La
Iglesia debe antes que nada, saber interpretar el lenguaje de los chicos, que
"no es el nuestro, de los que ya tenemos unos años", dijo Mons.
Mons.
Carlos José Tissera, obispo de Quilmes, en Argentina, habló sobre su
intervención ayer en la congregación. Los temas que abordó: la droga, la
pobreza y el silencio doloroso que sufren muchos jóvenes hoy día
"La
creación entera gime con dolores de parto" de estas palabras de San Pablo
es que Mons. Tissera se basó para hablar en su ponencia en la congregación de
ayer por la mañana. Y recordó que también la juventud gime, grita de distintas
maneras. "Algunos gritos altisonantes, otros desesperados, otros
silenciados", la Iglesia tiene que escuchar todos estos gritos. También
gime el Espíritu en los obispos.
La
Iglesia debe antes que nada, saber interpretar el lenguaje de los chicos, que
"no es el nuestro, de los que ya tenemos unos años", dijo
Mons., tienen formas de mostrarse, formas de decir las cosas. Tienen sus
propios códigos y en eso hace falta una humildad de parte de los obispos, para
tener que preguntar, para acercarse, para no juzgar.
Sólo con humildad podremos
escuchar
Sólo
con humildad de parte de la Iglesia, es que se podrá escuchar a fondo a los
jóvenes, que están gritando que quieren ser felices, en definitiva es
eso, dijo el padre sinodal, ellos buscan el camino de la felicidad que
nosotros, los obispos, hemos encontrado: Jesús.
"Y
nosotros como obispos, debemos escucharles, dijo, para luego mostrarles el gran
tesoro, Jesucristo, que ellos se encuentren con Jesús, y nosotros ser
simplemente una mediación, una ocasión, para que realmente Jesús llegue, porque
así se ha querido y ese es el Evangelio. La Evangelización es mostrar a
Jesús".
Muchos jóvenes ven su
futuro en la muerte o en la cárcel
Mons.
Tissera afrontó este problema, porque en muchos barrios argentinos, sobre todo
el suyo, nacen y crecen chicos, y a los ocho o nueve años, ya prueban lo peor
de la droga que allá se llama el Paco, y que, como dijo el prelado, les
quema el cerebro, todo sus energías sus fuerzas, se concentran en cómo poder
tener un dinero para poder comprar la droga y saben que en algún momento
alguien los denuncia o la misma policía se los lleva a la cárcel, y después si
salen de la cárcel vuelven a lo mismo, y ya por allí encuentran la
muerte.
Es
muy triste este panorama, dijo Mons. Tissera, a veces uno recibe a la familia
de esos chicos, que está angustiada por esta situación. De allí que la tarea de
los obispos sea la de ofrecer caminos de prevención, primero con la acogida, la
ternura, la educación, la alimentación, el afecto, hacerles sentir que ellos
valen.
Tu vida vale
El
Padre sinodal recordó el encuentro pasado que se llevó a cabo en Buenos Aires
de toda la región con el tema "tu vida vale", un tema centrado en los
sentimientos de los jóvenes, porque en el fondo terminan pensando que sus vidas
no valen y esto los lleva a pensar también que la vida de los demás no vale, y
de allí surge la agresión, porque evidentemente en una situación de esas,
afirmó Mons. Tissera, el joven reacciona con toda esa fuerza que tiene de
vida pero mal, entonces agrede hasta a la misma familia, a los vecinos o a
quien sea. Todo ésto porque el chico se ve privado de tantas cosas que otros
tienen y ellos no las tienen.
A
partir de ésto, dijo el prelado, la Iglesia Católica, junto a otras iglesias e
instituciones deben ver como buscar un camino juntos, y por supuesto el Estado
también tiene que hacer lo suyo, sobre todo en el caso de la droga y del
narcotráfico. Mons. Tissera, ha podido ver chicos que gracias a Dios, se han
recuperado, y ven ya la vida de otra manera, se enamoran de Jesús porque es el
Salvador, esa fuerza Divina que los levanta, que los hace sentir que valen y
que Dios les ama, y esa fuerza es más fuerte que la droga.
La Sociedad: "la
juventud está perdida"
Ante
esta afirmación, Mons. Tissera expresó su tristeza, ésto no es verdad, es la
sociedad la que les cierra las puertas a los jóvenes. "Que culpa tiene un
niño o un joven de vivir y crecer en un mundo injusto donde recibe malos
tratos, a veces por su misma familia, o el lugar donde vive, lleno de
violencia, lleno de discriminaciones, es el mundo que hemos creado y que quizás
así lo hemos recibido nosotros. Pero siempre podemos encender una luz en la
oscuridad".
Patricia
Ynestroza-Ciudad del Vaticano
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