Quiero
ofrecerte algunas ideas , para que lo que quieres transmitir sea acogido por tu
audiencia y sea Dios quien llegue a los corazones, más que tu mensaje
Una porción no menor de mi tiempo lo dedico a visitar
comunidades, agrupaciones, movimientos y parroquias. Esas visitas son
generalmente para hacer una charla sobre algún tema relacionado a la vida
juvenil y la experiencia cristiana. Pero no siempre juego de local.
Un número no menor de mis experiencias consiste en dar
conferencias en colegios, universidades, institutos y otras organizaciones con
jóvenes y adultos no católicos, a veces incluso ni siquiera son cristianos.
Solo están sentados ahí porque los obligaron a ir y porque el organizador de la
actividad tiene la esperanza de que esa charla les toque el corazón. Casi nunca
es fácil y casi nunca es cómodo, pero siempre pasan cosas y siempre Dios está
en medio de todo haciendo algo.
Sobre eso quiero compartirte. Seguramente tú tienes
que verte varias veces en el año con audiencias que no les interesa el tema «Dios», «fe», «religión», «catequesis,
«valores» o cualquiera de las cosas que a ti sí te interesan y que son la razón
por la que estás ahí parado con todo listo para entusiasmar y motivar a una
experiencia de fe o para profundizar en alguna experiencia cristiana.
Quiero ofrecerte algunas ideas (no solo para salir sin
tomates ni huevos sobre la cabeza), sino para que lo que quieres transmitir sea
acogido por tu audiencia y sea Dios quien llegue a los corazones, más que tu
mensaje.
Estas ideas no son leyes, tampoco son métodos
infalibles; son solo algunas estrategias y principios que he ido descubriendo
en la medida que me ha ido mal y he tenido que replantearme, no para comunicar
bien, sino para que Dios no se quede a medio camino y sea Él quien hable a
través mío. No solo se aplican cuando te veas enfrentado a dar charlas, sino
cuando tengas que argumentar algún tema cercano a tu fe, en tu clase de la
universidad, en tu trabajo, con un grupo de amigos, en tu familia, etc.
«La pastoral juvenil, tal como estábamos acostumbrados
a desarrollarla, ha sufrido el embate de los cambios sociales. Los jóvenes, en
las estructuras habituales, no suelen encontrar respuestas a sus inquietudes,
necesidades, problemáticas y heridas». (Evangelii Gaudium 105).
1. No te desesperes
Es una reacción natural comenzar a sudar, hablar más
rápido y más fuerte, e incluso exasperarte. No te desesperes ni entres en
pánico. No hagas sentir a nadie que estás sufriendo intentando hacer algo que
no debería ser incómodo (aunque lo sea). Recuerda quien te puso ahí, recuerda
cuál es tu motivación. No se trata de decir todo y salir corriendo, se trata de
transmitir un mensaje que vives. Significa comunicar algo realmente importante
que puede cambiar la vida de las personas.
2. Con audiencias grandes: sé cercano
Es difícil mantener a un gran número de personas
completamente atentas a lo que estás intentando compartir y comunicar. Evita
comenzar por la información dura: cosas como fechas, datos estadísticos, citas
textuales y grandes cantidades de texto; todo eso que hace que la gente se
disperse y se distraiga. Cuando la audiencia es grande es más fácil llegar al
corazón que a la cabeza. Comienza por ahí. En Chile decimos «tocar la fibra»,
que se refiere a interpelarlos más que con contenidos concretos, con
experiencias y con ideas que les hagan sentido. Hazlos emocionarse como tú
estás emocionado.
3. Con audiencias pequeñas: dirígite a ellos como te
dirigirías un amigo
No esperes que se conmuevan hasta las lágrimas cuando
les cuentes una historia, tampoco que rían al punto de romper en aplausos y
carcajadas. Las audiencias pequeñas son un buen lugar para ser concreto, pues
es más fácil mantenerlos atentos, mirarlos a los ojos y hablarles por su
nombre, como con los amigos. Las audiencias pequeñas son un buen escenario para
dar números, fechas, listas de cosas, datos históricos y cualquier tipo de contenido
teórico que sea más cercano al mensaje, todo esto acompañado de tu experiencia
personal.
4. Transmite una experiencia, no entregues una
información
«El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que
dan testimonio que a los que enseñan, o si escuchan a los que enseñan, es
porque dan testimonio» ( Evangelii nuntiandi, n. 41).
Por lo tanto, tomando las palabras del Papa Pablo VI, aunque el mensaje que compartas contenga contenidos y doctrina, el gancho que mantendrá a tu audiencia atenta es tu testimonio de vida y tu «ser cristiano en la vida real» más que en los libros. Pero no olvides que es fundamental el contenido. No te quedes pegado en la anécdota, también necesitamos estructura y una base sólida, sino no sabemos dónde iremos a parar.
5. ¡Ve al punto!
«Lo que pasa es que lo que quiero decirte te lo quería
decir pero no estoy seguro de poder decírtelo porque al decirlo la verdad es
que no te lo estoy diciendo…». No des vueltas o los vas a marear. Si lo que
tienes para compartir es breve, pues sé breve. No es necesario que te extiendas
más allá de lo necesario y que el querer complementar una idea te haga
zarandearte de un lado para el otro sin ser concreto y puntual. Nada más revisa
de vez en cuando el twitter del Papa Francisco, que en menos de 140 caracteres
nos da tremendos mensajes y no necesita de toda una hora.
6. El humor es un buen ingrediente
No tienes que preparar una rutina de «stand up
comedy», tampoco tener una lista de chistes escritos para salir del paso cuando
todos se distraigan (aunque a veces sirve tener alguno bajo la manga por si las
moscas).
Es un dato, que algunos santos tenían una notable vena humorística, incluso supieron utilizarlo para transmitir el propio carisma. Tal es el caso —entre muchos— de San Juan Bosco que hasta tenía que hacer de mago y equilibrista.
Es un dato, que algunos santos tenían una notable vena humorística, incluso supieron utilizarlo para transmitir el propio carisma. Tal es el caso —entre muchos— de San Juan Bosco que hasta tenía que hacer de mago y equilibrista.
Santa Teresa de Ávila, con un gran sentido del humor
pero pasando por momentos difíciles y muchas pruebas, dijo a Dios en oración:
«Si esta es la forma en que tratas a tus amigos, ¡No es de extrañar que tengas
tan pocos!».
Se trata de que seas tú, espontáneo, alegre y natural
–obviamente guardando los cuidados de solemnidad si la ocasión lo requiere–.
Usa el humor a tu favor, hazlos reír, ríete con ellos, pero nunca te rías de
ellos.
7. Los Santos son un excelente ejemplo. Conoce sus historias y dalas a conocer
santos
Conocer las historias de los santos es importante, no
sólo porque inspiran nuestras vidas y son un modelo en cuanto al seguimiento de
Cristo, sino porque además son una fuente inagotable de anécdotas, historias
entretenidas y testimonios de fragilidad humana pero de lucha y santidad, que
de seguro te ayudarán a ejemplificar lo que sea que quieres comunicar.
Cada vez que puedas, estudia la vida de algún santo, tener ese conocimiento fresco en tu memoria no solo te ayudará a salir del paso con una buena historia, sino que es la Iglesia misma la que se pone contigo adelante para hablar de Dios.
Cada vez que puedas, estudia la vida de algún santo, tener ese conocimiento fresco en tu memoria no solo te ayudará a salir del paso con una buena historia, sino que es la Iglesia misma la que se pone contigo adelante para hablar de Dios.
8. Prepárate no solo teóricamente
Esta muy bien que estudies y te prepares, de hecho
sería una irresponsabilidad si no lo hicieras. Dominar lo que estás
compartiendo es crucial cuando la audiencia se pone cuesta arriba. También es
importante que prepares un buen material, ya sean diapositivas o un texto que
desees entregar a todos los asistentes. Tener un buen soporte que compartir
siempre facilita las cosas. Pero lo más importante es que inviertas tiempo de
oración por esas personas, por ti, por tu conversión, para que seas un mejor
apóstol.
No significa que si las cosas no salen como esperabas
es porque rezaste mal o poco. Dios no toma venganza, la oración parte de
nuestros apostolado, a través de la oración es que nos encontramos con Dios
para poder transmitirlo.
9. No te quedes con los estereotipos, conoce a tu
audiencia
No juzgues a quien tienes al frente y no te quedes con
su apariencia. Muchas veces nos hacemos de estereotipos, sobre todo con los
jóvenes y con la gente mayor. No caigas en generalizaciones, cada uno es un ser
único, por lo tanto dale la oportunidad de sorprenderte. El desafío es
mantenerte constantemente actualizado para saber qué cosas están haciendo en su
tiempo libre, que ven en televisión e Internet, como gastan su dinero y sus
energías.
Al mismo tiempo piensa en cómo eres tú cuando formas
parte de una audiencia. Yo me he descubierto sentado viendo las mejores charlas
de mi vida pero echado atrás sobre la silla, de brazos cruzados, mirando el
techo, muy serio y aparentemente distraído, pero mi corazón estaba
completamente ahí. Considera la posibilidad de que, quienes se ven tan apáticos
frente a ti, están siendo tocados no solo por tu mensaje, sino por Dios, aunque
no le hayan avisado a su cara.
10. Recuerda que no es una disertación, ¡es tu vida!
Aunque estés en una clase en el colegio o en una
reunión de catequesis donde si o si debes abordar algunos contenidos, el fondo
de todo es que estás hablando de algo que te mueve las entrañas. Que eso nunca
deje de ocurrirte.
Tener la oportunidad de poder enseñar, formar y
acompañar a otros en la fe es un regalo y como apóstol que eres, deberías
vibrar de pasión por estar ahí. Por lo tanto, como estás compartiendo algo que
le da sentido a tu vida, considera hacerlo con pasión, dejar ell corazón en la
cancha, darlo todo, aunque sea una reunión para tres o cuatro personas.
«Esta pasión suscitará en la Iglesia una nueva acción
misionera, que no podrá ser delegada a unos pocos ‘especialistas’, sino que
acabará por implicar la responsabilidad de todos los miembros del Pueblo de
Dios. Quien ha encontrado verdaderamente a Cristo no puede tenerlo sólo para
sí, debe anunciarlo. Es necesario un nuevo impulso apostólico que sea vivido,
como compromiso cotidiano de las comunidades y de los grupos cristianos» (Carta
Novo millennio ineunte, n. 40).
11. Evita el lenguaje complicado
Hay ocasiones en que el lenguaje puede crear barreras
de comunicación, prestándose para burlas, malas interpretaciones o
definitivamente para que no entiendan nada de lo que quieres decir. Imagina que
estás en una actividad de evangelización y una de tus diapositivas los invitas
a ser apóstoles y titulas: «Sean pescadores de hombres». Nosotros aquí dentro
de la barca te entendemos, pero seguro más de alguien lo va a mal interpretar.
La lista de cosas que solo nosotros entendemos es
inmensa, cuida esas expresiones para comunicarte mejor con quien no está
familiarizado. Hay conceptos teológicos y filosóficos que para la mayoría de la
gente no son familiares. Un evangelizador es un traductor que explica las
enseñanzas de la Iglesia al lenguaje accesible a todos.
12. A veces simplemente hay que callar
Aunque han sido pocas veces, me ha pasado que quienes
están frente a mí, no sólo son apáticos o están distraídos, sino que son
agresivos, cuestionadores e incluso violentos en su lenguaje. Ciertamente no le
deseo a nadie estar en una situación así, pues es muy incómoda.
Debemos aprender que hay ocasiones en que debemos
aprender a hacer silencio. No es dar la pelea por perdida, se trata de
discernir que hay ocasiones en que no vale la pena dar ninguna pelea pues
carece de sentido. En mi experiencia, cuando alguien desea atacar a la fe, a la
Iglesia y a Dios, eso es lo que quiere: atacar, y digamos lo que digamos, no le
haremos cambiar de opinión. Lo único que lograremos es que se radicalice más su
postura y nosotros en la nuestra quedando cada vez más lejos el uno del otro.
¿Sirve de algo esa discusión?
13. Escribe tu consejo aquí…
La idea es dejar este espacio vacío para que tú añadas
otro punto que creas nos está faltando en esta galería y puedas así ayudar a
otros desde tu experiencia :)
¡Ánimo!, sigue perseverando, busca nuevas estrategias
y ¡no te rindas!, aunque quienes estén frente a ti tengan cara de que no les
interesa lo que estás compartiendo.
Por Sebastián Campos
