Corpus Christi, Día de la Caridad, recordamos a los
misioneros para que nos sirvan de ejemplo y encontremos nuestra alegría en amar
siempre, mucho y a todos
Recientemente ha
publicado el papa Francisco una exhortación apostólica con el nombre “La
alegría del amor”. Como bien se sabe, está dedicada al amor en la familia.
Comienza así: “La alegría del amor que se vive en las familias es también el
júbilo de la Iglesia”. En este Día de la Caridad todos estamos llamados a vivir
la alegría del amor y es de justicia recordar a aquellos que han hecho del amar
una alegría continua en la misión.
En la liturgia del Día
del Corpus, se recoge el pasaje de la multiplicación de los panes y de
los peces; sucede tras el encargo de Jesús a sus discípulos: “dadles vosotros
de comer”.
Realmente ha sido grande el empeño de la Iglesia a lo largo del
mundo entero y de los siglos en cumplir este encargo de Jesús. La obra de promoción
humana y social, asistencial y caritativa de la Iglesia se ha extendido
ampliamente por todo el mundo, incluso en los países no cristianos.
Muchas
instituciones y organizaciones eclesiales de todo tipo tienen como fin realizar
la dimensión caritativa de la Iglesia. Como decía el papa Benedicto XVI: “La
Iglesia no puede descuidar el servicio de la caridad, como no puede omitir los
Sacramentos y la Palabra” (DCE 22). De este servicio se encarga especialmente
Caritas en todos sus ámbitos: parroquial, diocesano, nacional e internacional.
Fruto de todo este
compromiso es el avance y la consolidación de la evangelización. En la medida
en que la Iglesia se hace presente con su vida de fe y de caridad, aumenta su
presencia no sólo en cuanto a número de cristianos o de comunidades cristianas
o su visibilidad social, sino sobre todo el arraigo del evangelio en las
personas, la cultura, la sociedad, las instituciones…
Las gentes y los pueblos
se van purificando del peso de tradiciones o costumbres que no tienen suficientemente
en cuenta la dignidad de las personas, del matrimonio y la familia, de las
comunidades humanas y los pueblos, la solidaridad, la libertad, la justicia, el
respeto a todos… para fundar la convivencia en la fraternidad y el amor. Esta
labor de purificación y de inculturación del evangelio es siempre necesaria,
tanto donde la evangelización tiene ya una larga tradición como donde es más
reciente.
La alegría de la Iglesia
es la alegría de amar, sobre todo cuando el amor se extiende más allá de nuestros
límites, sean estos geográficos o sociales y culturales. Parafraseando al papa
Francisco: “La alegría del amor que se vive en la misión es también el júbilo
de la Iglesia”. La Iglesia -a través de la obra misionera- extiende su
presencia hacia las personas, las comunidades, los países, las culturas… donde
Cristo no es aún conocido. La alegría de la Iglesia es poder prolongar el amor
de Dios manifestado en Cristo allí donde aún no se ha anunciado o no ha
arraigado suficientemente en la sociedad y la cultura.
Por eso la alegría de la
misión es la alegría de toda la Iglesia: cuando el anuncio y la experiencia del
amor de Dios se extiende más allá de los límites circunscritos a los que ya
recibieron el anuncio del evangelio, toda la Iglesia debe experimentar una gran
alegría. La alegría que hay cuando se abre un seminario, se ordena un sacerdote
o se consagra una religiosa, cuando se abre una escuela o un dispensario,
cuando los cristianos confiesan su fe abiertamente en culturas donde apenas se
conoce a Cristo y se comprometen con la acción caritativa o social de la
Iglesia… todas esas pequeñas y grandes alegrías de la misión, son alegrías de
la Iglesia universal.
Es justo que hoy hagamos
este pequeño acto de reconocimiento a todos aquellos que están comprometidos
con la gran obra de caridad y de evangelización de la Iglesia fuera de nuestras
fronteras. Los misioneros y misioneras han hecho de su vida un testimonio de la
alegría que tiene Dios cuando ama. Ellos han dedicado toda su vida a amar con
el amor desinteresado de Dios, que se da a todos sus hijos sin excepción, como
lo hizo Jesús en la cruz. Aunque cueste fatigas y sufrimientos, nada ni nadie
les puede quitar la alegría de darse para amar como Cristo. En este Día de la
Caridad recordamos a los misioneros para que nos sirvan de ejemplo y así
nosotros también encontremos nuestra alegría en amar “siempre, mucho y a todos”
(beato papa Juan XXIII).
Recordamos que el
domingo 29 de mayo es la
fiesta del Corpus Christi y en España Cáritas celebra su jornada para recaudar
fondos y seguir ayudando a los más desfavorecidos en nuestro país www.cáritas.es
Fuente: O.M.P.
