Tiene
como objetivo la defensa y promoción del valor de la vida humana y de la
dignidad de la persona
El Papa Francisco ha aprobado y
promulgado el “Estatuto de la Pontificia Academia para la Vida”,
que entrará en vigor, durante un tiempo de cinco años, el 1 de enero de 2017.
La Pontificia Academia para la Vida, con
sede en la Ciudad del Vaticano, se instauró el 11 de febrero de 1994, durante
el Pontificado de San Juan Pablo II, en virtud
del Motu Proprio “Vitae mysterium”. Tiene como objetivo la defensa y promoción
del valor de la vida humana y de la dignidad de la persona.
La novedad del Estatuto, respecto a lo
que ya está en vigor, reside en la cooperación de la Pontificia Academia para
la Vida con los Dicasterios de la Curia Romana, principalmente con la
Secretaría de Estado y con el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, de acuerdo con sus
respectivas competencias y con un espíritu de colaboración. Asimismo, el
Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida propondrá a uno de los
miembros del Consejo Directivo.
Estudiar, formar e informar: estas son
las tres tareas principales de la Academia. En la introducción del Estatuto se
especifica que “la Academia tiene una tarea principalmente científica de
promoción y defensa de la vida humana. En particular, estudia los diferentes
aspectos relativos al cuidado de la dignidad de la persona humana en las
diferentes etapas de la vida, el respeto recíproco entre géneros y
generaciones, la defensa de la dignidad de cada ser humano, la promoción de la
igualdad de la vida humana que integran los valores materiales y espirituales,
en la perspectiva de una auténtica ‘ecología humana’, que ayude a encontrar el
equilibrio original en la Creación entre la persona humana y el universo
entero”.
En el Ordenamiento del Estatuto se
explica que la Pontificia Academia para la Vida se compone de una Presidencia
(Presidente, Canciller y Consejo Directivo), de una Oficina Central y de
miembros, también llamados Académicos. Al Presidente lo nombrará el Papa y
ocupará el cargo por el período fijado en el documento de nombramiento, con la
posibilidad de ser designado nuevamente.
Para ordenar mejor su propia actividad,
la Oficina Central se estructura en dos secciones: la sección científica y la
administrativa, o Secretaría. Los miembros se dividen en Ordinarios, Miembros
regulares, Miembros honorarios y Miembros jóvenes investigadores. A los
Académicos se les elegirá entre sacerdotes, religiosos y laicos pertenecientes
a diferentes nacionalidades y expertos en disciplinas relacionadas con la vida
humana (medicina, ciencias biológicas, teología, filosofía, antropología,
derecho, sociología, etc.).
En la descripción de la actividad
ordinaria, el Estatuto anuncia que “la Pontificia Academia para la Vida tendrá
que mantener una colaboración estrecha con los organismos e instituciones
mediante las cuales la Iglesia está presente en
el mundo de la ciencia biomédica, de la salud y de las organizaciones
sanitarias, ofreciendo la propia colaboración a los médicos e investigadores,
aunque no sean católicos o cristianos, que reconozcan, como fundamento moral esencial de la ciencia y de la
medicina, la dignidad del hombre y la inviolabilidad de la vida humana, desde
la concepción hasta la muerte natura, como figura propuesto en el Magisterio de
la Iglesia”. Cada año organizará una Asamblea General.
En el título IV del Estatuto, donde se
habla de los aspectos financieros, se lee que, en cuanto que es una institución
sostenida por la Santa Sede, la Pontificia
Academia para la Vida “presentará cada año un balance de sus actividades
ordinarias y extraordinaria. En caso de suficiente disponibilidad de medios
financieros, una parte de los recursos pueden destinarse a financiar becas y
otras iniciativas para la formación en bioética, en particular de personas de
países en vías de desarrollo, o en áreas donde la cultura de la vida tenga una
mayor necesidad de apoyo”.
Traducido y adaptado por Miguel Pérez
Pichel. Publicado originalmente en ACI Stampa.
Fuente:
ACI Prensa
