Escribe
en tu dibujo
Hola,
buenos días, hoy Joane nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
A
eso de las 12 de la mañana, trae la Priora el correo al Noviciado y lo deja
encima de una silla. Estos días, al oír su llegada, una de nosotras corre con
emoción escaleras arriba para ver la silla.
Si
hay sobres encima, avisa:
-¡¡Sobres!!
-¡¡Sobres!!
Y
es que ya están llegando los dibujos de los primeros participantes del concurso
de dibujo de Primera Comunión y Confirmación. Ese grito es suficiente para
aglutinarnos a todas alrededor de los sobres que han llegado y, por turnos, los
vamos abriendo y compartiendo su contenido.
Dimos
la posibilidad a los participantes de escribir junto con su dibujo lo que ellos
quisieran y es esta parte la que nos está sorprendiendo.
Niños,
en su mayoría de 8 años, escriben pidiendo oraciones, abren su corazón y nos
hablan de aquello que les hace sufrir, de aquello que más les pesa en el
corazón. Incluso hay profesores que nos han compartido cómo a ellos les ha conmovido
esta experiencia con sus clases.
Y
es que el niño es niño, pero es consciente de lo que vive, de aquello que le
hace sufrir a su alrededor y, a su vez, tiene la certeza de que Jesús le
escucha, que está a su lado y le da la mano confiado.
Jesús
siempre ponía a los niños como ejemplo y modelo. Se saben pequeños,
necesitados, y cuando tienen una dificultad, se dejan llevar a “hombros de
gigantes” sabiendo que solos nada pueden; buscan sentirse protegidos y seguros.
Cuando
crecemos, nos cuesta más aceptar nuestra vulnerabilidad ante las dificultades y
tendemos a organizar por nuestra cuenta, sin dejarnos llevar a “hombros de
gigantes”, pues pensamos valernos por nosotros o nos obligamos a ser nosotros
los “gigantes”. Nos cuesta escribir a Jesús en el dibujo de nuestra vida con la
certeza de que Él va a actuar en aquello que nos preocupa, de que Él está a
nuestro lado. Sin embargo, nuestro corazón descansará y vivirá en paz (aun en
medio de las dificultades) si vive el abandono de un niño.
Hoy
el reto del amor es que escribas a Jesús con la certeza de un niño. Ve a una
capilla, coge un papel y háblale de aquello que te preocupa sabiendo que Él se
implica, y te podrás dejar llevar, seguro y confiado, “a hombros de un
Gigante”. Deja en sus manos todo lo que te pesa y... confía.
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
