LUCHA PACIENTE CONTRA
LOS DEFECTOS
II. Es
necesario saber esperar y luchar con paciente perseverancia, convencidos de que
con nuestro interés agradamos a Dios.
III. Además
de ser pacientes con nosotros mismos hemos de serlo con quienes tratamos con
más frecuencia.
«Se celebraba por
entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno. Paseaba Jesús
por el Templo, en el pórtico de Salomón. Entonces le rodearon los judíos y le
decían: ¿Hasta cuándo nos vas a tener en vilo? Si tú eres el Cristo, dínoslo
abiertamente.
Les respondió Jesús: Os lo he dicho y no lo creéis; las obras que
hago en nombre de mi Padre, éstas dan testimonio de mí. Pero vosotros no creéis
porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y me
siguen. Yo les doy vida eterna; no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mi
mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos; y nadie puede arrebatarlas
de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno.» (Juan 10, 22-30)
I. No podemos nunca
“conformarnos” con deficiencias y flaquezas que nos separan de Dios y de los
demás, excusándonos en que forman parte de nuestra manera de ser, en que ya
hemos intentado combatirlos otras veces sin resultados positivos. La Cuaresma
nos mueve precisamente a mejorar en nuestras disposiciones interiores mediante
la conversión del corazón a Dios y las obras de penitencia que preparan nuestra alma para recibir las
gracias que el Señor quiere darnos.
El Señor siempre está dispuesto a
ayudarnos, sólo nos pide nuestra perseverancia para luchar y recomenzar cuantas
veces sea necesario, sabiendo que en la lucha está el amor. Nuestro amor a
Cristo se manifestará en el esfuerzo por arrancar el defecto dominante o
alcanzar aquella virtud que se presenta difícil adquirir, y en la paciencia que
hemos de tener en la lucha interior.I. No podemos nunca “conformarnos” con
deficiencias y flaquezas que nos separan de Dios y de los demás, excusándonos
en que forman parte de nuestra manera de ser, en que ya hemos intentado
combatirlos otras veces sin resultados positivos.
La Cuaresma nos mueve
precisamente a mejorar en nuestras disposiciones interiores mediante la
conversión del corazón a Dios y las obras de penitencia que preparan nuestra alma para recibir las
gracias que el Señor quiere darnos. El Señor siempre está dispuesto a
ayudarnos, sólo nos pide nuestra perseverancia para luchar y recomenzar cuantas
veces sea necesario, sabiendo que en la lucha está el amor. Nuestro amor a
Cristo se manifestará en el esfuerzo por arrancar el defecto dominante o
alcanzar aquella virtud que se presenta difícil adquirir, y en la paciencia que
hemos de tener en la lucha interior.
II. Es necesario saber
esperar y luchar con paciente perseverancia, convencidos de que con nuestro
interés agradamos a Dios. La adquisición de una virtud no se logra con
esfuerzos esporádicos, sino con la continuidad en la lucha, la constancia de
intentarlo cada día, cada semana, ayudados por la gracia. El alma de la
constancia es el amor; sólo por amor se puede ser paciente (SANTO TOMÁS, Suma
Teológica) y luchar, sin aceptar los defectos y los fallos como algo
inevitable. En nuestro caminar hacia el Señor sufriremos derrotas; muchas de
ellas no tendrán importancia; otras sí, pero el desagravio y la contrición nos
acercarán todavía más a Dios. Este dolor es el pesar de no estar devolviendo
tanto amor como el Señor se merece, el dolor de estar devolviendo mal por bien
a quien tanto nos quiere.
III. Además de ser
pacientes con nosotros mismos hemos de serlo con quienes tratamos con más
frecuencia, sobre todo si tenemos obligación de ayudarles en su formación, o
una enfermedad. Hemos de contar con los defectos de quienes nos rodean. La
comprensión y fortaleza nos ayudarán a tener calma, sin dejar de corregir
cuando sea oportuno y en el momento indicado. La impaciencia hace difícil la
convivencia, y también vuelve ineficaz la posible ayuda y la corrección.
Debemos ser especialmente constantes y pacientes en el apostolado. Las personas
necesitan tiempo y Dios tiene paciencia: en todo momento da su gracia, perdona
y anima a seguir adelante. Con nosotros ha tenido esta paciencia sin límites.
Pidamos a Nuestra Madre paciencia para nosotros mismos y para los que nos
rodean.
Textos basados en ideas de Hablar con Dios de F. Fernández Carvajal.
Fuente: Almudi.org