Carmelitas Contemplativos volvieron a abrir en Colombia lo que fue un monasterio de Carmelitas Descalzas, quienes debieron dejar el lugar hace 22 años
| Hermanos Contemplativos del Carmelo, Colombia. Courtesy |
El pasado 11 de febrero, el monasterio volvió
a abrir sus puertas y con un nuevo sagrario. Ahora acoge a los Hermanos
Contemplativos del Carmelo, quienes instalaron allí una casa de
acogida u ‘hospital
para el alma’. Así lo llama el padre Andrés
Jaramillo Arbeláez, fundador de la comunidad:
“Quisimos
inaugurarlo el día de la Virgen de Lourdes porque es un hospital para el alma.
En esta casa ofrecemos consuelo desde la fe y la fraternidad, en una mesa común
que arropa a todo el que llega. En el lugar donde una vez imperó la maldad está
triunfando la esperanza y el bien”.
La mano de Dios
Aunque estuvo más de dos
décadas deshabitado, lo encontraron bien conservado. “Es como si
hubiera quedado dentro de una nevera, algunos espacios parecían como si
hubieran sido utilizados el día antes”, dijo el sacerdote a Aleteia.
Este hombre asegura complacido que todo ha sido obra de la Providencia Divina.
Las religiosas que
habitaban el lugar, muchas de ellas de edad avanzada, debieron salir,
principalmente por la violencia que vivió el departamento del Valle del
Cauca. En alguna ocasión, un grupo armado ilegal llegó a pasar
la noche allí. Era tal la vulnerabilidad que inclusive la misma Iglesia les
recomendó irse. Se trasladaron, entonces, a la ciudad de Popayán, donde se
fusionaron con otra comunidad.
La propiedad se la
vendieron a la misma familia que 20 años atrás les había donado el terreno.
Unos años después, el padre falleció y quedó como propietaria su única hija,
quien vive fuera de Colombia. Desde entonces, permanecía deshabitada aunque
le hacían mantenimiento esporádicamente.
Un buen día, el padre Andrés María
de San José (nombre religioso del fundador) le preguntó a monseñor José
Roberto Ospina, obispo de Buga, por ese sitio abandonado que
tenía en su diócesis.
“Nuestra joven comunidad estaba creciendo en vocaciones y queríamos llegar a otra zona. Monseñor me dijo que siempre le había dolido ese hecho pero había sido imposible comunicarse con la familia para proponerle comprar el lugar, a pesar de los muchos esfuerzos”.
Paralelamente, uno de los hermanos carmelitas conversó con sacerdote amigo suyo, párroco del sector donde se encuentra el monasterio, quien se ofrece a hacer un nuevo intento. Milagrosamente a los dos días les llegó respuesta positiva y una semana después estaban firmando promesa de venta.
La familia se lo vendió a la diócesis por un precio simbólico. Luego ésta lo entregó en comodato de los Hermanos Contemplativos del Carmelo, quienes estaban ubicados en el municipio de Girardota (departamento de Antioquia).
“Es un lugar de mucho silencio y soledad, a 1800 metros de altura. Tenemos hospedería y varias modalidades de retiro según los místicos del Carmelo”, cuenta el padre Andrés.
En total son 27 habitaciones, una capilla para 100 personas, un coro con capacidad para 30 monjes, dos ermitas, una huerta y cinco talleres. Los carmelitas contemplativos hacen velas, panes, esculturas en cerámicas y trabajan la pintura al óleo y carboncillo, todo ese arte lo llevaron a su segunda casa en Colombia.