Águeda y Alejandro son un matrimonio que llevan casados 26 años, tienen tres hijos, y desde hace 12 años ella está luchando contra esta enfermedad incurable
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| Águeda y Alejandro. Dominio publico |
Ellos, por
encima de todo, se sienten privilegiados por sentirse hijos de
Dios. La historia de Águeda es una historia de fe y viven cada
día como si fuera un verdadero regalo. No transmiten tristeza porque
la alegría y la generosidad hacia los demás hacen que sean presencia de Dios.
Su marido,
Alejandro, está pendiente de cada detalle que ella necesita y después de ayudar
a su mujer a levantarse, a ir al baño, a desayunar, a sentarse en su silla,
asisten cada día a Misa. “Quiero morir con dignidad,
sufriendo lo menos posible, pero con paz y dignidad”, afirma
Águeda. “Y si es posible – añade – llegar al mes de
julio para ser la madrina en la boda de mi hijo mayor”.
Alejandro y Águeda, ¿Cómo afrontáis esta
enfermedad y cómo vivís con ella cada día?
Alejandro -
Somos un matrimonio que llevamos casado ya 26 años y tenemos tres hijos.
Tenemos una vida muy feliz, aunque aparentemente todo el mundo podría pensar que
no es así. Entre otras cosas por el aparato que lleva
Águeda en la cara. Ella no puede moverse y utiliza una máquina para respirar.
Águeda - Tenemos una vida feliz, pero complicada. Yo fui diagnosticada hace aproximadamente 12 años de Esclerosis Lateral Amiotrófica o ELA como la conoce todo el mundo. Es una enfermedad neurodegenerativa progresiva, que no tiene cura. El final ya sabemos cuál es. Esta enfermedad no es compatible con la vida.
Águeda, ¿qué supone para ti tener que depender
de los demás para todo? ¿Se puede encontrar sentido una enfermedad así?
Águeda. Soy
muy feliz a pesar de las dificultades diarias, porque he descubierto que este sufrimiento puede ser
muy valioso para el mundo. Esta enfermedad no solo la he
aceptado, sino que se la he ofrecido a Dios. Voluntariamente. Por eso no quiero quedarme en casa sin hacer
nada. Llevamos una vida muy activa. Empezamos cada día yendo a
misa. Es el momento más importante donde nos
llenamos del amor de Dios y le acompañamos a Él en su entrega por nosotros.
Águeda. La alegría siempre es valiosa para Dios y por
lo tanto es valioso para el mundo, aunque el mundo no lo reconozca.
Me gusta decir que vivo la vida desde el mirador de la muerte. Pues porque lo más importante que tengo que
hacer cada día es llegar al cielo.
Pero para
eso lo que no puedo hacer en ningún caso es acelerar el proceso. A mí la eutanasia me parece una solución
hipócrita de la sociedad. La eutanasia a lo que ayuda es a
quitarte de en medio. Lo que creo que es necesario, y es lo que yo quiero para
mí, son unos buenos cuidados paliativos al final
de la vida, que me permitan hacer el trance de la muerte sin excesivos
sufrimientos, con esperanza y con la ayuda sobre todo espiritual, para llegar
al cielo, que es mi objetivo de cada día.
Y a ti Alejandro, con los cambios que también
trajo esta enfermedad para ti, ¿qué supuso en tu matrimonio?
Alejandro:
Águeda necesita atención 24 horas al día y para todo. Parece que no tener determinada libertad o no
poder hacer cosas de las que el mundo disfruta, no entra en los esquemas de la
gente. Parece que todo ello nos limitaría o nos daría tristeza
y es todo lo contrario. Nosotros realmente somos un matrimonio muy alegre, muy
feliz, porque yo veo mucha gente que aparentemente está sana, pero luego el
corazón lo tiene muy enfermo y nosotros aparentemente estamos muy enfermos y
sin embargo el corazón está muy sano.
Águeda: Así vivimos y así queremos vivir todo el
tiempo que Dios quiera.
Fuente: ECCLESIA
