17ª
Congregación General esta mañana, 20 de octubre, para el Sínodo de los Obispos.
Los 14 informes de los Círculos Menores sobre la tercera parte del Instrumentum
Laboris fueron el eje de los trabajos
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Hoy 20 de octubre, 17ª Congregación General para el Sínodo de los Obispos centrada en los jóvenes |
¿Cuán
dispuesta está la Iglesia a dejarse "perturbar" por los sueños de los
jóvenes y a caminar con ellos para realizarlos, con novedad y belleza? Esto es
lo que se pregunta el Sínodo hoy, al concluir la reflexión sobre la tercera
parte del Instrumentum laboris.
La
Iglesia necesita - se lee en algunos de los 14 Informes de los Círculos
Menores- una conversión pastoral y misionera que no sea un mero ejercicio
técnico, sino una exigencia de la sequela Christi; una conversión orientada a
la renovación de la propia Iglesia para aspirar a ser más, a servir más.
El
sueño del Sínodo, en efecto, es una Iglesia más conforme al Evangelio. Y una
contribución esencial a esta conversión viene precisamente de los jóvenes:
ellos - subrayan los Padres sinodales - no deben ser sólo el
"receptor" preferencial de la acción pastoral, sino también
protagonistas y participantes activos en los procesos de toma de decisiones,
con vistas a la corresponsabilidad y la colegialidad, porque tienen algo
valioso que ofrecer, con lo que el Señor puede obrar milagros.
Los desafíos de los jóvenes
de hoy
Sin
embargo, los jóvenes de hoy se enfrentan a numerosos desafíos: la marginación,
especialmente de las mujeres víctimas del machismo y desigualdad; las
adicciones; la cuestión de las personas homosexuales que deben ser acompañadas
pastoralmente, para que crezcan en la fe y no sean discriminadas, porque la
Iglesia se opone a la discriminación de cualquier persona o grupo; el
desempleo; las cuestiones éticas sobre el tema de la sexualidad y el aborto,
que deben ser profundizadas para evitar confusiones; la influencia del
ocultismo; la tragedia de los abusos, de frente a los cuales la Iglesia puede y
debe ser reformada, para que sea verdaderamente un ambiente seguro y digno de
confianza.
Frente
a esto, nota el Sínodo, la Iglesia tiene la tarea prioritaria de transmitir el
don de la fe a través del acompañamiento, el discernimiento y la integración,
centrándose en la primacía de la escucha del Evangelio y buscando formas más
eficaces de confrontación con los jóvenes, como la música o el deporte. La Iglesia
-dice el Sínodo- debe estar "en salida" y es urgente una nueva
espiritualidad misionera.
La pastoral juvenil no
debe ser separada de la pastoral familiar
La
reflexión sobre la familia es también central, la "pequeña Iglesia",
escuela de amor y humanidad, punto de partida para llegar a Cristo: por eso,
dicen los Padres sinodales, la pastoral juvenil no puede ser considerada como
algo separado de la pastoral familiar. Junto a la familia, la parroquia también
debe ser repensada como un lugar de escucha, de comunión y de misión: se
necesitan comunidades fraternas, alegres, contagiosas -explica el Sínodo- donde
los jóvenes puedan asumir sus responsabilidades, quizás experimentando el
fracaso, que, sin embargo, si están bien acompañados, es siempre una fuente de
crecimiento. En resumen, los Padres señalan que los jóvenes deben acostumbrarse
a poner su confianza en Dios, gracias a un cuidado pastoral de fraternidad,
declinado en formas específicas como el oratorio o el servicio.
Es necesaria una
"ciudadanía digital" responsable
También
hay que prestar especial atención al mundo digital, tanto por sus aspectos
positivos en el campo de la evangelización, como por los aspectos negativos,
como la pornografía y el ciberacoso, en respuesta a los cuales el Sínodo pide
la elaboración de protocolos adecuados para la promoción de una
"ciudadanía digital" responsable. Y aun más: los Círculos Menores
recuerdan la necesidad de animar a las escuelas y universidades católicas,
capaces de una formación integral de la persona que sea de calidad, interdisciplinaria
y promotora de la "cultura del encuentro", porque la educación es un
acto de amor y fermento de comunión.
Compromiso con la justicia
social
Los
Informes de los Círculos Menores se centran también en la urgencia de un mayor
compromiso con la justicia social: la opción preferencial por los pobres -
lugar teológico de encuentro con Dios- coincide a menudo con la de los jóvenes,
a menudo indigentes. Y es en este contexto que los jóvenes católicos pueden
crear una alianza ecuménica e interreligiosa en diálogo con los no creyentes,
porque sólo partiendo de los pobres se puede soñar con un mundo más justo.
La
formación de los jóvenes en la Doctrina Social de la Iglesia, su
"inculturación" -añaden los Padres-, se hace también esencial para
combatir, por ejemplo, la corrupción y promover la paz y la salvaguardia de la
Creación. Los jóvenes, en efecto, pueden ser constructores de la civilización
del amor, guardianes de la casa común, transformando desde adentro, con los
valores del Evangelio y la misericordia de Dios, el mundo de la política, de la
economía, de la salud, de los medios de comunicación. Esencialmente se trata de
comprometerse a "santificar" el ámbito secular.
Los jóvenes,
"apóstoles de los migrantes"
El
Sínodo pide que se preste más atención a los cristianos víctimas de
persecución, cuyos testimonios se han escuchado en el Aula estos días, así como
a los migrantes, que deben ser acogidos, protegidos e integrados. Al mismo
tiempo, el Aula sugiere que se promueva su ayuda en patria a través de las
Iglesias particulares. En este contexto, los jóvenes pueden ser un apoyo
válido, convirtiéndose en verdaderos "apóstoles de los migrantes"
porque entre ellos, a menudo, hay muchos jóvenes. El Aula se detiene también en
las diversas expresiones de la piedad popular -por ejemplo, las
peregrinaciones- porque a veces ayudan a los jóvenes a hacer un viaje de
descubrimiento de la doctrina y de la moral cristiana, gracias a la "fuerza
evangelizadora" que ellas encierran.
La llamada a la santidad
A
continuación, el Sínodo reflexiona sobre la llamada a la santidad: los jóvenes
anhelan la santidad de vida y desean recibir consejos prácticos que les ayuden
en este camino. Por eso es importante no descuidar la dimensión espiritual,
porque permite a los jóvenes discernir el camino que Dios abre ante ellos.
Por
una parte, se necesitan compañeros competentes que ayuden a los jóvenes a tomar
las decisiones correctas; por otra, se necesita desarrollar un estilo de vida
cristiana propio de los jóvenes: por ejemplo, un estilo de oración, una lectio
divina o un modelo de celebración eucarística específico para ellos.
Es
necesario, en efecto, enseñar a los jóvenes que la Misa es un encuentro con
Dios, un momento en el que son conmovidos por Cristo. Y como lugar privilegiado
de evangelización, el misterio eucarístico, con su encanto, debe hacerse más
accesible a los jóvenes, gracias a un lenguaje adecuado, musical, artístico y
poético. Finalmente, varios informes muestran que el Sínodo es sólo el comienzo
de un proceso que, como una llama, debe ser llevado a cabo, alimentado y
difundido a nivel local.
Isabella
Piro - Ciudad del Vaticano
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