“No hay ley humana que pueda
garantizar la dignidad personal y la libertad del hombre con la seguridad que
comunica el Evangelio de Cristo confiado a la Iglesia”
El
cardenal Secretario de Estado Vaticano participó en el 8º Simposio
internacional "Derechos fundamentales y conflictos entre derechos",
organizado por la Fundación Vaticana Joseph Ratzinger-Benedicto XVI en
colaboración con la Universidad Lumsa, en el 70° aniversario de la Declaración
Universal de los Derechos Humanos.
"Los
derechos humanos son, sin duda, un tema de gran actualidad, complejo y, a
veces, controvertido. Las intervenciones de estos días nos brindan análisis
importantes y significativos, que destacan aspectos clave de la discusión,
desde el origen y el fundamento de los derechos humanos, pasando por su
jerarquía e interacción mutua hasta los límites donde pueden o deben
llegar", con estas palabras el cardenal Secretario del Estado Vaticano,
Pietro Parolin, inició su discurso pronunciado el jueves 15 de noviembre con
ocasión del 8º Simposio internacional "Derechos fundamentales y conflictos
entre derechos", organizado por la Fundación Vaticana Joseph
Ratzinger-Benedicto XVI en colaboración con la Universidad Lumsa, en el 70°
aniversario de la Declaración
Universal de los Derechos Humanos y cuando se cumplen veinte años de
la concesión del Doctorado
honoris causa de la Universidad al entonces cardenal Joseph Ratzinger.
Evolución de los derechos a través del diálogo
Durante su intervención, el purpurado
abordó el ámbito de investigación de esta temática, desde una perspectiva
diferente, centrándose especialmente en los interlocutores de la Santa Sede en
el campo de los derechos humanos y, por lo tanto, en el diálogo que establece
con la comunidad internacional.
"No podemos olvidar que la actitud de
la Iglesia y su propensión al diálogo sobre los derechos humanos han ido
evolucionando a lo largo de los siglos desde que la expresión apareció en los
comienzos de la Revolución Francesa en la Declaración de los derechos del
hombre y del ciudadano, del 26 de agosto, 1789", afirmó Parolin subrayando
que si bien en un inicio, estos fueron percibidos como "una
propaganda engañosa difundida por aquellos que en realidad pretendían subvertir
todo buen ordenamiento de la vida colectiva; el lenguaje de los derechos fue
entrando lentamente en la vida de la Iglesia con el desarrollo de la doctrina
social".
Iglesia: promotora de los Derechos Humanos
Tras
los dramáticos acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial y con la
instauración de una nueva relación con la modernidad en los años del Concilio
Vaticano II, la Iglesia abandonó la dialéctica inicial y se convirtió ella
misma en promotora de los derechos humanos fundamentales, aunque sin renunciar
a subrayar las prerrogativas de la ley divina.
Por
ello, el Secretario de Estado recuerda que tal y como afirma la Constitución
Pastoral Gaudium
et spes, “no hay ley humana que pueda garantizar la dignidad personal y la
libertad del hombre con la seguridad que comunica el Evangelio de Cristo
confiado a la Iglesia". Al mismo tiempo, pone en guardia sobre el riesgo,
en efecto, de caer en la tentación de juzgar que nuestros derechos personales
solamente son salvados en su plenitud cuando nos vemos libres de toda norma
divina.
"Por
tanto, si por un lado, en el curso del tiempo se abrió un diálogo fructífero
entre la Iglesia y la sociedad sobre el tema de los derechos a lo largo del
tiempo, por otro lado; no con poca frecuencia, suelen estar marcadas las
distancias acerca del contenido y el lenguaje adoptado", argumentó
Parolin.
La sacralidad del Derecho a la vida
Desde
este punto de vista, se entiende el compromiso concreto de la Santa Sede en
defensa de algunos derechos específicos a los que presta especial atención y en
cuya promoción está comprometida; como el derecho a la vida en todas sus fases:
desde el momento de la concepción hasta la muerte natural, por lo que también
participa activamente en la promoción de la eliminación universal de la pena de
muerte.
El respeto a la dignidad de los migrantes
Profundizando sobre la actual crisis
migratoria y el derecho humano a la búsqueda de un futuro seguro y mejor que
garantice la propia supervivencia; Parolin argumentó que el Papa Francisco no
ha dejado de recordar la urgente necesidad de cuidar de aquellos que se ven obligados
a abandonar sus tierras debido a guerras y persecuciones, así como por el
hambre y las dificultades económicas.
"Sabemos que el compromiso del Santo
Padre con la promoción de la dignidad de los más débiles, especialmente de los
niños y adolescentes que se ven forzados a vivir lejos de su patria y separados
de los afectos familiares, le ha acarreado a veces la hostilidad, especialmente
de aquellos que han visto su territorio fuertemente afectado por las recientes
oleadas migratorias", y para no caer en malentendidos, el Secretario
subrayó que el Pontífice ha siempre defendido que la acogida de los
migrantes "debe ser razonable, es decir, debe ir acompañada de la
capacidad de integración y de la prudencia de los gobernantes".
Libertad religiosa y de pensamiento
En cuanto al derecho a la libertad
religiosa, el purpurado destacó que no es sólo la de un pensamiento o de un
culto privado: es la libertad de vivir según los principios éticos
consiguientes a la verdad encontrada, sea privada que públicamente.
“No hay ley humana que pueda garantizar la
dignidad personal y la libertad del hombre con la seguridad que comunica el
Evangelio de Cristo confiado a la Iglesia”
"La
Santa Sede, por consiguiente, está en primera línea en la promoción del derecho
a la libertad religiosa, trabajando por un lado para evitar la marginación de
la religión en la sociedad civil, por el otro para que en todas las sociedades
los derechos de todos los ciudadanos estén igualmente protegidos
independientemente de sus creencias religiosas", explicó indicando que
junto con la libertad religiosa, es importante afirmar la libertad de
conciencia.
“Esta
libertad consiste en que todos los hombres han de estar inmunes de coacción,
tanto por parte de individuos como de grupos sociales y de cualquier potestad
humana".
No perder el nexo con la humanidad
Al cierre de su ponencia, el cardenal
Parolin afirmó que la tentación moderna es acentuar mucho la palabra
"derechos", dejando de lado la más importante: "humanos".
“La Santa Sede, por consiguiente, está en
primera línea en la promoción del derecho a la libertad religiosa, trabajando
por un lado para evitar la marginación de la religión en la sociedad civil, por
el otro para que en todas las sociedades los derechos de todos los ciudadanos
estén igualmente protegidos independientemente de sus creencias religiosas”
«Si
los derechos pierden su nexo con la humanidad, se convierten sólo en
expresiones de grupos de interés. Del mismo modo, los deberes relacionados con
ellos caen, y así al afirmar los derechos del individuo, ya no se tiene en
cuenta que cada ser humano está unido a un contexto social, en el cual sus
derechos y deberes están conectados a los de los demás y al bien común de la
sociedad misma».
«En
el debate sobre los derechos, el desafío para la Iglesia y, por lo tanto,
también para la Santa Sede en los diversos foros internacionales no es defender
posiciones o "poseer espacios", como diría el Papa Francisco, sino
proponer de manera simple y transparente su visión del hombre: no el producto
solitario del azar, sino el hijo de un Padre amoroso, que "a todos da la
vida, el aliento y todas las cosas" (Hechos 17:25). Es un camino arduo,
que sin duda merece ser recorrido», concluyó.
Sofía Lobos - Ciudad del Vaticano
Vatican News
