Cuando
tu trabajo depende de un botón...
Hola,
buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Es
una sensación terrorífica. Seguro que a ti también te ha pasado alguna vez.
Llevaba toda la tarde trabajando un documento en el ordenador. Sé que, mientras
se trabaja, hay que estar pendiente de darle a guardar de vez en cuando... pero
yo me centro en lo que estoy haciendo, y se me olvida. Y esos despistes pueden
salir muy caros.
Fue
al final de la tarde cuando me di cuenta de que no había guardado ni una vez.
Inmediatamente di al botón correspondiente... y el ordenador decidió
bloquearse.
Aparece
el temible cartel de “No responde”... la pantalla toma un color blanco... yo
con taquicardias...
En
esos momentos fui consciente de las horas que llevaba en ese proyecto. Si en un
instante se perdía, ¡me iba a dar un patatús!
“Guardado”,
notificó de pronto el ordenador.
¡¡Uuuuuuuffff,
qué alivio!!
Ya
en la oración, todavía con un poco de susto en el cuerpo, me vino a la mente la
frase de un salmo: “No olvidéis las acciones del Señor”.
Fue
entonces cuando caí en la cuenta de las horas y horas que Cristo dedica en cada
uno de nosotros, en cuidarnos, en ir abriéndonos caminos en el mar. Cambios de
planes, “coincidencias”, la palabra exacta en el momento oportuno... ¡hace
auténticas filigranas por nosotros!
Dicen
los Evangelios que María, al ver las acciones de Dios, las guardaba en su
corazón. ¿Y tú? ¿Das alguna vez a “guardar” en tu corazón, o sigues trabajando
sin más?
Todos
los detalles, acontecimientos, en los que hemos visto actuar a Jesucristo, son
un precioso tesoro que no debemos olvidar. Son luces en el camino que
demuestran de forma concreta lo mucho que Cristo te ama, lo mucho que le
importas: ¡Él pelea a tu favor!
Y,
tan grande es su amor, que incluso promete que “aunque ellos se olviden, yo no
te olvidaré” (Is 49, 15).
Hoy
el reto del amor es hacer memoria de Jesucristo, de Su acción en tu vida. Te
invito a que, en tu oración, recuerdes al menos tres acontecimientos en que
viste al Señor obrando en tu historia. ¡Refresca la memoria de tu corazón!
Cristo te ha cuidado tanto hasta este momento... ¡y seguirá haciéndolo! ¡Feliz
día!
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma