La
homilía del Papa en Medellín frente a un millón de personas: «Jesús enseña que
la relación con Dios no puede ser un apego frío a normas y leyes, ni tampoco un
cumplimiento de ciertos actos externos. No podemos ser cristianos que alcen
continuamente el estandarte de “prohibido el paso”»
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| La misa del Papa Francisco en Medellín |
«La
Iglesia no es nuestra, es de Dios. Todos tienen cabida» y «todos son invitados
a encontrar aquí y entre nosotros su alimento».
La
relación con Dios «no puede ser un apego frío a normas y leyes, ni
tampoco un cumplimiento de ciertos actos externos que no llevan a un cambio
real de vida» y «no podemos ser cristianos que alcen
continuamente el estandarte de “prohibido el paso”».
El Papa Francisco celebró
la Misa en el aeropuerto Enrique Olaya Herrera de Medellín, en el día de la memoria litúrgica de san Pedro Claver, jesuita y apóstol entre los esclavos
negros deportados, y explicó qué significa ser verdaderamente
discípulos.
El Papa
llegó a Medellín a bordo de un avión de Avianca, que aterrizó en el
aeropuerto internacional de la ciudad. Después tuvo que trasladarse en
helicóptero al otro aeropuerto para celebrar la Misa, pero la falta de
visibilidad lo obligó a usar el automóvil, por lo que llegó con una hora de
retraso. Miles de personas lo saludaban por las calles, en las que no se había
previsto el recorrido papal. Medellín es definida la “ciudad de la eterna
primavera”, por sus cálidas temperaturas, pero las condiciones meteorológicas
no eran muy buenas, pues llovió mucho.
Las personas que participaron en la
celebración tuvieron algunas dificultades para moverse entre el lodo. A su llegada Francisco fue recibido por el alcalde de la ciudad y
por el gobernador de la región de Antioquía. Recibió varios regalos,
como un sombrero y una bolsa. Después, a pesar del retraso, no dejó de dar una
vuelta con el papamóvil entre un millón de fieles que lo esperaron tanto
tiempo. El palco de la celebración se encontraba decorado con las flores
típicas de la región.
Al comenzar la Misa,
Francisco se dirigió a los presentes y dijo: «Les doy las gracias por las horas
que pasaron aquí bajo la lluvia». «Gracias por su
paciencia, perseverancia y coraje», añadió.
Recordó que Jesús les decía a
los doce que « cumplir es caminar tras Él, y que ese caminar los ponía frente a
leprosos, paralíticos, pecadores. Esas realidades demandaban mucho más que una
receta, una norma establecida», frente a los que, por el contrario, se sentían
seguros siguiendo «algunos preceptos, prohibiciones y mandatos». «Para el Señor, también para la primera comunidad –afirmó el Papa,
es de suma importancia que quienes nos decimos discípulos no nos aferremos a
cierto estilo, a ciertas prácticas que nos acercan más al modo de ser de
algunos fariseos de entonces que al de Jesús».
Después de haber notado que la libertad de Jesús se opone a la falta de libertad de los
doctores de la ley de esa época, paralizados por una interpretación y por una
práctica rigurosa de la ley, Bergoglio observó que Jesús «no se queda en un cumplimento aparentemente “correcto”,
Él lleva la ley a su plenitud y por eso quiere ponernos en esa dirección, en
ese estilo de seguimiento que supone ir a lo esencial, renovarse e
involucrarse».
Son tres
las actitudes del discípulo, explicó Francisco. La primera es «ir a lo esencial», que «no quiere decir “romper con todo” lo que
no se acomoda a nosotros, porque tampoco Jesús vino “a abolir la ley, sino a
llevarla a su plenitud”; es más bien ir a lo profundo, a lo que
cuenta y tiene valor para la vida». Ser discípulos no
puede convertirse en «una costumbre, porque contamos con un
certificado de bautismo, sino que debe partir de una viva experiencia de Dios y
de su amor».
«El
discipulado –continuó el Papa– no es algo estático, sino un continuo
movimiento hacia Cristo; no es simplemente el apego a la explicitación de una
doctrina, sino la experiencia de la presencia amigable, viva y operante del
Señor, un permanente aprendizaje por medio de la escucha de su Palabra. Y esa
palabra, lo hemos escuchado, se nos impone en las necesidades concretas de
nuestros hermanos».
La
segunda actitud que indicó el Papa fue «renovarse». Como Jesús «“zarandeaba” a
los doctores de la ley para que salieran de su rigidez, ahora también la Iglesia es “zarandeada” por el Espíritu para que deje sus
comodidades y apegos. La renovación no nos
debe dar miedo. La Iglesia está siempre en renovación — “Ecclesia
semper reformanda”—. No se renueva a su antojo, sino que lo hace «firme y bien
fundada en la fe, sin apartarse de la esperanza transmitida por la Buena
Noticia». Renovarse «supone sacrificio y valentía, no
para considerarse mejores o más pulcros, sino para responder mejor
al llamado del Señor.
El Señor del sábado, la razón de ser de todos nuestros
mandatos y prescripciones, nos invita a ponderar lo normativo cuando está en
juego el seguimiento; cuando sus llagas abiertas, su clamor de hambre y sed de
justicia nos interpelan y nos imponen respuestas nuevas». Y en Colombia, observó Francisco, «hay tantas situaciones que
reclaman de los discípulos el estilo de vida de Jesús, particularmente el amor
convertido en hechos de no violencia, de reconciliación y de paz».
La
tercera palabra que usó fue «involucrarse», aunque «para algunos eso parezca
ensuciarse, mancharse». «Hoy a nosotros –insistió– se nos pide crecer en arrojo, en un
coraje evangélico que brota de saber que son muchos los que tienen hambre,
hambre de Dios, hambre de dignidad, porque han sido despojados. Y me pregunto
si el hambre de Dios de tanta gente quizás no venga porque con nuestras
actitudes se la hemos despojado.
Hermanos, la Iglesia
no es una aduana, porque el corazón de su Dios está, no solo abierto, sino
traspasado por el amor que se hizo dolor». «Como
cristianos –afirmó–, ayudar a que se sacien de Dios; no impedirles o
prohibirles ese encuentro. No podemos ser cristianos que alcen continuamente el
estandarte de “prohibido el paso”, ni considerar que esta parcela es
mía, adueñándome de algo que no es absolutamente mío».
De hecho, la
Iglesia, repitió Francisco, «no es nuestra, es de Dios; Él es el
dueño del templo y del sembrado; todos tienen cabida, todos son invitados a
encontrar aquí y entre nosotros su alimento. El que
preparó las bodas para su hijo manda buscar a todos, sanos y enfermos, buenos y
enfermos, buenos y malos. Todos.Nosotros somos simples “servidores” y
no podemos ser quienes impidamos ese encuentro. Al contrario, Jesús nos pide, como
lo hizo a sus discípulos: “Denles ustedes de comer”; este es nuestro servicio».
Lo comprendió muy bien Pedro Claver, que hoy se celebra en la
liturgia y a quien mañana el Papa venerará en la ciudad colombiana de Cartagena.
«“Esclavo de los negros para siempre” –recordó– fue su lema de vida, porque
comprendió, como discípulo de Jesús, que no podía
permanecer indiferente ante el sufrimiento de los más desamparados y ultrajados
de su época y que tenía que hacer algo para aliviarlo».
El Papa insistió para
concluir que la Iglesia en Colombia «está llamada a
empeñarse con mayor audacia en la formación de discípulos misioneros, así como
lo señalamos los obispos reunidos en Aparecida en el año 2007.
Discípulos que sepan ver, juzgar y actuar, como lo proponía aquel documento
latinoamericano que nació en estas tierras. Discípulos misioneros que saben
ver, sin miopías heredadas; que examinan la realidad desde los ojos y el
corazón de Jesús, y desde ahí la juzgan. Y que arriesgan, actúan, se
comprometen».
ANDREA
TORNIELLI
ENVIADO A
MEDELLÍN
Fuente: Vatican Insider
