Los galardonados fueron la teóloga Marianne Schlosser
y el arquitecto Mario Botta
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| 2018.11.17 Premio Ratzinger (Vatican Media) |
El Papa Francisco, complacido por participar también
este año en la ceremonia de entrega de los premios de la Fundación Pontificia,
tras saludar a los ganadores, al cardenal Angelo Amato y al padre Federico
Lombardi, presidente de la fundación, invitó a los presentes a dirigir juntos
un “afectuoso y agradecido pensamiento al Papa Emérito Benedicto XVI”
«En el contexto de los grandes problemas de nuestro
tiempo, la teología y el arte deben pues, seguir siendo animados y elevados por
el poder del Espíritu, fuente de fuerza, alegría y esperanza»: con estas
palabras el Papa Francisco sintetizaba en el mediodía del 17 de setiembre, su
agradecimiento y su aliento a las dos personalidades que fueron galardonadas
con el Premio Joseph Ratzinger, conferidos por la Fundación Vaticana que lleva
el nombre del Papa Emérito Benedicto XVI. Los galardonados fueron la teóloga
Marianne Schlosser y el arquitecto Mario Botta
El patrimonio
cultural y espiritual de Benedicto XVI
El Papa Francisco, complacido por participar también
este año en la ceremonia de entrega de los premios de la Fundación Pontificia,
tras saludar a los ganadores, al cardenal Angelo Amato y al padre Federico
Lombardi, presidente de la fundación, invitó a los presentes a dirigir juntos
un “afectuoso y agradecido pensamiento al Papa Emérito Benedicto XVI”:
“Como admiradores de su patrimonio cultural y
espiritual – dijo - , ustedes han recibido la misión de cultivarlo y seguir
haciéndolo fructificar, con ese espíritu fuertemente eclesial que ha
distinguido a Joseph Ratzinger desde los tiempos de su fecunda actividad
teológica juvenil, cuando ya dio frutos preciosos en el Concilio Vaticano II, y
luego de manera cada vez más comprometedora en las sucesivas etapas de su larga
vida de servicio, como profesor, arzobispo, jefe de Dicasterio y, finalmente,
Pastor de la Iglesia universal”.
“El suyo –prosiguió - es un espíritu mira con
conciencia y valentía los problemas de nuestro tiempo y sabe extraer de la
escucha de la Escritura en la tradición viva de la Iglesia la sabiduría
necesaria para un diálogo constructivo con la cultura de hoy. En esta línea los
animo a seguir estudiando sus escritos, pero también a abordar los nuevos temas
sobre los que la fe está llamada al diálogo, como los que han evocado y que
considero de gran actualidad, el cuidado de la creación como casa común y la
defensa de la dignidad de la persona humana”.
Estimular la
contribución de las mujeres en ámbito teológico
Sucesivamente el Papa Francisco manifestó su especial
agradecimiento a las dos personalidades que han recibido el Premio, expresando
su complacencia porque el Premio de Investigación y Enseñanza de Teología haya
sido otorgado a una mujer, la profesora Marianne Schlosser:
“No es la primera vez -porque la profesora Anne-Marie
Pelletier ya lo ha recibido-, pero es muy importante que se reconozca cada vez
más la contribución de las mujeres en el campo de la investigación teológica
científica y de la enseñanza de la teología, consideradas durante mucho tiempo
territorios casi exclusivos del clero. Es necesario que esta contribución sea
estimulada y que encuentre un espacio más amplio, coherente con el crecimiento
de la presencia femenina en los diferentes campos de responsabilidad de la vida
de la Iglesia en particular, y no sólo en el campo cultural. Desde que Pablo VI
proclamó a Teresa de Ávila y a Catalina de Siena doctoras de la Iglesia, no
cabe duda de que las mujeres pueden alcanzar las cimas más altas en la
inteligencia de la fe. Juan Pablo II y Benedicto XVI también lo han confirmado,
incluyendo en la serie de doctores los nombres de otras mujeres, Santa Teresa
de Lisieux y Hildegarda de Bingen”.
El arte sagrado
es de altísimo valor y debe ser reconocido
Luego de recordar que desde el año pasado la premiación
se ha extendido al ámbito de las artes de inspiración cristiana, manifestó su
felicitación al arquitecto Mario Botta, de reconocida fama mundial:
“A lo largo de la historia de la Iglesia, los
edificios sagrados han sido una llamada concreta a Dios y a las dimensiones del
espíritu allí donde el anuncio cristiano se ha difundido en el mundo; han
expresado la fe de la comunidad creyente, la han acogido y han contribuido a
dar forma e inspiración a su oración. El compromiso del arquitecto que creó el espacio
sagrado en la ciudad de los hombres es, por tanto, de altísimo valor y debe ser
reconocido y animado por la Iglesia, en particular cuando se arriesga el olvido
de la dimensión espiritual y la deshumanización de los espacios urbanos”.
Levantar la
cabeza hacia Dios
Tras sintetizar el valor del arte y la teología en el
contexto de los problemas de nuestro tiempo, Francisco concluyó recordando las
palabras del Papa Emérito sobre la esperanza, con ocasión de su visita a
Bagnoregio, patria de San Buenaventura, y con ellas agradeció a los teólogos y
arquitectos que “nos ayudan a levantar la cabeza y a dirigir nuestros
pensamientos a Dios”, con el augurio de que su noble trabajo siempre se dirija
a este fin:
«Una bella imagen de la esperanza la encontramos en una
de sus predicaciones de Adviento, donde compara el movimiento de la esperanza
con el vuelo del ave, que despliega sus alas lo más ampliamente posible y para
moverlas emplea todas sus fuerzas. En cierto sentido toda ella se hace
movimiento para elevarse y volar. Esperar es volar, dice san Buenaventura. Pero
la esperanza exige que todos nuestros miembros se pongan en movimiento y se
proyecten hacia la verdadera altura de nuestro ser, hacia las promesas de Dios.
Quien espera —afirma— "debe levantar la cabeza, dirigiendo a lo alto sus
pensamientos, a la altura de nuestra existencia, o sea, hacia Dios" (Sermo
XVI, Dominica I Adv., Opera omnia, IX, 40a)».
Griselda Mutual - Ciudad del Vaticano
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