Sin cáscara mejor
Hola,
buenos días, hoy Joane nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Ayer
para comer tuvimos paella con unos pocos langostinos. Comí todo el arroz
dejando para lo último el langostino que me había tocado: lo mejor para el
final.
Cogí
el bichito, me dispuse a abrirlo y, de repente, como si de un aspersor se
tratase, ¡salió salsa en todas las direcciones! Mi escapulario parecía un
cotizado cuadro de Picasso.
Qué
cantidad de salsa tenía el langostino... y luego los miras y parecen
impermeables, que no pueden tener nada dentro, que no pueden ser ni blanditos.
Y sí, en muchos momentos somos como ese langostino.
Por
fuera parece que todo va bien, que nada hace que se nos "mueva la
ropa", sonrisa siempre, parece que estamos a prueba de golpes... y, sin
embargo, nos aprietan un poquito y saltamos por los aires como la salsa del
arroz, salpicando al que pillemos con una mala contestación, un desaire... y es
que en realidad no estamos tan bien: hemos ido tragando y tragando, pero sin
digerir las dificultades, los problemas de cada día.
Es
más, si nos quitan esa cáscara que nos recubre, que nos protege de nuestros
miedos y desconfianzas, somos blanditos y... ¡deliciosos! ¡El premio del plato
de paella!
El
Señor nada tiene que ver con un langostino perfecto; el Señor tiene todo que
ver contigo, que en tantos momentos sientes que no puedes más, que te sientes
débil y pobre; a ti te mira, a ti te tiende la mano. No te pongas cáscara
impermeable, deja que te vea como estás. Cristo se hizo hombre débil, sin
cáscara; no te pide que des ese listón que te exiges: deja que Él te sostenga.
Hoy
el reto del amor es que muestres con sencillez tu debilidad, tu limitación, lo
que sientes... con una persona cercana. No tengas miedo a quitarte la cáscara,
deja la apariencia a un lado: Cristo te ama como eres, y para los demás te
harás más cercano, más real y accesible. Pide al Señor el don de descubrirte
por dentro y poder mostrarlo por fuera sabiéndote amado así.
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma