¡Dame
de beber!
Hola,
buenos días, hoy Matilde nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
En
el ordenador que tengo para trabajar en la celda, puse una imagen en el fondo
de escritorio: una cascada de una gran belleza. El agua cae y corre entre las
rocas verdes y en su caída fertiliza las rocas y la tierra abrupta que se llena
de flores sencillas y delicadísimas… Todo es verdor, vida y frescura… ¡Al
mirarla, parece que hasta se apaga la sed y uno se siente reconfortado!
¡En
estos días del verano, con tanto calor de hasta 40 grados, parecía que de aquí
me venía una brisa ligera muy agradable!...
¡Así
es de bonita y sorprendente la creación que Dios nos ha regalado!…
Pero
en verdad, cuando se contempla esta hermosura en la oración, todo lo que se ve,
no hace más que activar la sed de: ¡más, más saciedad, más Agua que dé
verdadera Vida, que colme las ansias de lo importante!…
Y
Jesús, que sabía bien todo esto, en un día de fiesta del pueblo de Israel en
que todos pedían a Dios agua para fertilizar sus campos y que dieran grandes
cosechas, se puso en pie y gritó: “¡Si alguno tiene sed, que venga a Mí y beba!
¡El que cree en Mí, ríos de agua viva correrán de su seno! …” Y también, a la
mujer samaritana le aseguró: “¡Mujer, el que beba del agua que yo le daré no
tendrá jamás sed, porque se hará en él una fuente, que salta hasta la vida
eterna! …”
Estas
son promesas que llenan esos huecos de nuestra existencia, creados por tantos
deseos insatisfechos, tantas súplicas que parecen ahogarse en nuestro pecho; en
definitiva, tantas ansias de eternidad y Vida, aunque no sepamos cómo
formularlos… Pero Jesús sí que sabe interpretarlos y, sobre todo, en su
Palabra, nos ha prometido saciarlos hasta rebosar…
¡Seamos
ávidos de la gracia de Dios!... ¡Arranquemos, a fuerza de deseo, el Espíritu
Santo que Jesús tiene sin medida y no desea sino apagar en todos nuestra sed
con su hartura!...
El
reto del amor es aprovechar todavía el verano, para pedir a Jesús el Agua Viva
que sacie mi sed de ser feliz y de recibir el Amor que me da vida…
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
