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| 20-10-2020 El papa Francisco en el encuentro la Oración por la Paz |
De la Cruz brota el perdón, renace la
fraternidad
El Papa Francisco, tras mencionar el
pasaje bíblico que se leyó sobre la Pasión de Jesús, dijo que en el Calvario
tuvo lugar el gran duelo entre “Dios que vino a salvarnos y el hombre que
quiere salvarse a sí mismo; entre la fe en Dios y el culto al yo; entre el
hombre que culpa y Dios que perdona. Y llegó la victoria de Dios, su
misericordia descendió en el mundo”. De la Cruz brota el perdón, renace la
fraternidad: «La cruz nos hace hermanos», dijo recordando las palabras de
Benedicto XVI al final del Vía Crucis, en el 2008. Los brazos de Jesús, abiertos
en la cruz, marcan un punto de inflexión, porque Dios, afirmó, no señala con el
dedo a nadie, sino que abraza a todos. “Porque sólo el amor apaga el odio, sólo
el amor vence a la injusticia. Sólo el amor deja lugar al otro. Sólo el amor es
el camino para la plena comunión entre nosotros”.
En su homilía el Papa dijo que este
pasaje de la Pasión del Señor, se sitúa poco antes de la muerte de Jesús y
habla de la tentación que se cierne sobre Él, exhausto en la cruz. “Mientras
vive el momento del dolor y del amor más extremo, muchos, sin piedad, lanzan
unas palabras contra Él: «Sálvate a ti mismo». Es una tentación crucial, que
nos amenaza a todos, también a nosotros, cristianos”.
Es la tentación de pensar sólo en
protegerse a sí mismo o al propio grupo, de tener en mente solamente los
propios problemas e intereses, mientras todo lo demás no importa. Es un
instinto muy humano, dijo el Papa, pero malo, y es la última provocación al
Dios crucificado.
Sálvate a ti mismo
“Lo dicen primero «los que pasaban». Era
gente común, que había escuchado hablar a Jesús y lo habían visto hacer
prodigios. Ahora le dicen: «Sálvate a ti mismo bajando de la cruz». No tenían
compasión, sino ganas de milagros, de verlo bajar de la cruz”.
Al respecto, Francisco dijo que es este
tipo de dios, el que muchos preferiríamos, “un dios espectacular más que
compasivo, un dios potente a los ojos del mundo, que se impone con la fuerza y
desbarata a quien nos odia”. Pero esto no es de Dios, señaló, es nuestro yo.
“Cuántas veces queremos un dios a nuestra medida, más que llegar nosotros a la
medida de Dios; un dios como nosotros, más que llegar a ser nosotros como Él”,
dijo. Pero así, en vez de la adoración a Dios preferimos el culto al yo.
Y este culto, advirtió Francisco, es un
culto que crece y se alimenta con la indiferencia hacia el otro.
Los que pasaban y miraban a Jesús, “les interesaba sólo para satisfacer sus
antojos. Pero, reducido a un despojo en la cruz, ya no les interesaba más.
Estaba delante de sus ojos, pero lejos de su corazón. La indiferencia los
mantenía distantes del verdadero rostro de Dios”.
Y siguiendo con el relato bíblico, el
Santo Padre, recordó el momento en el que delante de Jesús, dan un paso al
frente los jefes de los sacerdotes y los escribas. Eran los que habían condenado
a Jesús porque representaba un peligro. “Pero todos somos especialistas en
colgar en la cruz a los demás con tal de salvarnos a nosotros mismos. Jesús, en
cambio, se deja clavar para enseñarnos a no descargar el mal sobre los demás:
«A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar».
Conocían a Jesús, recordaban sus curaciones y las liberaciones que había
realizado, y relacionan todo esto con malicia: insinúan que salvar, socorrer a
los demás no conduce a ningún bien; Él, que se había entregado tanto por los
demás, se está perdiendo a sí mismo”.
Sobre este pasaje, el Papa dijo que esta
acusación es “sarcástica y se reviste de términos religiosos, usando dos veces
el verbo salvar”. Pero el “evangelio” del sálvate a ti
mismo, dijo, no es el Evangelio de la salvación. Es el evangelio
apócrifo más falso, que carga las cruces sobre los demás. El Evangelio
verdadero, en cambio, afirmó, carga con las cruces de los otros.
Sálvate a ti mismo
Al final, dijo Francisco, incluso los
crucificados que estaban junto a Jesús se unen al clima de hostilidad contra
Él. “¡Qué fácil es criticar, hablar en contra, ver el mal en los demás y no en
uno mismo, hasta llegar a descargar las culpas sobre los más débiles y
marginados! Pero, ¿por qué los crucificados se ensañan con Jesús? Porque no los
quita de la cruz. Le dicen: «Sálvate a ti mismo y a nosotros». Sólo
buscan a Jesús para resolver sus problemas”.
Dios no viene tanto a liberarnos de los
problemas, que siempre vuelven a presentarse, sino para salvarnos del verdadero
problema, que es la falta de amor. Esta es la causa profunda de nuestros males
personales, sociales, internacionales, ambientales, dijo el Papa, pensar sólo
en sí mismo es el padre de todos los males.
Aprender del Señor, que nos ha salvado
despojándose a sí mismo
El Papa pidió a Dios crucificado la
gracia de estar todos más unidos, de ser más fraternos. Y cuando estemos
tentados, dijo por último, de seguir la lógica del mundo, recordemos las
palabras de Jesús: «Quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda
su vida por mí y por el Evangelio, la salvará». “Lo que a los ojos de los
hombres es una pérdida, para nosotros es salvación. Aprendamos del Señor, que
nos ha salvado despojándose de sí mismo, haciéndose otro: de Dios
hombre, de espíritu carne, de rey siervo. También a nosotros nos invita a
“hacernos otros”, a ir al encuentro de los demás”.
Cuanto
más unidos estemos al Señor Jesús, seremos más abiertos y “universales”, porque
nos sentiremos responsables de los demás. Y el otro será el camino para
salvarse a sí mismo: cada semejante, cada ser humano, cualquiera sea su
historia o su religión. Comenzando por los pobres, los más parecidos a Jesús.
Patricia Ynestroza-Ciudad del Vaticano
Vatican News
