Publican
una carta pastoral con reflexiones sobre la situación provocada por la COVID-19
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| Foto: Europa Press |
«Hay que evitar
restricciones arbitrarias o que limiten los derechos de los fieles. En
concreto, por más que sea preferible la comunión en la mano por razón de la
situación, no puede prohibirse la comunión en la boca, como ha ocurrido en
algunas ocasiones», afirman los responsables de las tres diócesis en un texto
acordado en una reunión conjunta el pasado 9 de octubre y firmada este lunes,
fiesta de san Pedro de Alcántara,
patrón de Extremadura.
La misiva, que
se estructura en seis puntos, incluye esta petición en el tercero, titulado
Volver a las iglesias con alegría. En él, hace, además, una invitación a los
fieles a volver a la Eucaristía y a los sacramentos de forma presencial. Y
añaden: «No es prudente suplir, más allá del tiempo necesario, la participación
personal en la liturgia eclesial con otros medios excepcionales, por ejemplo
telemáticos».
Más allá de
estas recomendaciones, los prelados agradecen a los sacerdotes y los fieles el
esfuerzo para adecuar los espacios y su comportamiento para garantizar las
celebraciones y piden que esta voluntad se mantenga en la organización de la
catequesis y de otros encuentros pastorales.
Vulnerabilidad
El texto
comienza con una reflexión sobre las lecciones que nos deja la pandemia. La
primera, la conciencia de que «somos vulnerables». «No es que no lo supiéramos,
pero la COVID-19 nos ha hecho tomar conciencia de esta gran verdad de nuestra
vida. No somos dioses, ni inmortales, ni todopoderosos. […] Un virus,
prácticamente invisible si no es a la lente de un microscopio, puede acabar con
millones de vidas humanas», apuntan.
A pesar de que
esto puede llevar al desconcierto, desánimo, incertidumbre e incluso miedo,
creen que si esta vulnerabilidad es asumida con madurez humana y cristiana
«ofrece la posibilidad de encarar las dificultades de una manera nueva».
Otra de las
reflexiones tiene que ver con la idea de que «no podemos ni debemos vivir
solos», algo que la COVID-19 ha puesto todavía más de manifiesto. «Somos
hermanos y estamos hechos para el encuentro», añaden.
En este
sentido, reconocen que las comunidades eclesiales son un espacio privilegiado
para fortalecer la comunión y el compromiso con las personas que están
sufriendo los efectos de la situación.
Llamada a la
responsabilidad y a la esperanza
Finalmente,
hacen una doble invitación a los fieles. Una primera que tiene que ver con la
responsabilidad ante la segunda ola: «La situación nos obliga a recordar a
todos la responsabilidad con la que hemos de vivir la situación presente,
procurando un comportamiento sensato, prudente pero sin miedo, capaz de encontrar
los medios oportunos para cuidar la salud propia, pero también la de los
hermanos».
Y otra a
mantener la esperanza y la fe: «Para los que aman a Dios todo les sirve para el
bien, hasta el punto de que esperamos el milagro de que un virus tan inhumano
termine por servirnos para ser más humanos y más hermanos».
Fran
Otero
Fuente:
Alfa y Omega
