Con
los ojos cerrados
Hola,
buenos días, hoy Joane nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Íbamos
por el claustro y, entre broma y juego, cogimos a una de las mayores por el
brazo y le hicimos cerrar los ojos hasta llegar a la iglesia. ¡Un reto de
confianza!
Extendía
las manos y paso a paso caminaba... Llegó perfectamente hasta la puerta,
pero... ¿cómo era posible? Con una sonrisa pícara nos confesó que abrió un
“poquito” los ojos por el camino.
Seguro
que de pequeño alguna vez has jugado también a esto: a ver si llego hasta...
sin abrir los ojos. Y el resultado era que los abrías antes de tiempo a pesar
de que la distancia era obvia, o pestañeabas un segundo para comprobar que todo
estaba bien en el camino.
Lo
que en estos momentos estás viviendo es como ese juego, que no ves el siguiente
paso a dar. Tienes unos brazos que te sujetan a tu lado: Cristo siempre camina
contigo, te agarra fuerte, vela por ti... pero no resulta fácil descansar en
ellos.
Como
esta hermana, abrimos los ojos, no vaya a ser que nos lleve por camino
equivocado o nos presente ante un escalón que no esperábamos.
Tendemos
a coger las riendas de lo que tenemos por delante con mucha facilidad.
Sin
embargo, Cristo es el que te muestra la meta y el que te lleva a ella de la
manera más insospechada. ¿Qué necesitas? Dejar que sea su brazo el que te vaya
llevando, dejar que sea Él el que te marque el camino, sin miedo, ¡confiado en
que estás en Sus manos!
Hoy
el reto del amor es que tengas la certeza de que Cristo te lleva del brazo.
Tendrás un imprevisto, una llamada, una visita, un plan diferente al que
esperabas... acepta esa situación que estaba fuera de tus planes, de tu
control, y deja que el Señor te lleve por ella disfrutando de cada momento.
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
