El
paraíso requiere mucha fuerza de voluntad
La disciplina es la capacidad de
establecer un orden mínimo necesario para ejecutar de manera eficaz una
actividad. Requiere perseverancia para conseguir los objetivos deseados,
soportando las molestias que esto ocasiona. La disciplina es necesaria en los colegios,
en las empresas, en los hospitales, en todas las instituciones. Por eso se
establecen horarios, plazos, normas y penalidades, entre otros.
Por su parte, la autodisciplina es la
capacidad de imponerse ese orden para hacer las cosas de manera eficiente, útil
y constante, sin abandonar o decaer en el intento. Es fundamental para
desarrollar muchas otras virtudes como la fortaleza y la templanza ante las
adversidades.
¿Cómo se forja la autodisciplina? Hay
muchas técnicas que pueden ayudar a desarrollarla y a perfeccionarla. Pero
nuestra intención en este post es ir un paso más atrás y reflexionar sobre las
condiciones internas que se requieren como base para poder aplicar luego
exitosamente dichas técnicas.
Porque para ser disciplinado hay que
saber dominar la conducta, tener iniciativa, saber tomar decisiones, planificar
y poner en orden la imaginación. Se requiere previsión, aplicación, empeño,
orden, descanso y perfección.
No se puede hacer todo a la vez y no todo
tiene la misma importancia por lo que hay que saber distribuir las tareas en
distintos periodos y encontrar los medios necesarios para ejecutarlas. Todas
estas habilidades no se adquieren únicamente con la práctica. También requieren
mucho trabajo interior y, sobre todo, un gran conocimiento de sí mismo para
saber detectar todo aquello que nos aleja de alcanzar nuestros objetivos.
Algunas reflexiones sobre la disciplina
La imaginación es importante porque nos
ayuda a forjar sueños. Sin embargo, la disciplina nos ayuda a conseguirlos.
Cuando uno es joven, es muy fácil dejarse “engatusar” por todos esos lemas que
nos invitan a pensar que las cosas suceden con sólo desearlas o visualizarlas.
Pero esa sólo es la primera parte de emprender una tarea. También hay que
trabajar mucho para conseguirlo y, para eso, la disciplina es una gran aliada.
Toda actividad que no sea superflua necesita esfuerzo.
La disciplina ayuda a que prevalezca la
razón. Cuando actuamos sólo por instintos, afectos o pasiones, la conducta se
vuelve errática. Cuando razonamos y ponemos un orden
lógico para seguir algunos pasos que nos lleven a un objetivo concreto, la
disciplina será la que nos permita llegar a la meta de una manera directa sin
perdernos en caminos sin sentido.
Como decíamos, para que sea la razón la
que rija nuestra vida y no así las emociones desbordadas, es importante
aprender a serenarnos. Sobre todo cuando nos enfrentamos a dificultades y a
obstáculos. Es decir, para
ser disciplinados tenemos que desarrollar la virtud de la templanza que nos
permite aprender a superar el miedo al dolor y al sacrificio que nos hace
perezosos o temerosos. Tener
temple es hacer lo que se ha previsto y no lo que a uno le apetece, si eso va
en contra de los objetivos que queremos alcanzar.
Para ser disciplinados es muy importante
hacer un trabajo serio para conocernos a nosotros mismos. Y no se trata de
filosofía barata. Al hacer este trabajo interior sabremos qué pasa por nuestra
cabeza, cuáles son nuestras distracciones, dónde invertimos la mayor parte de
nuestro tiempo y cómo, cuáles son nuestras motivaciones y nuestras acciones
concretas. Esto nos ayudará a poner orden y, por lo tanto, disciplina, ahí
donde nuestros defectos no nos estén ayudando.
Para lograr crecer en disciplina, por lo
tanto, es importante hacer un examen de conciencia diario. Esto se hace al
final del día en dos o tres minutos. Se trata de hacer un balance de lo que
hemos hecho, dejado de hacer, de lo que dijimos, de lo que pensamos y de los
motivos de nuestras acciones. En este examen podemos detectar qué nos distrajo,
nos molestó, nos alegró y lo que no nos permitió avanzar en nuestros objetivos
del día. Así, podemos ver con realismo cómo somos realmente y no nos quedamos
con una idea errónea de nosotros mismos que, finalmente, nos puede jugar malas
pasadas a la hora de desarrollar proyectos de manera eficiente. Eso sí, hay que
ser muy sinceros.
Ser disciplinados requiere entrenamiento.
Es como un deporte. Si uno deja de practicarlo, se pierde la
forma y es muy duro recuperarla. No hay que caer en esas charlatanerías que nos
rodean actualmente que nos venden el placer sin esfuerzo. Eso es mentira. El
paraíso requiere mucha fuerza de voluntad.
No basta querer. No optar por lo fácil y
no concederse todos los gustos no es ser masoquista, es ser realista y tener
ganas de ser cada día mejor. En caso contrario, la vida termina por arruinarse.
Todos conocemos la famosa cita del poeta romano Juvenal: “mente sana en cuerpo
sano”. ¿Pero saben como sigue el texto? “Pide un ánimo fuerte, sin temor a la
muerte (…), que pueda sobrellevar cualesquiera penalidades; que no se enfade,
que nada desee, y que prefiera los trabajos y apuros de Hércules a los
placeres, cenas y plumas de Sardanápalo”. Así se forja un carácter y una
voluntad fuertes. Con esa forma de vivir, realmente uno puede lograr lo que
quiere.
Artículo originalmente publicado por La Mamá Oca
Fuente: Aleteia
