Marcas de octubre

Ayer, en la Eucaristía de la tarde, de pronto
descubrí que tenía manchado el pulgar derecho.
Era una mancha extraña, una especie de línea
recta, algo difuminada, que bajaba desde la uña hasta la yema. ¡Era algo
rarísimo! Estaba segura de que había entrado a la iglesia con las manos limpias
(y desinfectadas). ¿Cómo me había hecho esa marca?
Metí la mano en el bolsillo buscando un pañuelo para
limpiarme, pero lo que encontré fue que el portaminas que llevo se había roto.
De pronto todo encajó: en ese bolsillo, las minas
llevaban todo el día frotándose con el rosario. Antes de misa lo habíamos
rezado; al pasar las cuentas entre mis dedos, ¡me habían ido dejando marca!
No pude evitar sonreír pensando aquello de que “el
roce hace el cariño”...
Y si esto es verdad con cualquier persona, ¡mucho
más con Jesucristo!
Me resulta impresionante su gesto de amor: hacerse
tan pequeño que podamos (¡literalmente!) tocarle; ¡Él, que podía ser el Dios de
las Alturas!, y, sin embargo, quiso poder “rozarnos”.
Cristo está a tu disposición en cada momento. Y te
espera en todos los Sagrarios. Él no quiso ser un Dios “intocable”, sino que se
arriesgó a todo para poder estar cerca de ti. Porque bien sabe que, cada minuto
que estamos con Él, nos vamos pintando con su amor. ¡Y podremos después pintar
a los demás!
Hoy el reto del amor es que busques una iglesia y
pares unos minutos a estar con Cristo en el Sagrario. ¡Se ha hecho cercano para
que puedas encontrarle, para poder “rozarte”! Cristo nunca se impone por la
fuerza, prefiere la paciente constancia del amor, pues sabe que “la gota no
perfora la roca por su fuerza, sino por su perseverancia”. ¡Y Él siempre está
ahí para ti! ¡Feliz día!
VIVE DE CRISTO
Fuente: Dominicas de Lerma