El cristianismo “no es una ética: es un encuentro con Jesucristo”. Y es el
Espíritu Santo “el que me lleva a este encuentro con Jesucristo”
Pocos días
antes de la Fiesta de Pentecostés, el Papa dedicó la homilía de la Misa en la Casa Santa
Marta a hablar del Espíritu Santo y explicar cómo obra en cada persona si de
verdad se le recibe.
El Papa comentó
las lecturas de la liturgia del día y dijo que muchos aseguran haber “aprendido
del Catecismo”
que el Espíritu Santo está “en la Trinidad” pero luego no saben “nada más sobre
el Espíritu Santo”.
“El Espíritu
Santo es el que mueve la Iglesia,
es aquél que trabaja en la Iglesia, en nuestros corazones, es el que hace de
cada cristiano una persona distinta a la otra, pero de todos juntos hace una
unidad”.
“Es aquél
–continuó- que lleva adelante, abre las puertas de par en par y te invita a dar
testimonio de Jesús”.
Francisco
siguió diciendo: “Es aquél que en nosotros nos enseña a mirar al Padre y a
decirle: ‘Padre’. Nos libra de esa condición de huérfano a la que el espíritu
del mundo nos quiere llevar”.
“El Espíritu
Santo es el protagonista de la Iglesia viva. Es aquél que trabaja en la
Iglesia”, repitió una vez más. Pero hay un peligro: “que cuando no vivimos
esto, cuando no estamos en lo alto de esta misión del Espíritu Santo”
reduzcamos “la fe a una moral,
una ética”.
Por ello, uno
no debe cumplir solo los mandamientos: “esto se puede hacer, esto no se puede
hacer, ‘¡hasta aquí sí, hasta allá no! Y de ahí a la casuística y a una moral
fría”.
El Papa
advirtió entonces que el cristianismo “no es una ética: es un encuentro con
Jesucristo”. Y es el Espíritu Santo “el que me lleva a este encuentro con
Jesucristo”, añadió.
“Pero nosotros,
en nuestra vida, tenemos en nuestro
corazón el Espíritu Santo como un ‘prisionero de lujo’: no dejamos que nos
impulse, no dejamos que nos mueva. Hace todo, sabe todo, sabe recordarnos qué
ha dicho Jesús, sabe explicarnos las cosas de Jesús”.
Y “sólo el
Espíritu no sabe hacer una cosa: cristianos de salón. ¡Esto no lo sabe hacer!”,
advirtió el Pontífice. “No sabe hacer ‘cristianos virtuales’, y no virtuosos.
Él hace cristianos reales, Él se encarga de la vida real así como es, con la
profecía de leer los signos de los tiempos, y nos lleva adelante así”.
“Es el gran
prisionero de nuestro corazón. Decimos: ‘es’ la tercera Persona de la
Trinidad y terminamos ahí…”, denunció.
En la homilía,
aseguró que esta semana “nos hará bien reflexionar sobre qué hace el Espíritu
Santo en mi vida” y preguntarse si nos “ha enseñado el camino de la libertad”.
El Espíritu que
está en cada uno, “me impulsa a ir fuera: ¿tengo miedo?”. “¿Cómo es mi
valentía, la que me da el Espíritu Santo para salir de mí mismo, para
testimoniar a Jesús?”. E incluso: “¿Cómo es mi paciencia ante las pruebas?
Porque también la paciencia la da el Espíritu Santo”.
“En esta semana
de preparación a la Fiesta de Pentecostés pensemos: ‘¿De verdad lo creo o es
una palabra, para mí, el Espíritu Santo?’. Y busquemos hablar con Él y decir:
‘Se que Tú estás en mi corazón, que Tú estás en el corazón de la Iglesia, que
Tú llevas adelante la Iglesia, que Tú haces la unidad entre nosotros, pero
siendo diferentes cada uno de nosotros, en la diversidad de todos nosotros…’.
Decirle todas estas cosas y pedir la gracia de aprender –pero en la práctica,
en mi vida– qué hace Él. Es la gracia de la docilidad a Él: ser dócil al
Espíritu Santo”.
Fuente: ACI Prensa
