Conócelas
para poder ver la verdad de ti y amar auténticamente a los demás
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| Shutterstock / Zurijeta |
En el libro Cartas del diablo a su sobrino,
Screwtape escribe sobre la humildad:
“En
consecuencia, debes ocultarle al paciente la verdadera finalidad de la
humildad. Déjale pensar que es, no olvido de sí mismo, sino una especie de
opinión (de hecho, una mala opinión) acerca de sus propios talentos y carácter.
Algún talento, supongo, tendrá realmente. Fija en su mente la idea de que la
humildad consiste en tratar de creer que esos talentos son menos valiosos de lo
que él cree que son. Sin duda son de hecho menos
valiosos de lo que él cree, pero no es ésa la cuestión.
Lo mejor es hacerle valorar una opinión por
alguna cualidad diferente de la verdad, introduciendo así un elemento de
deshonestidad y simulación en
el corazón de lo que, de otro modo, amenaza con convertirse en una virtud. Por
este método, a miles de humanos se les ha hecho pensar que la humildad
significa mujeres bonitas tratando de creer que son feas y hombres inteligentes
tratando de creer que son tontos. Y puesto que lo que están tratando de creer
puede ser, en algunos casos, manifiestamente absurdo, no pueden conseguir creerlo,
y tenemos la ocasión de mantener su mente dando continuamente vueltas alrededor
de sí mismos, en un esfuerzo por lograr lo imposible”.
Y es verdad, en el
intento de ser humildes nos dedicamos a mirarnos el ombligo, a
fijarnos más en nosotros mismos, pensando: “¡oh, Dios mío, mírame, siendo tan
humilde!”.
El tío Screwtape continúa
diciendo que la meta de Dios es que cada ser humano
pueda reconocerse como maravilloso y extraordinario.
Él señala que “cuando los
humanos hayan realmente aprendido a amar a sus vecinos como a sí mismos, se les
permitirá que se amen a sí mismos como a sus vecinos”. ¿Alguna vez has pensado
en eso?
La
humildad, además de ser la virtud que nos permite ver la verdad de nosotros
mismos, nos permite amar auténticamente a los demás.
Pero en lugar de hablar sobre la
humildad, hablemos sobre lo que la humildad no es.
1. Vanidad
Si le preguntara a la mayoría de la gente
qué es lo opuesto a la humildad, creo que la mayoría pensaría en
orgullo/vanidad. Esa actitud egocéntrica centrada en los pensamientos y miradas
de uno mismo. Seguro que conoces a personas que cumplen con esta definición…
2. Olvidar tu valor
Alguien dijo una vez: “la
humildad no es pensar menos en ti mismo, sino pensar menos de ti mismo”.
Humildad no significa que odies lo que eres o lo que pareces, no significa
creer que eres inútil. Humildad significa reconocer el valor y los talentos de
otros, pero también significa reconocer tu propio valor, tus dones, la verdad
sobre ti mismo.
3. Presunción
Cuando las personas se jactan de sus
logros, parecen alejarse de todo lo bueno que han logrado. La humildad no
significa negar estos dones, significa reconocer que no todos tienen los mismos
talentos, privilegios u oportunidades que tú. En
consecuencia, no tienes que andar por ahí frotándolo en la cara de las
personas.
4. Poner demasiada confianza en tus
logros
Esa manía que tenemos de buscar cumplidos y
que generalmente lleva a que nos resintamos con las personas que se olvidan de
reconocer lo bien que hacemos las cosas. Si a ti no te los hacen, esfuérzate tú
por hacérselos a los demás. Acá hay otra razón para ser humilde no solo por ti,
sino por guiar a otros en la virtud y evitar los celos y el resentimiento.
5. No aceptar un cumplido sin
desanimarte (o reírte incómodamente)
También puede pasarnos al revés de lo que
acabamos de hablar. Podemos decirle a un amigo que ha hecho algo increíble:
“¡Dios mío, eso es increíble! ¡Eres tan talentoso!”, y luego él reirá
incómodamente y dirá: “¡no!, ¡es terrible!”. Alguien que es verdaderamente
humilde simplemente agradece y celebra el regalo que le es dado.
6. Olvidar que gracias a Dios todas
las cosas son posibles
Con frecuencia olvidamos esto: todos
nuestros talentos y logros solo son posibles gracias a Dios.
La soberbia se manifiesta en una
forma muy sutil pero muy frecuente en nuestros días:
el perfeccionismo. Sentir
que el peso del mundo está sobre nuestros hombros, y que sin
ellos, todo se derrumbará.
Reorganiza
tus prioridades, mantén la vista en lo esencial y, sobretodo, no te dejes robar
la alegría. Una
persona humilde recuerda que Dios tiene todo en sus manos y que todo viene de
Él.
7. Desacreditar tus dones y atribuirle
todo a Dios
También está el riesgo de caer en el otro
extremo: imagínate que cada vez que hagas algo bien digas algo como: “bueno, no
fui yo, fue Dios”. Es cierto que todo proviene de Dios, pero depende
de ti usar los dones que Él te dio.
Es bueno señalar a Dios, pero
también es bueno reconocer cuánto trabajaste para lograr algo y recordar a las
personas que te ayudaron a llegar a este punto. Dios no permite mágicamente que
las cosas sucedan.
De hecho, reconocer tu papel en
lo que haces, glorifica más a Dios porque demuestra tu participación en su
Plan.
8. Guardar tus talentos
Puedes ser un líder y ser humilde, de hecho, la humildad es un rasgo
excelente en un líder. Esto significa expresar tu opinión cuando alguien te la
pide, significa hacer preguntas, admitir fallas y buscar ayuda cuando no sabes
cómo hacer algo. Un líder humilde actúa con integridad y busca el bien de
todos.
9. “No seas tan humilde, no eres tan
genial”
El punto de esta cita sarcástica es creer
que tenemos que ser humildes porque somos ¡tan buenos! Comenzar a sentirnos
orgullosos porque somos ¡tan humildes! Espero que para ti esto tenga sentido.
Es un poco difícil de explicar
el sarcasmo. Esencialmente, una vez que celebras lo humilde que eres,
es probable que no hayas adquirido ni el mínimo de humildad y debas reflexionar
más sobre el trabajo que hace la gracia de Dios en tu vida.
“Solo veo una
cosa que hacer, por el momento. Tu paciente se ha hecho humilde: ¿le has
llamado la atención sobre este hecho? Todas las virtudes son menos formidables
para nosotros una vez que el hombre es consciente de que las tiene, pero esto
es particularmente cierto de la humildad. Cógele en el momento en que sea
realmente pobre de espíritu, y métele de contrabando en la cabeza la
gratificadora reflexión: “¡Caramba, estoy siendo humilde!”, y casi
inmediatamente el orgullo —orgullo de su
humildad— aparecerá. Si se percata de este peligro y trata de ahogar esta nueva
forma de orgullo, hazle sentirse orgulloso de su intento, y así tantas veces
como te plazca” (Cartas del diablo a su sobrino).
Luisa
Restrepo
Fuente:
Aleteia
