En su discurso a los magistrados del Tribunal de
Cuentas, Francisco subrayó que la corrupción es un flagelo que empobrece a
todos e instó a los administradores públicos a actuar con transparencia y
honradez
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| Encuentro del Papa con los jueces y el personal administrativo del Tribunal de Cuentas del Estado italiano (Vatican Media) |
Una cultura de la legalidad y de lucha contra la
corrupción, pasando por el control de los gastos y la atención a los pobres. El
Santo Padre se detuvo esta mañana a considerar estos temas durante su encuentro
en la Ciudad del Vaticano con los jueces y el personal administrativo del
Tribunal de Cuentas del Estado italiano. Francisco indicó los objetivos de un
servicio “orientado según la justicia hacia el bien común” y en defensa de “los
derechos humanos naturales, cuyo reconocimiento es una condición para la
existencia del estado de derecho”.
Visión
humanista de la profesión
El Papa señaló asimismo que el magistrado debe
combinar el rigor con una visión humanista de su profesión:
El control estricto de los gastos frena la tentación,
recurrente en quienes ocupan cargos políticos o administrativos, de gestionar
los recursos sin prudencia, sino con fines de clientelismo y mero consentimiento
electoral. “Hay que conceder un lugar preponderante a una sana política, capaz
de reformar las instituciones, coordinarlas y dotarlas de mejores prácticas,
que permitan superar presiones e inercias viciosas. Sin embargo, hay que
agregar que los mejores mecanismos terminan sucumbiendo cuando faltan los
grandes fines, los valores, una comprensión humanista y rica de sentido que
otorguen a cada sociedad una orientación noble y generosa” (Carta encíclica Laudato si',
181).
Lucha contra la
corrupción
En esta perspectiva se sitúa la “lucha incesante
contra la corrupción”:
Éste es uno de los flagelos más lacerantes del tejido
social, porque lo perjudica gravemente tanto ética como económicamente: con la
ilusión de ganancias rápidas y fáciles, en realidad empobrece a todos, privando
de confianza, transparencia y fiabilidad a todo el sistema. La corrupción
socava la dignidad de la persona y destruye todos los ideales buenos y bellos.
La sociedad en su conjunto está llamada a comprometerse concretamente para
contrastar el cáncer de la corrupción en sus diversas formas.
Trabajar para
proteger a los más pobres
El deber de los administradores públicos, por tanto,
es actuar “con transparencia y honradez”, favoreciendo la relación de confianza
entre el ciudadano y las instituciones, “cuya desconexión es una de las
manifestaciones más graves de la democracia”, para proteger, en particular, a
los más débiles y pobres de la sociedad:
Los bienes comunes son recursos que deben ser
protegidos en beneficio de todos, especialmente de los más pobres, y frente a
su uso irresponsable el Estado está llamado a desempeñar una indispensable
función de vigilancia, sancionando debidamente las conductas ilícitas.
Hacer crecer la
cultura de la legalidad
En esta perspectiva, el Papa Francisco manifestó su
deseo de que los magistrados del Tribunal de Cuentas siempre puedan “estar
animados por la conciencia de prestar un servicio destinado a hacer crecer la
cultura de la legalidad en la sociedad” sin resignarse “a los males que
encontramos en nosotros y dentro de nosotros”:
Jesucristo nos insta a enfrentar el mal abiertamente y
a ir a la raíz de los problemas. Nos enseña a pagar personalmente en esta
lucha, no por la búsqueda de un heroísmo irrealista y de un protagonismo mal
escondido, sino con la humilde tenacidad de quienes realizan su trabajo, a
menudo escondido, resistiendo a las presiones que el mundo no deja de ejercer.
Marco Guerra – Ciudad del Vaticano
Vatican News
