y todo mi
caudal, en su servicio;
ya no guardo
ganado,
ni ya tengo
otro oficio,
que ya sólo en amar es mi ejercicio.
DECLARACIÓN
1. Por
cuanto en la canción pasada ha dicho el alma, o por
mejor decir, la esposa, que se dio toda al Esposo sin dejar nada para sí, dice ahora
en ésta el modo
y manera que tiene en cumplirlo diciendo que ya está su alma y cuerpo y potencias
y toda su habilidad empleada, ya no en las cosas que a ella le tocan, sino en las que son del
servicio de su Esposo; y que, por eso ya no anda buscando su propia ganancia, ni se anda tras sus gustos, ni
tampoco se ocupa en otras cosas y tratos extraños y ajenos de Dios; y que aun
con el mismo Dios ya no tiene otro
estilo ni manera de trato sino ejercicio de amor, por cuanto ha ya trocado y mudado todo su primer trato en amor, según ahora se
dirá.
Mi alma se ha
empleado.
2. En decir que el alma suya se ha empleado, da a
entender la entrega que hizo al Amado de sí en aquella unión de amor, donde quedó ya su alma,
con todas sus potencias, entendimiento, voluntad y memoria, dedicada y mancipada al servicio de él, empleando el entendimiento en entender las cosas que son más de su
servicio para hacerlas, y su voluntad en amar todo lo que a Dios agrada y
en todas las cosas aficionar la voluntad a Dios, y la memoria en el cuidado de lo que
es de su servicio y lo que más le ha de agradar. Y dice
más:
Y todo mi
caudal en su servicio.
3.
Por todo su caudal entiende aquí todo lo que pertenece a la parte sensitiva del
alma, la cual dice que está empleada en
su servicio, también como la
parte razional o espiritual que acabamos de decir en el verso pasado. Y en esta
parte sensitiva se incluye el cuerpo con todos
sus sentidos y potencias, así interiores como exteriores.
Entiéndese también en este verso toda
la habilidad natural y razonal, como habemos dicho, conviene a saber: las
cuatro pasiones, los apetitos naturales y espirituales y el demás caudal del
alma; todo lo cual dice que está ya empleado en su servicio.
Porque el cuerpo trata ya según Dios, los sentidos interiores y
exteriores rige y gobierna según Dios, y a él endereza las acciones de ellos. Y las cuatro pasiones todas las tiene ceñidas también a Dios,
porque no se goza sino de Dios, ni tiene esperanza sino en
Dios, ni teme sino a Dios, ni se duele sino según Dios; y también sus apetitos todos van sólo a Dios, y todos sus cuidados.
Todo este caudal de tal manera
está ya empleado
en Dios, que, aun sin advertencia del alma, todas las partes que habemos
dicho de este caudal en los primeros movimientos se inclinan a obrar en Dios y por Dios; porque el entendimiento, la
voluntad y la memoria se van luego a Dios, y los afectos, los sentidos, los
deseos y apetitos, la esperanza, el gozo, y luego todo el caudal de prima instancia se inclinan a
Dios, aunque, como digo, no advierta el alma que obra por Dios. De donde esta
tal alma muy frecuentemente obra por Dios, y entiende en él y en sus
cosas sin pensar ni acordarse que lo hace por él, porque el uso y hábito que en la tal
manera de proceder ya tiene, le hace carecer de la advertencia y cuidado, y aun
de los actos fervorosos que a los principios del obrar solía tener. Y
porque ya está todo este
caudal empleado en Dios de la manera dicha, de necesidad ha de tener el alma
también lo que dice
en el verso
siguiente, es a saber:
Ya no guardo ganado.
5. Que es tanto como decir: ya no me ando tras mis
gustos y apetitos, porque, habiéndolos puesto en Dios y dado a él, ya no los apacienta ni
guarda para sí el alma. Y
no sólo dice que ya no guarda
ganado, pero dice más:
Ni ya tengo otro oficio.
6. Muchos
oficios tiene el alma no provechosos antes que llegue a hacer esta donación y entrega de sí y de su caudal al Amado; porque
todos cuantos hábitos de imperfecciones tenía, tantos oficios podemos decir
que tenía, los cuales
pueden ser acerca del hablar y del pensar y del
obrar, teniendo en esto costumbre de no usar de esto como conviene ordenadamente a la perfección.
Acerca de
lo cual siempre el alma tiene algún oficio vicioso que nunca
acabó de vencer hasta que de veras
emplea su caudal en el servicio de Dios, donde, como habemos dicho, todas las
palabras y pensamientos y obras son ya de Dios, no habiendo ya oficio de murmurar ni de otra imperfección en las palabras, ni en las demás potencias. Y así, es como si dijera: ni me ocupo
ya ni entretengo en otros tratos, ni pasatiempos, ni cosas del mundo:
Que ya sólo en amar es mi ejercicio.
7.
Como si dijera: que ya todas estas potencias y
habilidad del caudal de mi alma y mi cuerpo,
que antes algún tanto empleaba en otras cosas no útiles, las he puesto en
ejercicio de amor. Esto es lo que dice David (Sal. 58, 10): Fortitudinem meam ad
te custodiam, es a saber: que toda la habilidad de mi alma y cuerpo se mueve
por amor, haciendo todo lo que hago por amor, y padeciendo por amor todo lo que
padezco.
8.
Aquí es de notar que, cuando el alma
llega a este estado, todo el ejercicio de la parte espiritual y de la parte
sensitiva, ahora sea en hacer, ahora en padecer, de cualquiera manera que sea, siempre le causa más amor y
regalo en Dios; y hasta el mismo ejercicio de oración y trato con
Dios, que antes solía tener en otras consideraciones y
modos, ya todo es ejercicio de amor. De manera que, ahora su trato sea acerca
de lo temporal, ahora sea su ejercicio
acerca de lo espiritual, siempre puede decir esta tal alma: Que ya sólo en amar es mi ejercicio.
9.
(Dichosa vida y dichoso estado y dichosa el alma que
a él llega, donde todo le es ya sustancia de amor y regalo y deleite de
desposorio, en que de veras puede la esposa decir al divino Esposo
aquellas palabras que de puro amor le dice en los Cantares (Ct 7, 13), diciendo: Omnia poma, nova et vetera, servavi
tibi, que es como si dijera: Amado mío, todo lo áspero y
trabajoso quiero por ti, y todo lo suave y sabroso quiero para ti!
Pero el acomodado sentido de este verso es decir que el alma en este
estado de desposorio espiritual ordinariamente anda en unión de amor de Dios, que es común y ordinaria asistencia de voluntad amorosa en
Dios.
Fuente: Portal Carmelitano
