Se ha vuelto una defensora de los niños que están por nacer
La estadounidense Abby Johnson, hoy militante pro-vida después de haber
sido durante años directora de una clínica abortista, cuenta su itinerario
en un reciente libro editado por Ignatius The Walls are Talking – Former Abortion Clinic Workers
Tell Their Stories (Las paredes hablan. Los ex trabajadores de una
clínica abortista cuentan sus historias).
La señora Johnson inició su carrera en la clínica Bryan, en Texas,
de la Planned Parenthood, empresa que se hizo famosa después de la publicación
de algunos vídeos que revelan la venta de órganos de fetos abortados.
Ascendió rápidamente en la empresa, logrando en seis años ser
la directora, tras haber recibido varios premios como ‘empleada del año’ y
reconociendo su esfuerzo por el ‘derecho’ de las mujeres a ser ‘dueñas del
propio cuerpo’. La clínica en la que trabajó, explica, fue una de las más
grandes de occidente. Y añade que en la estructura médica se realizaban hasta
75 abortos por día, seis días a la semana.
En el 2009 tuvo que asistir a un aborto guiado por ultrasonidos,
para ayudar a un médico. Se trataba de la 13° semana de embarazo de la
paciente. La señora Johnson recuerda la lucha del niño para que no lo
mataran. El modo que ella define “inhumano” con el cual el pequeño fue extraído
del vientre materno le dejó un recuerdo indeleble.
“Me quedaba claro que el feto sentía el instrumento, y que no sentía
gusto ante lo que sucedía. Después la voz del médico rompió el silencio:
‘Enciende Scotti’ le dijo a la enfermera, para que encendiera el aspirador.
Ella creía que trabajaba para una empresa que tenía como objetivo
prioritario no el de practicar abortos sino prevenir las interrupciones de
embarazo a través de una oferta de ‘salud reproductiva’. “Pienso que
-prosigue- la mayor equivocación de la Planned Parenthood es que diga que los
abortos realizados son un pequeño porcentaje de los que realmente se realizan,
o sea el 3 por ciento del total, pero sabemos que hace 335 mil abortos cada
año. Esta cifra no corresponde al 3 por ciento”.
La experiencia vivida llevó a la señora Johnson a cambiar su opinión
sobre aquellas personas que se juntaban delante de las clínicas para la que
trabajaba. Personas que protestaban o rezaban a favor de la vida que nacía.
Ahora se ha unido a ellos. Viaja por Estados Unidos para promover
los derechos de quienes no pueden hacerlo porque son niños en el vientre
materno.
Por ello ha fundado una asociación con el nombre “Los diez pequeños
indios”, tomado de una novela de Agatha Christie. Su objetivo es ayudar a los
trabajadores de las clínicas abortistas a abandonar su trabajo, para ayudarles
a salir de los abismos del mal.
Fuente: Zenit
