El
pasado 5 de noviembre el Santo Padre dirigió un Mensaje a la XXV Asamblea
General de la CONFER, la Conferencia Española de Religiosos, que se reúne en
Madrid, del 13 al 15 de este mes
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| Mensaje del Papa a la XXV Asamblea General de la CONFER (Vatican Media) |
Al
dirigirse en su Mensaje a
este organismo de derecho pontificio constituido por los Superiores Mayores de
los Institutos Religiosos y las Sociedades de Vida Apostólica establecidos en
España, el Papa escribe que se han creado lazos de fraternidad, reciprocidad y
comunión, tanto en las tareas propias de la CONFER como a través de la
solidaridad y ayuda entre consagrados y consagradas en muchos momentos y
circunstancias.
De
ahí que el Pontífice los invite “a mirar con confianza el futuro de la vida
consagrada en España”, de acuerdo con el lema elegido para esta Asamblea que
es: “Les daré un futuro lleno de esperanza”.
El Señor nos da esperanza
con sus mensajes de amor
Sí,
porque como escribe el Santo Padre, “el Señor nos da esperanza con sus
constantes mensajes de amor y con sus sorpresas, que a veces nos pueden dejar
desorientados, pero nos ayudan a salir de nuestras clausuras mentales y
espirituales”. Y añade que “su presencia es de ternura, nos acompaña y nos
compromete”.
En
cuanto al camino realizado como CONFER, el Papa escribe que “no se deben
escatimar esfuerzos para servir y animar la vida consagrada española, para que
no le falte la memoria agradecida ni la mirada hacia el futuro, pues no cabe
duda de que el estado de la vida religiosa, sin ocultar incertidumbres y
preocupaciones, está lleno de oportunidades y también de entusiasmo, pasión y
conciencia de que la vida consagrada hoy tiene sentido”.
Hombres y mujeres de
esperanza
Francisco
insiste en un concepto que ha expresado ya en otras oportunidades, y es que la
Iglesia necesita que seamos profetas, es decir, “hombres y mujeres de
esperanza”. Justamente, uno de los objetivos del año de la vida consagrada –
recuerda – animaba a “abrazar el futuro con esperanza”.
Alude
también a las dificultades que vive hoy la vida religiosa, como la disminución
de vocaciones y el envejecimiento de sus miembros, o los problemas económicos y
el reto de la internacionalidad y la globalización, sin olvidar las insidias
del relativismo, la marginación y la irrelevancia social. Pero en estas
circunstancias – afirma el Papa Bergoglio – “se eleva nuestra esperanza en el
Señor, el único que nos puede socorrer y salvar”, tal como él mismo escribe en
su Carta Apostólica a todos los
Consagrados con ocasión del Año de la Vida Consagrada.
Contagiar a los jóvenes
con la alegría del Evangelio
“Esta
esperanza – escribe Francisco – nos lleva a pedir al Señor de la mies que mande
trabajadores a su mies y a trabajar en la evangelización de los jóvenes para
que se abran a la llamada del Señor”. Y explica que éste es un gran desafío, el
de “estar al lado de los jóvenes para contagiarlos con la alegría del Evangelio
y la pertenencia a Cristo”. Para lo cual, se necesitan “religiosos audaces”,
que abran nuevos caminos y un planteamiento de la cuestión vocacional como
opción fundamental cristiana.
La vida consagrada camina
en santidad
El
Santo Padre recuerda que como religiosos “debemos obsesionarnos, desgastarnos y
cansarnos viviendo las obras de misericordia, que son el programa de nuestra
vida”. Naturalmente “no se trata de ser héroes ni de presentarnos a los demás
como modelos, sino de estar con los que sufren, acompañar, buscar con otros
caminos alternativos, conscientes de nuestra pobreza, pero también con la
confianza puesta en el Señor y en su amor sin límites”.
Por
esta razón – asevera – es necesario volver a escuchar “la llamada a vivir con
la Iglesia y en la Iglesia, saliendo de nuestros esquemas y comodidades, para
estar cerca de situaciones humanas de sufrimiento y desesperanza que esperan la
luz del Evangelio".
Vivir con humilde audacia
mirando al futuro
El
Santo Padre Francisco concluye su mensaje a la Conferencia Española de
Religiosos impulsando a vivir con humilde audacia mirando al futuro y en
actitud de escucha del Espíritu”. Y tras impartirles la bendición del Señor
formula votos para que la Virgen Santa los acompañe y los ayude a descubrir el
camino a seguir; a la vez que pide que por favor, no se olviden de rezar por
él.
María
Fernanda Bernasconi – Ciudad del Vaticano
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