El Papa Francisco celebra la Misa matutina
en la capilla de la Casa de Santa Marta
“Compasión”, “acercarse”,
“restituir”. Durante la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de
Santa Marta del 19 de septiembre, el Papa
Francisco pidió al Señor “la gracia” de la compasión “ante
tanta gente que sufre”, para que nos acerquemos y llevemos a estas personas “de
la mano” al lugar de la “dignidad que Dios quiere para ellos”.
Inspirándose en el Evangelio
de San Lucas, propuesto por la Liturgia del día, en el que se
relata la resurrección
del hijo de la viuda de Naín por obra de Jesús,
el Pontífice explicó que
en el Antiguo
Testamento los “más pobres de los esclavos” eran precisamente
las viudas, los huérfanos, los extranjeros, los forasteros. Y señaló que la
invitación recurrente es la de “cuidar” de ellos, para hacer que “se inserten
en la sociedad”. Y Jesús, que tiene la capacidad
de “ver el detalle”, porque “mira el corazón”, tiene compasión:
“La compasión es un sentimiento
que implica, es un sentimiento del corazón, de las entrañas, involucra todo. No
es lo mismo que la “pena”, o… “¡qué pecado, pobre gente!”: no, no es lo mismo.
La compasión compromete. Es “padecer con”. Esto es la compasión. El Señor se
compromete con una viuda y con un huérfano… Pero dime, tú tienes a toda una
muchedumbre aquí, ¿por qué no hablas a la gente? Deja… la vida es así… son
tragedias que suceden, suceden… No. Para Él era más importante aquella viuda y
aquel huérfano muerto, que la muchedumbre a la que le estaba hablando y que lo
seguía. ¿Por qué? Porque su corazón, sus vísceras se implicaron. El Señor, con
su compasión, se ha interesado en este caso. Tuvo compasión”.
La compasión, por lo tanto –
observó el Santo Padre –
impulsa “a acercarse”: se pueden ver tantas cosas, pero no acercarse a ellas:
“Acercarse y tocar la realidad.
Tocar. No mirarla desde lejos. Tuvo compasión– primera palabra – se acercó –
segunda palabra. Después hace el milagro y Jesús no dice: ‘Hasta la vista, yo
prosigo el camino’: no. Toma al muchacho y ¿qué dice? ‘Lo devolvió a su madre’: restituir,
la tercera palabra. Jesús hace milagros para devolver, para colocar en su
propio lugar a las personas. Y es esto lo que ha hecho con la redención. Tuvo
compasión – Dios tuvo compasión – se acercó a nosotros en su Hijo, y nos
restituyó a todos nosotros la dignidad de hijos de Dios. Nos ha recreado a
todos”.
La exhortación es a “hacer lo
mismo”, seguir el ejemplo de
Cristo, acercarse a los necesitados, no ayudarlos “desde lejos,
porque hay quien está sucio, “no se ducha” o “huele mal”:
“Muchas veces miramos los
telediarios o la primera página de los periódicos, las tragedias… pero mira, en
aquel país los niños no tienen qué comer; en aquel país los niños son soldados;
en aquel país las mujeres son esclavizadas; en aquel país… oh, ¡cuántas
calamidades! Pobre gente… Giro la página y paso a la novela, a la
telenovela que viene después. Y esto no es cristiano. Y la pregunta que yo
haría ahora, mirándolos a todos, y también a mí mismo: “¿Soy capaz de tener compasión?
¿De rezar? Cuando veo estas cosas, que me las llevan a casa a través de los
medios de comunicación… ¿mis entrañas se mueven? ¿Mi corazón padece con
aquella gente, o siento pena, digo ‘pobre gente’, y así?… Y si no puedes tener
compasión, pedir la gracia: ‘¡Señor, dame la gracia de la compasión’”!
Con la “oración de
intercesión”, con nuestro “trabajo” de cristianos – dijo el Papa Francisco al
concluir su reflexión – debemos ser capaces de ayudar a la gente que sufre, a
fin de que “sea restituida a la sociedad”, a la “vida de la familia”, del
trabajo; en suma: a la “vida cotidiana”.
María Fernanda Bernasconi
Radio Vaticano
