En 2019
se celebra la Coronación canónica de la imagen de la Virgen del Rocío, en su
ermita de Almonte (Huelva). La Virgen convoca cada año a más peregrinos y ya se
ronda la cifra del millón
Poco imaginarían los cristianos del siglo XIV que
aquella ermita de la Virgen encalada de una aldea de
la provincia de Huelva (Andalucía, España) iba a convertirse, con el transcurso
de los siglos, en el punto de reunión de cerca de un millón de personas que
van a manifestar su amor a la Madre de Dios en torno a Pentecostés.
El Rocío es
una pequeña aldea de unos 1.500 habitantes situada en el municipio de Almonte,
en la provincia de Huelva. Linda con el Parque
Nacional de Doñana, una maravillosa reserva por la que pasan la
mayoría de los peregrinos en sus últimos kilómetros de viaje. En el pueblo, el
centro de todas las miradas es la ermita blanca y
encalada de El Rocío, donde se venera la imagen de Nuestra
Señora mostrando al Niño Jesús a todos los fieles.
El Domingo de
Pentecostés la Iglesia Católica celebra la Venida del Espíritu Santo sobre la
Virgen y el Colegio Apostólico. “Pentecostés” significa en
griego “quincuagésimo” y se refiere a que ocurrió 50 días después de la
Resurrección de Cristo. Ahí comienza la acción de la Iglesia hasta el fin de
los tiempos.
La madrugada del Domingo al Lunes de
Pentecostés, el proximo día 10 de junio, se producirá el tradicional “salto de la reja” para
llevar el paso de plata en procesión.
Los Lunes de Pentecostés
El Lunes de Pentecostés es la fiesta
de Nuestra Señora del Rocío, una jornada especial para recordar
que el Espíritu Santo pudo actuar en la tierra gracias al sí incondicional de
la Virgen, que permitió el Nacimiento del Hijo de Dios en sus entrañas. El
rocío es la capa de humedad que hace fructificar las semillas en la tierra, y
es la metáfora para referirse a la Maternidad Divina de la Virgen.
La ermita del
Rocío permanece abierta todo el año pero
sin duda en la fecha de la fiesta de la Virgen (que cada año varía) tiene su
punto álgido. Miles de peregrinos se ponen en marcha, la mayoría de ellos una
semana antes, para recorrer a pie los kilómetros que sean necesarios: a pie,
con carretas y a caballo son los más tradicionales. Las Hermandades
del Rocío (las hay en los cinco continentes) son las que
se encargan de promover la romería.
A la Virgen
del Rocío también se la llama “Blanca Paloma”, en referencia a su pureza
virginal, “Virgen de las Marismas”, que uno puede ver en Doñana, “Lirio de las
Marismas…” La imagen fue hallada por un pastor (o cazador, no se
sabe) de Villamanrique de la Condesa en el siglo XV en esa
zona que entonces estaba sin cultivar, y por más que quiso llevarla al pueblo
de Almonte, situado a tres leguas, se quedó dormido y le desapareció: la Virgen
había regresado al punto donde había sido hallada. De ahí que decidieran
levantar ahí la ermita que hoy sigue en pie.
De todos
modos, los almonteños piden que de vez en cuando la Virgen viaje a su pueblo.
Esto ocurrió por última vez en 2012 y volverá a producirse el próximo 19 de
agosto de 2019, coincidiendo con “el Rocío chico”, ya
que desde 1949 se estableció que la Virgen “bajaría” cada 7 años. Para la
ocasión, la Virgen viste de Pastora.
El primer
documento acerca de la devoción al Rocío es el “Libro de montería” que
mandó escribir el rey Alfonso XI, en el siglo
XIV. La romería del Rocío, por su parte, está documentada desde
1653.
Centenario de la
Coronación
En 2019 se cumplen cien
años de la Coronación Canónica de la Virgen del Rocío. El
religioso, literato y humanista hinojero Juan Francisco Muñoz y Pabón aprovechó
su posición social para promover la coronación de la Virgen y esta se produjo el 8
de junio de 1919, fecha en que el cardenal Almaraz le colocó la
presea de Reina.
La Corona que
luce la Virgen presenta la imagen del Espíritu Santo posándose sobre la Tierra,
además de los bustos y atributos de los Doce Apóstoles.
Nuevo traje
Para el centenario, la imagen de Nuestra
Señora estrena traje, manto y corona, como también el Niño, a quien se llama Pastorcito
Divino.
El nuevo
traje, por su parte, ha sido elaborado en el taller de bordados de Fernando
Calderón, de Jerez de la Frontera (Cádiz). Sobre una base
de seda y tisú de plata con más de 2.000 piezas bordadas en oro, se encuentra
el escudo del Papa Francisco, el de la casa del Rey Felipe VI, actual monarca
de España, el de la Hermandad Matriz, el de Almonte y el de Jerez de la
Frontera, que es quien ha costeado el regalo a través de entidades y
particulares, desde el ayuntamiento y su hermandad del Rocío hasta el propio
maestro bordador.
El conjunto
está lleno de contenido teológico. En el corpiño, en un destello, se lee la
frase del evangelio “Recibid el Espíritu Santo”.
Pueden verse el escudo de San Juan Pablo II, que peregrinó al Rocío en 1993, y
la frase “Que todo el mundo sea rociero”, que fue
pronunciada desde el balcón del templo y dio la vuelta al mundo. También
aparecen ráfagas de sol, atendiendo a la visión de la Virgen que se narra en el
Apocalipsis.
Otras curiosidades
llenas de piedad y contenido son, por ejemplo, que siguiendo el ribete del
manto puede leerse la letra de las sevillanas “La Virgen del Rocío no es
obra humana” de Muñoz y Pabón. O que la cita “Recibid el
Espíritu Santo” queda justo detrás de la cabeza del Niño Jesús.
Los
pabellones y lazos simbolizaban riqueza y prosperidad en la antigua Roma. Aquí,
tal como señaló Fernando Calderón, han de interpretarse como riqueza
de la fe.
Hay mariposas
que son la alegoría del sueño cumplido, y broches de tembladera con piedras
preciosas.
Tanto en el
manto como en el traje, hay posadas mariposas como alegoría del sueño cumplido.
En el caso del vestido, mariposas bordadas en seda, exentas. En el manto,
broches de tembladera cuajados de piedras preciosas.
Nueva corona, Corona de
Amor
Todo parece poco a los rocieros para la
Virgen. En el centenario, también se la embellecerá con una nueva corona para
Ella y para el Niño. Se la llama ya Corona de Amor y ha
sido cincelada en la orfebrería de los Hermanos Delgado de Sevilla.
La Corona de
Amor lleva imágenes alusivas a la advocación y a la historia de la devoción
rociera. La conforman dos piezas –el canasto como corona de Reina del cielo y
la tierra, y el resplandor como luz divina–, y destaca el rojo de los rubíes,
color litúrgico de Pentecostés.
El canasto
está dividido en ocho caras y ocho pilastras, y contiene pequeñas hornacinas
que representan letanías lauretanas. Las pilastras están rematadas por jarras
de azucenas, que simbolizan la pureza de la Virgen y como ocurre con el manto,
contiene también el escudo de San Juan Pablo II, el de la Hermandad
Matriz y el de la Villa de Almonte, en memoria del
Patronazgo. Asimismo, aparecen los dogmas de la Virgen María.
Dolors
Massot
Fuente: Aleteia
