Hay
«pacientes que preguntan si siguen estando seguros con los religiosos. ¡Esta
pregunta no debería dejarnos dormir por las noches!», ha afirmado el superior
general de los hermanos de la Caridad. Sus hospitales psiquiátricos en Bélgica
quieren practicar la eutanasia
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El Papa Francisco saluda al hermano Rene Stockman,
superior general de los hermanos de la Caridad
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Los
hermanos de la Caridad y el Vaticano decidirán esta semana cómo actuar
frente a los hospitales belgas vinculados a la congregación que insisten en
practicar la eutanasia a pacientes psiquiátricos con un «sufrimiento
insoportable».
Una
de las posibilidades es que se rompan los vínculos entre la orden y la
organización Hermanos de la Caridad, que engloba sus 15 hospitales
psiquiátricos. Estos centros pertenecen nominalmente a los religiosos, pero los
gestiona una estructura paralela, en cuya junta directiva hay once laicos y
solo tres religiosos.
La
decisión que se tome esta semana se hará «de acuerdo con la visión del
Vaticano», ha declarado el superior general de los hermanos, René
Stockman. La Iglesia no puede «hacer concesiones» sobre el «respeto
absoluto a la vida. Creo que la Iglesia continuará siendo una voz clara frente
a la mentalidad que está creciendo en muchos países sobre la eutanasia y una
autonomía absoluta» de la persona.
«Los pasos legales
necesarios»
Stockman,
él mismo belga, ha intentado por varias vías rectificar el rumbo de los centros
que llevan el nombre de su congregación desde que se inició la polémica en
mayo. Ese mes, los hospitales anunciaron que permitirían la eutanasia a
pacientes psiquiátricos siempre que se contara con el visto bueno de tres
médicos.
Además
de los pasos que dio como superior general, el religioso pidió y obtuvo un
pronunciamiento de los obispos del país reafirmando el magisterio de la
Iglesia. Solo más adelante, en agosto, se implicó directamente el Vaticano, que
dio a Stockman la autoridad para tomar «los pasos legales necesarios» para
resolver la situación.
El
superior exigió entonces a los tres religiosos miembros de la junta directiva
que le escribieran una carta declarando que «apoyan totalmente la visión del
magisterio de la Iglesia católica, que siempre ha afirmado que la vida
humana debe ser respetada y protegida de forma absoluta desde el momento de la
concepción hasta su fin natural».
El tuit del ex primer
ministro
Sin
embargo, durante las semanas siguientes continuó la rebeldía del grupo médico.
Una de las muestras más claras vino de la mano de uno de los miembros de la
junta directiva, el ex primer ministro belga y expresidente del Consejo Europeo
Herman van Rompuy. El político democristiano afirmó en un tuit que «la época de Roma
locuta, causa finita pasó hace mucho».
El
12 de septiembre, el grupo médico ratificó en un comunicado su postura a
favor de la eutanasia. En el texto, afirma que su decisión parte «del marco de
pensamiento cristiano tal como lo aplicamos dentro de la organización»; es
decir, «tomando en consideración los cambios y las evoluciones dentro de la
sociedad».
La muerte no está en
manos del hombre
Stockman
respondió con un texto tajante. Hay «pacientes que, a través de las
enfermeras, preguntan si seguirán estando seguros con los hermanos de la
Caridad cuando los agentes sanitarios decidan que han agotado todos los
tratamientos. ¡Esta pregunta no debería dejarnos dormir por las noches!», afirmaba
al final.
También
refutaba punto por punto y de forma tajante las alegaciones de los miembros de
la junta directiva de la organización. «No depende del hombre –escribía–
decidir unilateralmente cuándo concluye el cuidado» que Dios le ha encomendado
sobre su propia vida. Cuando se empieza a hablar de eutanasia –advertía– los
criterios son arbitrarios y cada vez más flexibles.
Stockman
lamentaba además que, para los miembros de la junta, parece que «ya no hay un
mal intrínseco, sino que todo depende de la intención y la situación». «Me
pregunto cuál es el motivo de la organización Hermanos de la Caridad para
legitimar la eutanasia como acto en el que se mata a otro ser humano, si dicen
claramente que no es por la absolutización de la autodeterminación ni por
seguir la corriente actual».
María
Martínez López
Fuente:
Alfa y Omega