Saturada
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| Dominicas de Lerma |
Hola, buenos
días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
El otro día, a
primera hora de la mañana, bajaba a la iglesia como siempre. Sin embargo, al
llegar al claustro, descubrí que me había olvidado de algo muy importante: la
canoa.
¡¡Nuestro
claustro, a pesar de ser cubierto, estaba totalmente encharcado!! Es más, el
agua saltaba cual cascada desde las esquinas… ¡¡En mi vida había visto algo
así!!
Resulta que, la
lluvia que cae en el tejado, se recoge por un sistema de canalones. Estos
conducen el agua hasta una tubería que baja por la esquina del claustro y
desemboca en el pozo que hay en el centro.
Pues bien, la
tromba de agua arrastró sin piedad toda la suciedad que había en los tejados
por las obras. La tubería intentó tragarlo todo pero, claro, la pobre se
saturó. No pudo con tanto… y el agua comenzó a salir por todas partes,
organizando un zafarrancho de campeonato.
He orado mucho
sobre esto. Evidentemente, nadie quiere inundaciones en su casa ni en su
corazón. Sin embargo, esperar que no haya tormentas, malos entendidos,
problemas… es una utopía imposible.
El problema de
nuestra tubería no fue el agua, ¡sino la basura acumulada!
En efecto, a lo
largo de la jornada, podemos ir dejando pasar pequeños detalles por
considerarlos “insignificantes”: una mala contestación, una falta de diálogo…
Tal vez no
parezca mucho, pero, si se van acumulando… ¡¡cuando llegue la tormenta, tu
corazón puede inundarse!!
Cristo no nos
ha prometido acabar con todas las nubecillas que aparezcan en nuestro
horizonte. Sin embargo, dice: “No temas, que te he redimido. Cuando cruces las
aguas, yo estaré contigo, la corriente no te anegará” (Is 43, 1-2). Si Él está
con nosotros, ¡hay esperanza incluso en la tormenta!
Hoy el reto del
amor es revisar tu tejado. ¿Tienes “basurilla” acumulada? No te preocupes si no
eres un especialista en limpieza, ¡yo tampoco! Pero Jesucristo sí. Él es quien
te dará luz para descubrir qué es lo que te está atascando y, sobre todo,
sanará tu corazón para que puedas restaurarlo desde el perdón. No acumules
basurillas, por pequeñas que parezcan… Con Cristo podrás mantener tu tejado
limpio, ¡y con Él no hay tormenta que nos gane! ¡Feliz día!
VIVE DE CRISTO
¡Feliz día!
Fuente: Dominicas
de Lerma
