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Ana ingresó en el convento de las clarisas de Cantalapiedra |
Esta joven de 21 años perteneciente al Camino Neocatecumenal tiene claro
que este ha sido el momento en el que “el Señor me ha llamado y ha elegido un lugar para mí". Y
es por ello que siente mucha paz ante un gran salto al vacío que implica un cambio total de vida.
Su llegada a este convento salmantino no es
casualidad. Ana comenzó Filología Hispánica en la Universidad de La Laguna, en
Tenerife, para cumplir su sueño desde niña de ser profesora de Lengua. Y tras haber cursado dos cursos en
Canarias recibió una beca para estudiar en la Universidad de Salamanca. Ahí
empezó “todo”.
"El lugar que el Señor había
preparado para mí"
Ana relata que precisamente en octubre de 2019,
hace justo un año, fue al convento de las clarisas de Cantalapiedra para un
Jubileo. Allí quedó cautivada con la vida de estas religiosas contemplativas.
Tras esa “experiencia increíble”, cuenta a Salamanca 24 horas, se mantuvo en contacto con las
hermanas. En este proceso ya vio
claro que “ese era el lugar que el Señor había preparado para mí”.
Ella es la pequeña de tres hermanos en una familia
cristiana. Aunque Ana asegura que ni sus padres ni sus amigos se esperaban que
ingresara en un convento de clausura, y sobre todo tan lejos de su hogar.
Esta joven diferencia entre la parte espiritual y
la humana en cuanto a la reacción de sus padres. Espiritualmente, sus padres “lo llevan muy bien”, humanamente no
tanto, debido a la distancia que los separará.
Por su parte, sus hermanos están muy contentos por
ella aunque “vivieron un choque inicial cuando empecé a hablar con naturalidad
de los conventos de clausura. Hace
un año no se me habría pasado por la cabeza hablar de conventos y monjas”.
De la fiesta a la vida
contemplativa
Estos últimos días antes de ingresar en el convento
de Cantalapiedra, Ana se despidió de sus amigos con una “chuletada”, lo que en
broma su madre denomina, su “despedida de soltera”.
Ana es consciente de que su vida dará un giro
total. Le encanta la música, y estaba todo el día escuchando Spotify, algo que
no podrá hacer ahora. Como a muchas chicas de su edad también le gusta salir de
fiesta con sus amigas e ir a las verbenas a bailar. Pero confiesa que “me nutre más la oración, el Señor
y estar con Él. Otras cosas que antes te volvían loca van perdiendo su fuerza”.
Esta novicia
asegura que nunca tuvo uno novio serio pero que “hubo un chico en el que pensé
que podría tener algo, pero no mirábamos los dos al mismo lado. Yo miraba una relación cristiana y
casta, y tuve claro que aquello no era de Dios”.
Su imagen sobre la vida religiosa se ha
transformado en este año de discernimiento que la ha acabado llevando al
convento. “Yo tenía la imagen de una monja como vieja, triste y silenciosa,
pero eso cambió cuando
empecé a conocerlas en las convivencias”, asegura.
"Tenía un deseo que
consume"
Y además, desmiente cualquier tipo de proselitismo
o intento de captación por parte de las religiosas, pues “la decisión es voluntaria, no son el hombre del saco, quieren
que seas feliz”.
La oración marca ahora su día a día en el convento,
y entre tanto trabajan para lograr un sustento que permita a la comunidad
sobrevivir. “La que tiene 96
años envuelve polvorones y las jóvenes cargan con los sacos”, añade
Ana.
Pero sobre todo, esta joven destaca el amor del
Señor que la ha cautivado tanto como para ser su esposa. “Tenía un fuego abrasador, un deseo que consume. Me gusta
porque el Señor no espera nada de mí. Me ha seducido y me he dejado seducir”. Y
ha sido precisamente este amor el que ha hecho que “niegue su vida en voluntad
de Dios”.
J. Lozano
Fuente: ReL
