Muchas otras cosas hizo allí Jesús, además de resucitar a Lázaro
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| Marion Doss | CC BY-SA 2.0 |
El
evangelista Juan evoca con mucha precisión la ciudad bíblica de Betania: «muy
cerca de Jerusalén, a una distancia de quince estadios (es decir,
aproximadamente media hora de caminata)» (Jn 11, 18). Hoy ese camino directo es
impracticable, a causa del muro que rodea los territorios palestinos, y para
acceder hay que dar una vuelta más larga.
Según el relato evangélico, parece sobre todo que Betania era la
aldea de los amigos de Jesús, Lázaro y sus dos hermanas, Marta y María.
Probablemente se trataba de una familia judía acomodada, propietaria de
terrenos y bien considerada en Jerusalén.
No hay duda de que Jesús había tejido profundos lazos de amistad
con ellos y que sin duda le gustaba descansar allí, especialmente en la noche
del famoso Domingo de Ramos, cuando Jesús fue recibido triunfalmente en
Jerusalén: «Entonces los dejó y salió de la ciudad en dirección a Betania,
donde pasó la noche ”, agrega Juan.
La
resurrección de Lázaro
Es en
Betania también tiene lugar la famosa comida con Simón el leproso y la unción
de María. Betania resulta ser una ciudad bíblica relevante en más de un
sentido. El «descanso del guerrero» para Jesús y sus discípulos.
Pero probablemente el evento más conmovedor que tuvo lugar en
Betania fue sin duda la resurrección de Lázaro, cuyos detalles la Biblia nos
recuerda con emoción.
El lugar del milagroso hecho se puede visitar en
la actualidad: la que la tradición afirma que es la Tumba de Lázaro, venerada
desde el siglo IV. La antigüedad del culto en este lugar está atestiguada por
los restos de un enorme complejo bizantino, del que habla la peregrina Egeria
en sus crónicas.
Sobre
los restos bizantinos y otros posteriores de la época cruzada, los franciscanos
de la Custodia de Tierra Santa hicieron construir un santuario, llamado de la
Amistad, en 1954. En él pueden admirarse bellos frescos sobre los
acontecimientos evangélicos que tuvieron lugar en esta zona.
Una
galería de 24 escalones conduce al recinto mortuorio, pues el acceso original
de la tumba quedó clausurado en terreno musulmán. Impacta entrar en la gruta
excavada bajo tierra, y divivida en dos cámaras: una interior, donde habría
sido depositado el cuerpo, y otra más grande exterior, desde donde Jesús habría
gritado su potente «¡Lázaro, sal fuera!».
Una
experiencia que ningún peregrino a Tierra Santa debería perderse…
(Con
información de la Custodia de Tierra Santa)
Inma Álvarez
Fuente: Aleteia
