14 familias del pueblo Tk’emlúps piden al jefe que inicie las excavaciones, aunque ninguna tiene seres queridos perdidos o misteriosamente desaparecidos. Un experto en excavaciones (anónimo pero que Glavin trata en persona) ha entregado un informe a las autoridades Tk’emlúps asegurando que el georradar puede haber detectado canalizaciones, antiguas acequias o mil cosas más. Glavin también cree que ha habido un comportamiento de rebaño irresponsable en la prensa y la intelectualidad.
P.J.G.
Fuente: ReL
