Muchos, especialmente en Occidente, tienen la impresión de una Iglesia que no los entiende y que está lejos de sus necesidades”
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La
audiencia del Papa a los participantes en el Encuentro de Centros Académicos
y
Escuelas de Nueva Evangelización
(Vatican Media)
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Este pasado sábado al mediodía el Papa Francisco recibió en
audiencia a 300 participantes del Encuentro Internacional de Centros Académicos
y Escuelas de Nueva Evangelización sobre el tema "¿Es posible encontrar a
Dios? Caminos de Nueva Evangelización", organizado por el Consejo
Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización
“Cómo encender
el deseo de encontrar a Dios a pesar de los signos que oscurecen su presencia”.
Comienza con este tema de reflexión central para la evangelización el Papa
Francisco, dirigiéndose hoy a los participantes en el Encuentro Internacional
de Centros Académicos y Escuelas de Nueva Evangelización, sobre el tema
"¿Es posible encontrar a Dios? Caminos de Nueva Evangelización".
Un evento organizado por el Consejo Pontificio para la Promoción de la
Nueva Evangelización desde el 19 hasta el 21 de septiembre. “Lo mismo sucede
con muchos de nuestros contemporáneos: Dios está cerca de ellos, pero no pueden
reconocerlo”, puntualiza el Papa, recordando que había ocurrido algo similar
también a los discípulos de Emaús, que desanimados no pudieron reconocerlo.
Sentir la
maravilla de su presencia
El Pontífice explica que el "secreto",
“reside en sentir, junto con las propias incertidumbres, la maravilla de esta
presencia”. “Hacer enardecer el corazón es nuestro desafío”. Un desafío que
enfrenta algunos obstáculos:
“A menudo sucede que la Iglesia es un recuerdo frío
para el hombre de hoy, o una ardiente decepción, como lo fue la historia de
Jesús para los discípulos de Emaús. Muchos, especialmente en Occidente, tienen
la impresión de una Iglesia que no los entiende y que está lejos de sus
necesidades”.
Ocuparse de una
Iglesia mundanizada
Ante una iglesia "mundanizada" que sigue
“los criterios de éxito del mundo y olvida que no existe para proclamarse a sí
misma, sino a Jesús” el Papa señala un camino: “hay que ocuparse”. Porque
la Iglesia – explica - "cuando no siente el ardor de actuar el Evangelio
en el presente, termina siendo más un lindo hallazgo de museo que la sencilla y
festiva casa del Padre. ¡La tentación de los museos!"
Sin embargo, el Papa constata que son muchos los hijos
que el Padre quiere hacer "sentir como en casa"; “son nuestros
hermanos y hermanas que, beneficiándose de muchos logros técnicos, viven
absorbidos por el torbellino de un gran frenesí”.
Cuántas personas a nuestro lado viven apuradas,
esclavas de lo que debería ayudarles a sentirse mejor y olvidar el sabor de la
vida: la belleza de una familia grande y generosa, que llena el día y la noche,
pero que ensancha el corazón, la luminosidad que está en los ojos de los niños,
que ningún teléfono inteligente puede dar, la alegría de las cosas sencillas,
la serenidad que da la oración.
Sólo amar y ser
amados
El Papa afirma que nuestros hermanos nos piden solo
una cosa esencial, algo que “corresponde a las necesidades más profundas”:
“amar y ser amados, ser aceptados por lo que uno es, encontrar la paz del
corazón y una alegría más duradera del entretenimiento”.
Todo esto – continúa el Papa – “lo hemos experimentado
en una sola palabra, y más aún en una sola persona, Jesús” y tenemos esta
misión: “encontrarnos con nuestros contemporáneos para hacerles conocer su
amor. No tanto enseñando, nunca juzgando, sino haciéndonos compañeros de
camino”.
¡Qué importante es sentirse interpelado por las
preguntas de los hombres y mujeres de hoy! Sin pretender tener respuestas
inmediatas y sin dar respuestas pre-envasadas, sino compartiendo palabras de
vida, no para hacer prosélitos, sino para dejar espacio a la fuerza creadora
del Espíritu Santo, que libera el corazón de la esclavitud que lo oprime y
renueva. Transmitir a Dios, pues, no es hablar de Dios, no es justificar su
existencia: ¡hasta el diablo sabe que Dios existe! Anunciar al Señor es
testimoniar la alegría de conocerlo, es ayudar a vivir la belleza de su
encuentro.
Dios es
experiencia de amor
Dios – continúa el Papa - no es la respuesta a
una curiosidad intelectual o a un compromiso de voluntad, sino una ‘experiencia
de amor’, llamada a convertirse en ‘historia de amor’. “Dios es amor” dice a
continuación remitiéndose a la Escritura de Juan, “es amor incondicional, no
cambia, no obstante todo aquello que podamos hacer”.
Con el primer
anuncio la vida cristiana se renueva siempre
“Qué hermoso es anunciar este Dios fiel a nuestros
hermanos que viven en la tibieza” – agrega el Santo Padre. Qué hermoso es
decirles: "Jesucristo los ama, dio su vida para salvarlos, y ahora está
vivo a vuestro lado cada día" (Evangelii gaudium, 164). El anuncio del
cual se desarrolla la vida de Fe:
Con este primer anuncio la vida cristiana se renueva
siempre. Quisiera reiterar ante ustedes que "cuando decimos que este
anuncio es 'el primero', no significa que está al principio y después se olvida
o se sustituye por otros contenidos que lo superan. Es el primero en el sentido
cualitativo, porque es el anuncio principal, el que siempre debemos volver a
escuchar de diferentes maneras y que siempre debemos volver a proclamar durante
la catequesis de
Ser signos
vivos del amor proclamado
Finalmente, Francisco recuerda que la vida de fe
renace del encuentro con Jesús y lo que “lo que en la vida es encuentro ayuda a
crecer en la fe”. De ahí su invitación a “acercarse a los necesitados,
construir puentes, servir a los que sufren, cuidar a los pobres, "ungir la
paciencia" a los que nos rodean, consolar a los que están desanimados,
bendecir a los que nos hieren”. Para convertimos "en signos vivos del Amor
que proclamamos".
María Cecilia Mutual - Ciudad del Vaticano
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