Error de comunicación
Hola,
buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Ayer
me dispuse, por primera vez desde que estoy en Comu, a usar el escáner. En
realidad se trata de una impresora multifunción, y, como impresora, la uso
mucho, pero, como escáner... ¡era el momento de estrenarse!
Las
indicaciones en la pantalla de la impresora eran de lo más intuitivas. Programé
el escáner, coloqué la foto...
“Para
escanear, pulse ok”, me indicó amablemente en la pantalla.
Así
lo hice. Y no sucedió nada.
En
la pantalla de la impresora apareció una señal de alarma: “Error de
comunicación, compruebe la conexión”.
-¿Pero
qué conexión ni que gaita gallega? ¡¡Pero si es una impresora por cable!!
Decidí
comprobar el cable, tal vez estaba un poco suelto...
“Error
de comunicación, compruebe la conexión”.
-¿¿Otra
vez??
Apagué
y volví a encender la impresora... nada. Reinicié el ordenador... nada. Miré en
ajustes: todo correcto. Comprobé en el ordenador: detectaba que estaba enchufado
el escáner.
“Error
de comunicación, compruebe la conexión”. El asunto invitaba a la desesperación.
-¿Pero
puede saberse qué rayos te pasa?
Justo
entonces el Señor me hizo ver una pequeña opción que aparecía en una esquinita
de la pantalla del ordenador: “Instalar programa del escáner”. Hice click... ¡y
en segundos el escáner estaba en marcha! Sólo necesitaba su propio programa...
Dando
gracias al Señor, que lo había arreglado, descubrí... ¡que esto es lo que
celebramos en Navidad!
No
valía con estar cerca. No valía con tener un “cable de unión” a través de los
profetas. A pasar de todos los cuidados del Señor, entre nosotros y Él seguía
habiendo “error de comunicación”: ¡no teníamos el mismo programa, no hablábamos
el mismo idioma!
Al
fin y al cabo... ¿qué tiene que ver el Infinito con los seres mortales? ¿Cómo
conjugar su grandeza, omnipotencia... con nuestra pequeñez?
Sí,
Dios nos pillaba muy lejos, y, aunque Él y nosotros queríamos entrar en
comunicación, continuamente se daba el “error de conexión”.
Y
el Señor lo arregló, no instalando un simple programa... ¡sino convirtiéndose
en escáner! Él, que es Dios, se hizo hombre... para hacernos hijos de Dios.
Entonces
el Señor trajo a mi mente la última estrofa de un himno de la liturgia, que me
encanta. Dice un alma al Señor:
“Así:
sufriente, corporal, amigo, ¡cómo te entiendo! ¡Dulce locura de misericordia,
los dos de carne y hueso!”
Hoy
el reto del amor es que des gracias al Señor por este gran misterio que vamos a
celebrar. Disfruta escuchando que Cristo también te dice hoy: “¡Cómo te
entiendo!”
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
