Las cuatro religiones más arraigadas en el país
se han unido para denunciar las ofensas públicas contra los sentimientos
religiosos
Un hecho insólito se ha producido en
España: las cuatro principales religiones (católica, evangélica, musulmana y
judía), han condenado en un comunicado un Padrenuestro blasfemo pronunciado por
una mujer en los Premios Ciudad de Barcelona.
Las cuatro principales religiones
han dicho que “este es un triste episodio más, que se une a otros también
ofensivos para los creyentes, y que reclaman nuestra denuncia pública”.
Recuerdan que los sentimientos
religiosos gozan de protección en España, donde también está garantizada la
libertad de expresión “con el límite constitucional del respeto a los demás
derechos y libertades, como es la libertad religiosa”.
“Los representantes
religiosos debemos transmitir un mensaje de respeto a todos los creyentes de
toda confesión, y de rechazo a las ofensas públicas contra los sentimientos
religiosos de nuestros convecinos, para una convivencia respetuosa y
hermanada entre todos”, añaden.
El comunicado, que lleva el título
de Respeto a los sentimientos religiosos de los ciudadanos, lo
firman el portavoz de la Conferencia Episcopal Española, José María Gil
Tamayo, el presidente de la Comisión Islámica de España, Riay
Tatary, el secretario Ejecutivo de la Federación de Entidades Religiosas
Evangélicas de España,Mariano Blázquez, y el presidente de la Federación
de Comunidades Judías de España, Isaac Querub.
Una de las conquistas del hombre
moderno, estampada en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es la
libertad que tiene el hombre, todo hombre, a expresar libremente su
pensamiento. Y esto, salvo en los países dictatoriales o teocráticos, lo
mantienen en casi todo el mundo.
Este derecho no
es un verso suelto en el conjunto de los derechos humanos, y tampoco está por encima de los demás derechos humanos. Las personas
tienen derecho a la honorabilidad y a su integridad física y moral.
En cuanto a la integridad física
está claro que la libertad de expresión queda limitada por no incitar a
la violencia. “¡A este le voy a matar, a él y a toda su
familia!”, ¿se puede decir públicamente? ¡Claro que se puede decir!, pero
a quien lo diga no le puede salir gratis.
O para ser más suaves: ¿aceptamos
el bulling o acoso escolar como libertad de expresión? ¿Ni
aunque sea por medio de las redes sociales? ¿Aceptamos la violencia machista
verbal contra las mujeres?
Los hombres y las mujeres con las
palabras pueden herir más que con un hacha. Dice el refrán: “por la boca muere
el pez”. Y dice el Evangelio (Mt, 15, 17) que “lo que sale de la boca viene del
corazón y contamina al hombre”, y a veces “la lengua es un fuego, un mundo de
iniquidad” (Santiago, 3, 6).
¿Es correcto
insultar a los padres, maltratarlos de palabra? ¿No sería libertad de
expresión?
¿Podemos
injuriar o calumniar lo más íntimo a las personas? La madre, la mujer, los hijos… y ¡Dios! Para los creyentes
Dios es lo más importante, porque Dios es el Creador de todo, y por lo
tanto de la familia, “la familia que Dios me ha dado”, se dice.
Ofender a Dios es tan importante o
más que ofender a la familia y en consecuencia no existe ningún derecho a
blasfemar (pronunciar injurias contra algo o alguien sagrado, según el
Diccionario de la RAE).
La democracia
exige que la convivencia entre los ciudadanos esté basada en la corrección, en
las palabras y en las formas.
De no ser así, de no existir ningún
respeto hacia el otro, la democracia estaría herida en su esencia, y aquella
vida pseudo-democrática sería tan insoportable como una dictadura.
Vivir en
democracia es respetar al que piensa distinto de lo que yo pienso. Si no existe este respeto y se va al insulto, a las palabras soeces,
a expresiones corporales injuriosas, entonces la libertad de expresión, tan
importante como es, se transforma en una pornografía de la lengua y de la
palabra.
Y esta pornografía contagia el
ambiente social, lo degrada, yhace que nadie se sienta cómodo en la sociedad
en la que vive. Sin el respeto de unos con los otros no se puede
afirmar que hay libertad de expresión en un país.
Entonces muchos
se peguntarán por qué en la sociedad española se ha tomado la licencia de
blasfemar en público, con el aplauso incluso de las autoridades.
En Madrid se gritó aquello de que
“quiten los rosarios de nuestros ovarios”, y la encausada declaró ante el tribunal que la enjuiciaba que quitarse
la camisa y quedarse en sujetador en una iglesia “no molesta ya a nadie”.
Si es así, ¿por qué no fue sin
camisa delante del tribunal? ¡Le habrían acusado de desacato! ¿Y no es desacato
entrar en una capilla católica en la Universidad en sujetador y con gritos
blasfemos?
Y además: ¿No es desacato
“recitar una poesía” (dijeron que era “una pieza literaria” (sic!)) donde e
blasfemaba utilizando el hilo argumental delPadrenuestro?
Y en un guion de títeres para niños
se exaltaba la violencia terrorista y la violencia contra jueces y religiosas.
Y en Sevilla, done la Semana Santa
es tan sagrada como popular, los grupos de Podemos (un partido de inspiración
chavista o bolivariana, han organizado “procesión del coño insumiso” para este
año, con una imagen soez e insultante.
Mal se camina
en España por la senda de la libertad y de la democracia, si prevalecen la
injuria, la blasfemia y lo soez.
Si no hay responsabilidad y respeto
hacia los demás, la libertad deja de ser un atributo fundamental de la persona,
porque prevalece el insulto, la calumnia, el ultraje, la grosería, lo
irreverente.
Entonces el lenguaje público
carecerá del respeto que se merecen los ciudadanos, y la convivencia, la
tolerancia, darán paso a la barbarie del insulto, la injuria y la calumnia. La
democracia brillará por su ausencia. No todo vale.
Fuente: Salvador Aragonés/Aleteia
