La
Conferencia Episcopal hace público un informe en el que se refleja la práctica
totalidad de la labor de la pastoral penitenciaria en nuestro país
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Un grupo
de presos del centro penitenciario Murcia II de Campos
del Río,
han peregrinado a Caravaca de la Cruz, Murcia, el 26 de octubre de 2017
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Con motivo de la festividad
de Nuestra Señora de la Merced, patrona de las instituciones penitenciarias, el
Departamento de Pastoral Penitenciaria de la Conferencia Episcopal acaba de
publicar el Informe de Recursos Pastorales correspondiente al 2017 que da
cuenta de la ingente labor que agentes de la Iglesia católica realizan en las
cárceles españolas y también fuera de ellas.
Los datos se refieren a 78
de los 82 centros penitenciarios, un 95% del total, y que aglutina a cerca del
99% de las personas privadas de libertad. En ellas trabajan 50 capellanes a
tiempo completo, 84 a media jornada y otros 28 de apoyo. Con estos colaboran
unos 2.700 voluntarios –2040 dentro de la cárcel y 660 fuera–. A nivel de
entidades, colaboran 358 parroquias, 196 congregaciones religiosas y 154 ONG.
Todos estos recursos
humanos se ponen en marcha para todo aquel que lo desee a través de programas
religiosos, sociales y jurídicos dentro de los centros penitenciarios, aunque
también hay posibilidad de continuar fuera. Así, más de 7.000 personas privadas
de libertad reciben atención por parte de la Iglesia en nuestro país, lo que
supone casi un 12 % del total.
Para ello, la Iglesia
invirtió en 2017 casi 810.000 euros destinados a ayudas directas a las personas
presas, así como a paquetes de ropa, a formación, y a casas de acogida para
atenderles cuando tienen algún permiso.
Según Florencio Roselló,
mercedario y director del Departamento de Pastoral Penitenciaria de la CEE,
«presentar una estadística conlleva un riesgo, que supone quedarse en los
datos, en los números, y no ir más allá». Pero este trabajo, continúa, muestra
«la gran riqueza humana comprometida con la cárcel y su entorno».
«El informe recoge un
compromiso global de la Iglesia con la persona privada de libertad, con aquellos
que están en situación de riesgo social en la calle, y con los que están
luchando por volver a la sociedad. Compromiso que nos lleva a atender tanto el
cuerpo como el espíritu. Nuestros programas, como refleja este estudio, quieren
atender a lo más necesario de cada persona en un momento concreto. Queremos ser
una Iglesia comprometida con el hombre y la mujer en su globalidad y en el
tiempo que nos toca vivir», concluye Roselló.
F. Otero
Fuente: Alfa y Omega
