Me quiere, no me quiere...
Hola,
buenos días, hoy Lety nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Ayer
por la tarde salí a pasear por el jardín del Noviciado. Estaba todo precioso,
una alfombra de flores amarillas cubre el verde de la hierba.
Me
senté un rato en el suelo. Cogí en mis manos una de esas flores y me puse a
deshojarla. Seguro que tú alguna vez también lo has hecho, diciendo: “Me
quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere...”
Al
poco rato miré al cielo y le di gracias al Señor por lo afortunados que somos,
ya que en nuestra flor solo hay un “Me quiere, me quiere, me quiere...”
Pensando
esto, miraba a la flor. Lo que de joven lo hacía para “saber” si un chico me
quería, ahora, en cada flor, tengo la certeza que mi Chico sí que me quiere; es
más, me ama con locura y da su vida por mí.
Qué
necesario es sentirnos amados. Para eso hemos sido creados: para dejarnos amar.
Muchos piensan que el Señor nos ha creado para amar... pero esto es en realidad
una segunda fase. La verdad es que nuestro Dios nos ha creado para amarnos Él
y, experimentando su amor, entonces poder amar nosotros.
En
nuestra vida siempre hacemos todo por referencias: como nos han amado, así
amamos; como nos han perdonado, así perdonamos... Por esto es tan necesario
vivenciar el amor de Cristo, porque, cuando lo experimentas en tu vida, todo
cambia: ya no es por lo que te han contado, sino porque tú lo has
experimentado. Ya no tendrás que coger una flor dudando si te ama o no te
ama... en tu corazón tendrás la certeza de ser infinitamente amado. Y lo que
ahora lo que nos toca hacer con este amor es repartirlo.
Hoy
el reto es que cojas una flor en tu mano. Deshójala diciendo: “Me ama, me ama,
me ama...”. Cuando des un paseo, o si vas por el campo o en el coche, mira la
belleza de las flores. Cada una de ellas... es una declaración de amor del
Señor. Así de grande es su amor por ti.
Fuente:
Dominicas de Lerma