Palabras del Papa en el
Santuario ‘Mater Misericordiae’
“Esta
Madre, sin Niño, toda dorada, es la Madre de todos”: El Papa Francisco ha
llegado al Santuario de Mater Misericordiae, en la capitual lituana, a las
16:30 (hora local), donde ha sido recibido por el Metropolitano Ortodoxo y por
el párroco de la iglesia católica de Santa Teresa.
“Ella
ve en cada uno de los que vienen hasta aquí lo que tantas veces ni nosotros
mismos alcanzamos a percibir: el rostro de su Hijo Jesús grabado en nuestro
corazón”, ha compartido el Santo Padre con los fieles de Lituania, en su 25º
viaje apostólico.
“La Madre de la Misericordia, como toda buena madre, busca reunir a la familia y nos dice al oído: ‘Busca a tu hermano’. Así nos abre la puerta a un nuevo amanecer, a una nueva aurora”, ha invitado el Santo Padre al pueblo lituano.
Puerta de la Aurora
La
“Puerta de la Aurora” es lo que queda del muro protector de esta ciudad –ha
recordado el Papa– que servía para defenderse de cualquier peligro y
provocación, y que en 1799 el ejército invasor destruyó en su totalidad,
dejando solo esta puerta: ya entonces estaba allí la imagen de la “Virgen de la
Misericordia”.
La
historia de la imagen milagrosa más conocida de Lituania comienza con la
construcción del recinto en torno a la ciudad de Vilna.
La
defensa que debía defender la ciudad tenía nueve puertas y a la del sureste se
le denominó “Puerta de la Aurora”. El Rey Alejandro colocó la primera
piedra en 1498 y en 1503 se decoró la Puerta con una muy bonita imagen de la
Virgen.
Nuestra
Señora de Ostra Brama o de la Puerta Santa (mas tarde será también conocida
como de la Misericordia) es venerada por millones de personas de Lituania,
Bielorrusia, Rusia Blanca, Polonia y aun los polacos exiliados principalmente
en Estados Unidos.
Bendición a enfermos
En
la calle que dirigía a la entrada al santuario, aguardaban cientos de
niños huérfanos y familias de acogida, también un grupo de ancianos enfermos en
camillas o sillas de ruedas, a los que el Papa ha bendecido a su salida del
templo.
Dentro
de la capilla, el Santo Padre se ha encontrado con la Presidenta de la
República, el Embajador ante la Santa Sede y los miembros de la delegación
papal.
Santo Rosario
Tras
el canto de entrada, el Papa ha pronunciado un discurso y ha dirigido
el tercer misterio gozoso del Santo Rosario, y luego los niños y las familias
han rezado un misterio del Rosario en lituano.
Finalmente,
antes de asomarse al balcón para bendecir a los fieles, el Pontífice ha
ofrecido un Rosario de oro como regalo a la Virgen, y se ha cantado la oración
de Regina Coeli.
A
su salida del santuario Mater Misericordiae, el Papa se ha montado en el
Papa móvil para trasladarse a la plaza de la Catedral de Vilna, para
encontrarse con los jóvenes.
A
continuación, ofrecemos el discurso que ha leído el Papa Francisco en el
santuario de la “Virgen Negra” venerada en Vilna.
***
Discurso del Papa
Francisco
Queridos
hermanos y hermanas:
Estamos
frente a la “Puerta de la Aurora”, lo que queda del muro protector de esta
ciudad que servía para defenderse de cualquier peligro y provocación, y que en
1799 el ejército invasor destruyó en su totalidad, dejando solo esta puerta: ya
entonces estaba allí la imagen de la “Virgen de la Misericordia”, la Santa
Madre de Dios que siempre está dispuesta a socorrernos, a salir en nuestro
auxilio.
Ya
desde esos días, ella nos quería enseñar que se puede proteger sin atacar, que
es posible cuidar sin la necesidad enfermiza de desconfiar de todos. Esta
Madre, sin Niño, toda dorada, es la Madre de todos; ella ve en cada uno de los
que vienen hasta aquí lo que tantas veces ni nosotros mismos alcanzamos a
percibir: el rostro de su Hijo Jesús grabado en nuestro corazón.
Y
porque la imagen de Jesucristo está puesta como un sello en todo corazón
humano, todo hombre y toda mujer nos dan la posibilidad de encontrarnos con
Dios. Cuando nos encerramos dentro de nosotros mismos por miedo a los demás,
cuando construimos muros y barricadas, terminamos privándonos de la Buena
Noticia de Jesús que conlleva la historia y la vida de los demás. Hemos
construido demasiadas fortalezas en nuestro pasado, pero hoy sentimos la
necesidad de mirarnos a la cara y reconocernos como hermanos, de caminar juntos
descubriendo y experimentando con alegría y paz el valor de la fraternidad (cf.
Exhort. ap. Evangelii gaudium, 87).
Cada
día visitan a la Madre de la Misericordia en este lugar multitud de personas venidas
de muchos países: lituanos, polacos, bielorrusos y rusos; católicos y
ortodoxos. Hoy lo permite la fluidez de las comunicaciones, la libertad de
circulación entre nuestros países. Qué bueno sería que a esta facilidad para
movernos de un lugar a otro se le sumara también la facilidad para establecer
puntos de encuentro y solidaridad entre todos, para hacer circular los dones
que gratuitamente hemos recibido, para salir de nosotros mismos y darnos a los
demás, acogiendo a su vez la presencia y la diversidad de los otros como un
regalo y una riqueza en nuestras vidas.
A
veces pareciera que abrirnos al mundo nos lanza a espacios de competencia, donde
“el hombre es lobo para el hombre” y solo hay lugar para el conflicto que nos
divide, las tensiones que nos agotan, el odio y la enemistad que no nos llevan
a ninguna parte (cf. Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 71-72).
La
Madre de la Misericordia, como toda buena madre, busca reunir a la familia y
nos dice al oído: “Busca a tu hermano”. Así nos abre la puerta a un nuevo
amanecer, a una nueva aurora. Nos lleva hasta el umbral, como en la puerta del
rico Epulón del Evangelio (cf. Lc 16, 19-31). Hoy nos han esperado
niños y familias con las llagas sangrando; no son las de Lázaro en la parábola,
son las de Jesús; son reales, concretas y, desde su dolor y oscuridad, claman
para que nosotros les acerquemos la sanadora luz de la caridad. Porque es la
caridad la llave que nos abre la puerta del cielo.
Queridos
hermanos: Que al cruzar este umbral experimentemos la fuerza que purifica
nuestro modo de abordar a los demás, y la Madre nos permita mirar sus
limitaciones y defectos con misericordia y humildad, sin creernos superiores a
nadie (cf. Flp 2,3). Que al contemplar los misterios del rosario le
pidamos ser una comunidad que sabe anunciar a Cristo Jesús, nuestra
esperanza, a fin de construir una patria que sabe acoger a todos, que recibe de
la Virgen Madre los dones del diálogo y la paciencia, de la cercanía y la
acogida que ama, perdona y no condena (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium,
165); una patria que elige construir puentes y no muros, que prefiere la
misericordia y no el juicio. Que María sea siempre la Puerta de la Aurora para
toda esta bendita tierra.
Dejándonos
guiar por ella, recemos ahora una decena del Rosario, contemplando el tercer
misterio gozoso.
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Vaticano
Rosa Die Alcolea
Fuente:
Zenit
