La Iglesia Católica en Indonesia recordó la memoria de Sor Virgula Maria Schmith, una religiosa que entregó su vida al servicio de los leprosos en el país asiático, y partió a la Casa del Padre a finales de junio de este año.
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| Sor Virgula Maria Schmith. Dominio público |
Las
Hermanas Misioneras Siervas del Espíritu Santo son una congregación religiosa
misionera fundada por San Arnoldo Janssen en 1889 en Steyl. En la actualidad
tiene más de 3 mil miembros en 46 países.
Sor
Virgula, que nació el 3 de septiembre de 1929 en Grunebach, Alemania, es
conocida en Indonesia porque revolucionó el trabajo a favor de los enfermos de
lepra en el país, tras abrir dos centros especializados en la atención de este
mal.
La superiora provincial de las Siervas del Espíritu Santo en Indonesia, Sor
Yohana M. Momas, dijo que la religiosa abrió los Centros de Rehabilitación de
la Lepra San Damián y San Rafael, ubicados en Cancar y Binongko, en la isla de
Flores, en Indonesia.
Según
explicó la religiosa, Sor Virgula llegó como misionera a Indonesia en 1965 y vivió
por muchos años en la zona de Manggarai, en el este de la isla de Flores, donde
se dedicó a servir a los pobres y enfermos.
Sor
Yohana M. Momas dijo que Sor Virgula es conocida por ser la primera persona en
Indonesia que realizó una labor humanitaria, sobre todo por las personas con
discapacidad y lepra, y las víctimas de la violencia sexual.
Ella
solía decir: “Estoy llamada a liberar a los que están encadenados por
diferentes enfermedades, porque son hijos de Dios”.
De
acuerdo al medio católico Radio Veritas Asia, Sor Virgula explicó en 2011 en
una entrevista al medio local indonesio Floresku, que el encuentro con un
enfermo de lepra marcó el inicio de su especial apostolado.
Relató
que un sacerdote franciscano encontró a un leproso que había sido abandonado
por su familia en el desierto, y lo llevó al Hospital San Rafael donde ella
trabajaba.
Sor
Virgula expresó que verlo le impactó profundamente y la movió a hacer algo más
que solo curarlo. “Me quedé asombrada y atónita cuando el sacerdote me trajo al
enfermo: Su cuerpo estaba plagado de heridas y su pelo despeinado y largo. No
sabía qué hacer”, dijo en esa ocasión.
“Sin
embargo, acepté al paciente y le di los mejores cuidados. Entonces pedí ayuda a
mis parientes en Alemania, y ellos me ayudaron. Desde entonces, en 1966, el
apostolado de la lepra se separó del Policlínico San Rafael”, continuó.
Durante su trabajo, Sor Virgula fue testigo de la sanación de muchas personas
que estaban en alto riesgo de morir. Entre ellos destaca Yance, el primer
huérfano que cuidó, un bebé prematuro que sobrevivió pese a nacer pesando solo
600 gramos.
La
religiosa alemana solía expresar con humildad que la obra era “como un milagro
divino”, que no fue posible gracias solo a sus esfuerzos, sino a la mano de
Dios.
“No
es todo trabajo mío. No soy un individuo maravilloso o intelectual del que se
pueda escribir. Obedezco la voluntad de Dios”, dijo Sor Virgula a Floresku.
Además,
la oración era uno de los pilares de su misión. “Rezo cada mañana: ‘Señor,
muéstrame lo que quieres que haga hoy y dame la capacidad de hacerlo’. Si Dios
desea algo, no podemos resistirnos a Él. No siento ansiedad ni miedo, porque
confío en que Dios está conmigo”, dijo.
Sor
Virgula afirmó que la providencia del Señor era palpable durante toda su
misión.
“Dios
siempre proporciona ayuda oportuna. Cuando las hermanas necesitan medicamentos,
ropa, alimentos u otros servicios, siempre hay ayuda disponible, especialmente
en forma de dinero”, explicó y dijo que siempre repetía a los trabajadores de
su obra: “Creo y experimento que Dios no puede abandonarnos”.
POR CYNTHIA PÉREZ
Fuente: ACI
