La
visita de Francisco en la Casa de la diócesis de Medellín que acoge a los
pequeños huérfanos. Entre ellos hay muchos hijos de las víctimas de los
conflictos que han ensangrentado Colombia
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| Un grupo de niños del hogar San José con el Papa |
La
de Claudia Yesenia García Ramírez es otra historia que simboliza los conflictos
que han ensangrentado Colombia durante el último medio siglo. Hoy tiene trece
años y se prepara para convertirse en maestra. Cuando tenía dos años los
guerrilleros mataron a sus padres y ella quedó gravemente herida.
Pudo
sobrevivir y tener un buen lugar que la acogiera gracias al Hogar de San José,
una casa para huérfanos de la que se ocupa la diócesis de Medellín, para niños
víctimas de la violencia y del abandono. Hay muchos niños que han sido víctimas
del conflicto armado que sacudió el departamento de Antioquía, cuya capital es
Medellín.
La
Casa forma parte de una fundación de los jesuitas de España, que nació tras la
guerra civil española para ayudar a los niños que habían quedado sin familias,
y la obra se difundió en diferentes países latinoamericanos.
Al
llegar al Hogar, Francisco fue recibido por un centenar de niños vestidos de
blanco y una chica vestida con un traje tradicional le ofreció aun ramo de
flores. Los niños entonaron un canto, algunos de ellos se acercaron para
abrazar al Papa.
Claudia
Yesenia, visiblemente conmovida, le contó al Papa que cuando tenía dos años
perdió a su familia en una masacre provocada por la guerrilla, «en San Carlos,
Antioquía. Solo sobrevivimos diez niños y mi tía. Desde ese momento nuestras
vidas cambiaron». La chica recibió un disparo en el abdomen, además de que una
bala le rozara la cabeza, dejándole varias esquirlas, «y por esto estuve mucho
tiempo en el hospital».
«A
mi tía —continuó la chica— se le cerró el mundo y no sabía qué hacer porque
quedamos 10 niños entre 2 y 8 años para sacar adelante, pero Dios es grande, se
dio cuenta de la obra de la Arquidiócesis de Medellín, los Hogares Infantiles
San José, y acudió a Monseñor Armando Santamaría, pidiendo ayuda. Él nos
recibió a todos en los hogares, como nuestra segunda familia. Hoy tengo 13 años
y con alegría puedo contar que soy una niña feliz, porque la cercanía de la
Directora y de las Formadoras que nos acompañan en los Hogares sanó mis dolores
y tristezas con el amor recibido y brindó la oportunidad de una vida nueva para
mí y mis hermanos». La chica se está preparando para convertirse en una maestra
y «enseñar los valores que he aprendido».
Después
de haberla escuchado con atención, Francisco le agradeció por su «valiente
testimonio». «Escuchando todas las dificultades por las que has pasado
—prosiguió— me venía a la memoria del corazón el sufrimiento injusto de tantos
niños y niñas en todo el mundo, que han sido y siguen siendo víctimas inocentes
de la maldad de algunos».
«También
el Niño Jesús —recordó el Papa— fue víctima del odio y de la persecución;
también Él tuvo que huir con su familia, dejar su tierra y su casa, para
escapar de la muerte. Ver sufrir a los niños hace mal al alma porque los niños
son los predilectos de Jesús. No podemos aceptar que se les maltrate, que se
les impida el derecho a vivir su niñez con serenidad y alegría, que se les
niegue un futuro de esperanza.
Pero,
explicó Bergoglio, «Jesús no abandona a nadie que sufre, mucho menos a ustedes,
niños y niñas, que son sus preferidos. Claudia Yesenia, al lado de tanto horror
sucedido, Dios te regaló una tía que te cuidó, un hospital que te atendió y
finalmente una comunidad que te recibió. Este “hogar” es una prueba del amor
que Jesús les tiene y de su deseo de estar muy cerca de ustedes».
Después
el Papa se dijo contento porque este hogar lleva el nombre de San José: «Quiere
decir que están en buenas manos. Estoy seguro de que así como san José protegió
y defendió de los peligros a la Sagrada Familia, así también los defiende,
cuida y acompaña a ustedes. Y con él, también Jesús y María, porque san José no
puede estar sin Jesús y sin María».
Para
concluir, el Papa se dirigió a los religiosos y laicos que acogen a estos
niños: «quisiera recordarles dos realidades que no deben faltar porque son
parte de la identidad cristiana: el amor que sabe ver a Jesús presente en los
más pequeños y débiles, y el deber sagrado de llevar a los niños a
Jesús».
Tras escuchar otra canción interpretada
por algunos niños, el Papa dijo: «Antes de irme, les voy a dar la bendición.
Rezamos juntos a nuestra Madre». Al concluir pidió a los presentes: «por favor,
no se olviden de rezar por mí».
ANDREA TORNIELLI
ENVIADO A MEDELLÍN
Fuente: Vatican Insider
